Transición más allá de los fósiles: comienza la conferencia de las preguntas difíciles
SANTA MARTA, Colombia – Más de 50 países de todo el mundo se reúnen desde este viernes 24 en Santa Marta, esta ciudad portuaria del Caribe colombiano, para proponer acciones concretas que lleven a la eliminación de la dependencia del petróleo, el gas y el carbón, los principales responsables de la crisis climática. Pero afrontan grandes desafíos para encontrar respuestas.
“Esa conferencia pone sobre la mesa una de las preguntas más difíciles que la civilización ha enfrentado en los últimos tiempos porque también busca encontrarle solución justamente al más grande problema civilizatorio de nuestra época”.
La frase es de Amarilys Llanos, una lideresa ambiental que durante décadas se ha opuesto a que su región, el Cesar, en el norte de Colombia, siga siendo un territorio dependiente de las economías fósiles.
Esta idea resume el gran reto que enfrenta la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, un encuentro que reúne hasta el miércoles 29 a más de 50 países de todo el planeta para construir propuestas, alternativas y acciones concretas que lleven a la superación de la dependencia a los combustibles que representan la principal causa del calentamiento global.
La Conferencia establece tres ejes temáticos sobre los cuales estarán discutiendo más de 2800 personas de gobiernos, academia, sindicatos, organizaciones sociales, pueblos y comunidades. Estos son: la transformación de la dependencia de la economía fósil; transformación de oferta y demanda de energía, e impulso de la cooperación internacional y la diplomacia climática.
También abrirá espacio para que se haga la presentación de un nuevo panel científico sobre transición energética y esto ocurre en el contexto en que un grupo de científicos, según reveló el portal especializado Carbon Brief, haría un llamado a los gobiernos a frenar la expansión extractiva de combustibles fósiles .
Pero esto no es una negociación y tampoco se parece ni un poco a la lógica de una Conferencia de las Partes (COP) de Cambio Climático.
Es decir, en la conferencia de Santa Marta no se tomarán decisiones por consenso, ni se contará con la presencia de todos los países que forman parte de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Tampoco se elaboraría un acuerdo final que comprometa a los países participantes.

“Esta Conferencia no va a sacar una declaración uniforme, a ultranza, sino que va a construir acciones colectivas concretas que permitan acelerar la transición“, dijo en rueda de prensa Luz Dary Carmona, viceministra de Ordenamiento Ambiental del Territorio de Colombia.
Sin embargo, el origen de esta conversación sí tiene que ver mucho con las COP de cambio climático. Para comenzar, la propuesta de hacer un encuentro para hablar de cómo salir definitivamente de los fósiles viene de una acción que marcó el tramo final de la pasada COP30 organizada por Brasil en la ciudad amazónica de Belém do Pará, en noviembre último.
Allí, el gobierno de Colombia, junto con otros 21 países, lideró la presentación de un llamado a elaborar una hoja de ruta que ayude a que cada Estado comience a planear su transición. Pero este llamado, a pesar de que contaba con gran apoyo de la sociedad civil, no fue escuchado por las partes y la propuesta quedó por fuera del acuerdo definitivo de esa COP.
“Para nosotros sería un fracaso que esta conferencia termine como una COP más”, dijo Llanos aludiendo a que, a pesar de que en 2023 se logró que el primer Balance Mundial del Acuerdo de París, aprobado en la COP28 de Dubái, mencionara la necesidad de hacer una transición lejos de los combustibles fósiles, de ahí en adelante ese tema ha sido esquivado en las negociaciones multilaterales.
La razón es más o menos evidente: hay una fuerte dependencia en las economías de muchos países a estos combustibles, bien sea porque sirven para mover o calentar sus sociedades, o porque generan grandes márgenes de ganancias a Estados y empresas.
En el caso de Colombia, de hecho, la dependencia económica a la producción de petróleo, gas y carbón ha sido uno de los grandes obstáculos que ha enfrentado el gobierno de Gustavo Petro para promover su idea de abandonar esta economía.

Según la Asociación Nacional de Comercio Exterior, durante 2025 los combustibles y las industrias extractivas representaron un poco más de 38 % de todas las exportaciones del país. Además, Ecopetrol, la estatal petrolera, sigue siendo la empresa más importante de los colombianos y una de las que más aporta al producto interno bruto (PIB).
Entonces, pensar en dejar atrás esta economía, aunque sea una idea más que sustentada por la evidencia científica, no solo genera temor en muchos de los sectores sociales que dependen de estos importantes ingresos, sino que también trae a la mesa las difíciles preguntas que quiere hacerse la conferencia de Santa Marta.
Por ejemplo, no es posible obviar la pregunta sobre cómo dejar de explotar estos combustibles en países con altos índices de pobreza, en el que podrían quedar sin empleo muchas personas que durante décadas han trabajado en minas de carbón o en empresas petroleras y gasíferas, y en cómo hacerlo sin que eso ponga en riesgo las finanzas del país.
Aún más en un contexto de crisis energética como consecuencia de la guerra en Irán, en el que muchos países han evidenciado que la dependencia no solo es de los países que exportan petróleo, sino también de aquellos que no tienen una matriz energética preparada para funcionar en momentos en que escasea ese hidrocarburo.

Pero, para Santiago Aldana, coordinador del programa de Ecología y Sustentabilidad de la Fundación Heinrich Böll en Colombia, hay un elemento que va más allá de los impactos de la actual crisis de los precios del petróleo. “El incremento de los precios de las gasolinas y la crisis en los precios del carbón, pero también el hecho de que haya comunidades que ni siquiera tienen acceso a energía es una muestra de que los combustibles fósiles no han garantizado lo que las comunidades necesitan”, comentó.
Y para eso, comunidades, pueblos y sindicatos tendrán participación en la conferencia y ayudarán a construir las soluciones que esperan salir de allá. De hecho, tendrán su propia asamblea y se espera que haya una movilización durante el fin de semana.
Para Juan Pablo Soler, un líder ambiental que tiene una larga historia de construcción de soluciones energéticas comunitarias con su organización Comunidades SETAA, entre las comunidades existe la expectativa de que este espacio sí tenga una intención sincera de escuchar a las comunidades, algo que no ha pasado antes en los espacios multilaterales.
“Creo que lo más difícil en esta conferencia va a ser llegar a consensos en los temas donde hay intereses de por medio. Por ejemplo en el tema del multilateralismo. No es un misterio que dentro de los ministerios está metida la cooperación internacional y no es fácil que esas organizaciones se alejen de esos poderes”, resaltó.
Como dijo la viceministra Carmona al inicio, este evento internacional no espera emitir un acuerdo unánime entre los más de cincuenta países asistentes. Según ella, los logros podrían apuntar más bien a tener acciones que ubiquen este encuentro como un punto de partida para avanzar en algo muy parecido a una hoja de ruta.
“Estamos pensando, por ejemplo, en que construyamos una herramienta como una secretaría técnica, con una coordinación entre países, que permita hacer seguimiento a las acciones concretas que propongamos en la Conferencia y que permita entonces que esto se extienda más allá de los países. Que también permita una coordinación entre los pueblos de los diferentes países”, señaló Carmona.
Pero la sociedad civil parece más ambiciosa con sus objetivos. “Sería un éxito si empezamos a formular acciones que nos encaminan hacia un instrumento vinculante, normativo y global. Ese sería el éxito”, dice Llanos, quien sabe que esto no se va a lograr en los seis días de conferencia, pero espera que sí se empiecen a dar pasos hacia allá.
De otro lado, según Andrés Gómez, coordinador para América Latina del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, se espera que el resultado de esta Conferencia haga parte de la propuesta de hoja de ruta que actualmente está trabajando Brasil, como presidencia de la COP30, y que será entregado al presidente de la COP31, a desarrollarse en Turquía.
“También esperamos que se genere un camino claro hacia cómo abordar este vacío en la gobernanza internacional, que sea complementario al Acuerdo de París y que sea un tratado sobre combustibles fósiles”, señaló Gómez.
Por lo pronto, en Santa Marta el escenario de discusión ya está dispuesto y el ambiente está muy marcado por la actual contienda electoral que atraviesa Colombia, en donde las discusiones energéticas han sido claves. Al final de la conferencia sabremos si estos más de cincuenta países lograrán ponerse de acuerdo en cambios concretos que arrojen más claridad sobre cómo se puede salir de una dependencia que contamina tanto.
Este texto se elaboró con apoyo de Climate Tracker América Latina y Heinrich Böll Stiftung
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