18 agosto 2026
Numerosos adolescentes en América Latina sufren acoso escolar
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WASHINGTON – Uno de cada cuatro adolescentes de entre 13 y 17 años en América Latina y el Caribe dice haber sufrido acoso escolar, una forma de violencia que puede dejar consecuencias mucho más allá del aula y afectar la salud mental, física y emocional a lo largo de la vida.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) presentó una nueva guía para prevenir y responder al acoso y el ciberacoso, con recomendaciones dirigidas a gobiernos, escuelas, servicios de salud, familias, comunidades y plataformas digitales.

La estimación de uno de cada cuatro se basa en datos recopilados entre 2009 y 2019 por la Encuesta Mundial de Salud a Escolares, de la Organización Mundial de la Salud, advirtiendo que la prevalencia varía según el país y el año de la encuesta.

Los datos recopilados por el organismo muestran importantes diferencias dentro de la región. En América Central, alrededor de 23 % de los estudiantes señala haber sufrido acoso, frente a 25 % en el Caribe y 30 % en América del Sur.

Britta Baer, asesora regional en prevención de la violencia y lesiones de la OPS, y coautora de la guía, expuso que “el acoso durante la infancia y adolescencia es una forma de violencia entre pares que puede tener consecuencias importantes para la salud física, sexual, mental y emocional”.

“La buena noticia es que puede prevenirse. Contamos con evidencia sobre qué funciona, y este kit busca acercarla a quienes toman decisiones, trabajan con adolescentes o acompañan su desarrollo”, añadió.

Golpes, insultos, exclusión, rumores o comentarios y conductas de carácter sexual son algunas de las formas que puede adoptar el acoso.

Pero la expansión de las tecnologías digitales ha añadido una dimensión diferente al problema: la violencia, el ciberacoso, puede seguir a niños y adolescentes hasta sus casas y producirse a cualquier hora del día.

En algunos países del hemisferio, entre siete y 27 % de los niños y adolescentes afirma haber experimentado ciberacoso durante los 12 meses anteriores, con porcentajes sistemáticamente más altos entre las niñas.

La OPS define el ciberacoso como el hostigamiento, las amenazas o la humillación a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos en línea, foros u otras plataformas digitales.

A diferencia del acoso presencial, puede producirse a distancia y a cualquier hora, alcanzar a millones de personas en cuestión de segundos y prolongarse mediante la circulación reiterada de imágenes o mensajes.

El anonimato puede dificultar la identificación del agresor, y los contenidos pueden permanecer en internet y provocar una revictimización constante.

Además, ambas formas de violencia están estrechamente conectadas. El ciberacoso puede reflejar y amplificar situaciones que ya ocurren fuera de internet y también escalar hacia otras formas de violencia digital.

La violencia y el acoso escolar, incluido el ciberacoso, están muy extendidos y afectan a un número considerable de niños y adolescentes, subraya el informe.

La OPS advierte de que considerar el acoso únicamente como un problema de convivencia escolar minimiza sus posibles consecuencias.

La exposición a estas formas de violencia está asociada con depresión, ansiedad, estrés traumático, aislamiento social, trastornos del sueño, autolesiones, pensamientos suicidas e intentos de suicidio, además de efectos sobre la trayectoria educativa y social.

Por esa razón, el organismo considera que el sistema sanitario tiene un papel importante tanto en la detección temprana como en el acompañamiento de quienes sufren estas situaciones.

La nueva guía recomienda que el personal de salud pregunte durante las consultas por las experiencias en la escuela y en internet, evalúe posibles efectos sobre la salud mental, y derive los casos a servicios especializados cuando sea necesario.

Señala que la falta de energía o motivación, dejar actividades que antes disfrutaban, negarse a asistir a la escuela, aislarse, sufrir ansiedad o tristeza persistente, tener problemas para dormir, presentar lesiones inexplicables o mostrar irritabilidad pueden indicar que un niño o adolescente está siendo víctima de acoso.

En situaciones más graves también pueden aparecer autolesiones, pensamientos suicidas o conductas de riesgo.

Cuando el acoso ocurre en internet, hay señales como angustiarse al recibir notificaciones, cambiar abruptamente de comportamiento tras utilizar el teléfono o la computadora, dejar repentinamente cuentas que antes utilizaban, evitar hablar de sus actividades en línea o cerrar una pantalla cuando se acerca una persona adulta.

Bauer dijo que “lo más importante es que niños, niñas y adolescentes sepan que el acoso y el ciberacoso no son situaciones aceptables y que no tienen que enfrentarlas sin apoyo”.

“Buscar ayuda de una persona de confianza y utilizar los canales disponibles para denunciar estas situaciones puede marcar una diferencia importante”, puntualizó.

La evidencia recopilada por la OPS apunta a que las intervenciones aisladas no son suficientes. Los programas más efectivos son integrales y sostenidos e involucran a estudiantes, familias, docentes, servicios de salud, comunidades y otros actores.

En el entorno digital, pueden sumarse la alfabetización digital, la seguridad en internet, el conocimiento de cómo denunciar un caso, y la creación de reglas claras de comportamiento en línea.

La OPS recomienda además que las escuelas incorporen cuestiones como privacidad, consentimiento y ciudadanía digital en la enseñanza.

A-E/HM

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