Más, pero no suficientes

Celebraba Sánchez en la noche electoral de julio de 2023 la posibilidad de un gobierno progresista. “Somos más, muchos más, los que queremos que España avance”, clamaba desde el balcón de Ferraz. Sin embargo, sabía en esos momentos que para su investidura iba a necesitar apoyos de ideología más bien conservadora, especialmente de los siete diputados de Junts. Concedieron sus votos a cambio de una ley de amnistía a la que el presidente se había mostrado remiso la legislatura anterior, pero que ya cabía en esta alegando razones de concordia. Siempre tirante, con constantes bloqueos a toda clase de iniciativas y con amenazas frecuentes de los nacionalistas, sin que los dos líderes llegaran nunca a reunirse, el matrimonio de conveniencia entre PSOE y JUNTS se saldaba sin que el Gobierno llegara siquiera a presentar unos Presupuestos Generales. Con una bandera, la de la vivienda, enarbolada como uno de los fines fundamentales de la presente singladura, pero que cumpliría el vaticinio de otro aliado, este sí, de la izquierda: Gabriel Rufián. “Lo que puede acabar con su Gobierno es el drama de la vivienda”, pronunciaba en el hemiciclo hace un año. Y así ha sido, tras el desahucio de Maricarmen y la presión en la calle y los dos decretos de urgencia tumbados por los mismos que en su momento fueron clave para su investidura.
