Meloni saluda al hombre que redujo al agresor de Módena mientras Salvini denuncia su ascendencia marroquí


MADRID, 17 Agencias
La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, ha recibido este domingo en audiencia a Luca Signorelli, el civil que consiguió reducir al individuo que hirió a siete personas en el centro histórico de la ciudad de Módena al atropellarlas con su vehículo y apuñaló a otra poco después de salir de su coche.
Meloni ha saludado a Signorelli, con quien ha coincidido en su visita al hospital de Baggiovara, donde están los heridos, como un héroe cuyo «corazón eligió hacer el bien aunque implique un riesgo» y es precisamente «en esa elección, tan humana y tan luminosa, que una vida normal se convierte en ejemplo y deja una huella destinada a perdurar».
El ataque de Módena, todavía bajo investigación, ha servido al vice primer ministro de Italia, Matteo Salvini, para reabrir el debate sobre la inmigración. El acusado, Salim El Koudri, de 31 años, sin antecedentes e italiano de «segunda generación» con ascendencia marroquí, se encuentra ahora detenido en el centro penitenciario municipal.
Aunque los investigadores todavía no descartan el móvil terrorista (la brigada especializada de la DDA de Bolonia está participando en el caso), también estudian la posibilidad de que fuera producto de una crisis mental porque El Koudri estaba bajo tratamiento psiquiátrico.
Además, y según fuentes del ‘Il Sole 24 Ore’, las primeras conclusiones del interrogatorio en curso en la Jefatura de Policía y del registro ordenado en su domicilio de Ravarino, una pequeña localidad a unos quince kilómetros al noreste de la capital regional, «no se han detectado indicios de radicalización religiosa ni de vínculos con grupos subversivos».
Salvini, en redes sociales, le ha llamado criminal «de segunda generación» y asegurado que «no puede haber justificación alguna para una masacre: cualquiera que venga a Italia debe respetar nuestras leyes». Su partido ultraderechista, LaLiga, ha añadido en un comunicado adicional que «la integración de la llamada ‘segunda generación’ ha fracasado», y «hay personas absolutamente ‘inintegrables’ por lo que no tiene sentido que nadie niegue las contundentes pruebas por razones ideológicas».
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