Romper el círculo vicioso entre la producción alimentaria y el deterioro del medioambiente
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URBANA, Estados Unidos – Una revisión publicada en Nature Reviews Earth & Environment ha revelado estadísticas inquietantes sobre las crecientes amenazas medioambientales que plantea la producción mundial de alimentos.

El sistema alimentario mundial, diseñado para alimentar y nutrir a la humanidad, es ahora uno de los principales contribuyentes al cambio climático a través de las emisiones de gases de efecto invernadero, y el mayor impulsor del agotamiento de las reservas de agua dulce, la pérdida de biodiversidad y la contaminación por nutrientes.

De manera alarmante, este nuevo estudio llama la atención sobre un giro cruel y preocupante, así como sobre un problema más profundo que se manifiesta a través de bucles de retroalimentación entre las presiones del cambio ambiental —incluido el cambio climático— y la producción mundial de alimentos.

En este círculo vicioso difícil de romper, los agricultores se ven obligados a utilizar más insumos, incluidos fertilizantes y pesticidas tóxicos, para mantener altos rendimientos, lo que a su vez destruye y compromete aún más el medio ambiente, al tiempo que dificulta la producción de alimentos a largo plazo.

La pregunta central es entonces: ¿Cómo rompemos estos círculos viciosos que amenazan con socavar nuestro sistema alimentario mundial a largo plazo? ¿Qué estrategias fundamentales específicas tienen posibilidades de reducir las presiones medioambientales y mejorar los sistemas alimentarios globales y la resiliencia de la producción agrícola?

La autora, Esther Ngumbi

En primer lugar, las bases para romper este cruel ciclo comienzan en el suelo, invirtiendo en revitalizar y mejorar la salud de los suelos y las tierras agrícolas que impulsan la producción alimentaria mundial. Los suelos sanos, repletos de microbios, son los cimientos de ecosistemas de producción alimentaria resilientes, sostenibles y globales.

Los suelos saludables almacenan y filtran el agua y reciclan los nutrientes, favorecen el crecimiento de alimentos nutritivos y, al mismo tiempo, ayudan a los cultivos agrícolas a hacer frente al estrés hídrico, combatir enfermedades y plagas, y utilizar los nutrientes de forma más eficaz, reduciendo la necesidad de insumos adicionales como fertilizantes y pesticidas.

Resulta evidente que las inversiones inteligentes destinadas a mejorar la salud del suelo y el microbioma del suelo pueden ayudar a los agricultores y productores de alimentos a producir más y cultivos saludables con menos recursos, limitar el daño ambiental y, al mismo tiempo, romper los bucles de retroalimentación emergentes entre la producción mundial de alimentos y el daño ambiental.

La buena noticia es que mejorar y desarrollar la salud del suelo y los microbiomas del suelo es una prioridad máxima para muchas partes interesadas involucradas en la producción de alimentos en los Estados Unidos y en todo el mundo, incluidos agricultores, investigadores, gobiernos, filántropos, organizaciones no gubernamentales y sin ánimo de lucro, Agencias de financiación de la investigación, la Unión Africana y las Naciones Unidas.

Es emocionante constatar que la adopción de varias prácticas regenerativas y sostenibles, como los cultivos de cobertura, la rotación de cultivos, la labranza de conservación, la siembra de cultivos diversos, la integración del ganado y la agrosilvicultura, junto con la inoculación de los suelos con microbios, incluidos los hongos micorrízicos arbusculares, puede mejorar la salud y la calidad del suelo.

También aumentar la biodiversidad, mitigar el cambio climático y prolongar la longevidad del suelo más allá de los 10 000 años. Además, las investigaciones están confirmando que estas estrategias realmente funcionan.

En segundo lugar, otra intervención que puede reducir el deterioro medioambiental al tiempo que mejora la producción mundial de alimentos es invertir en prácticas innovadoras de agricultura climáticamente inteligente y agricultura de precisión. Las pruebas científicas han demostrado que la adopción de estas prácticas puede mantener la producción mundial de alimentos al tiempo que limita el daño medioambiental.

Como complemento y acompañamiento de estas estrategias fundamentales, existe la necesidad urgente de dar prioridad al fitomejoramiento y al desarrollo de cultivos multistrés y resistentes al estrés, e integrar rasgos de resistencia al estrés procedentes de parientes silvestres de los cultivos domesticados.

Además, los cultivos multistrés y resistentes al clima pueden cultivarse junto con otras especies de cultivos anuales y perennes, al tiempo que se integran en prácticas agrícolas sostenibles y regenerativas más amplias, incluida la agrosilvicultura. En conjunto, estas prácticas pueden mantener la producción alimentaria al tiempo que minimizan el daño ambiental, rompiendo así los bucles de retroalimentación.

Por último, estas estrategias deben ir acompañadas de políticas e incentivos para garantizar su máxima adopción. Se debe apoyar y recompensar a los agricultores que adopten prácticas regenerativas y sostenibles de mejora del suelo, climáticamente inteligentes y de agricultura de precisión, al tiempo que plantan cultivos resistentes al estrés.

Junto con las políticas y los incentivos, es necesario garantizar que los agricultores, que son fundamentales en la producción mundial de alimentos, acepten y adopten estas prácticas que rompen los bucles de retroalimentación.

La adopción de estas prácticas puede mejorar la productividad, la resiliencia y la eficiencia agrícolas.

Por supuesto, es fundamental comprender y ser conscientes de las limitaciones que aún impiden que las partes interesadas en la producción mundial de alimentos, incluidos los agricultores, adopten estas prácticas que rompen los círculos viciosos de la producción mundial de alimentos y las presiones medioambientales.

Alimentar de forma sostenible a un mundo en crecimiento requiere que todos nos enfrentemos al círculo vicioso de la producción de alimentos y el deterioro medioambiental. Los investigadores, los responsables políticos, los gobiernos, las empresas privadas, la sociedad civil y los filántropos deben actuar con urgencia.

Debemos considerar la mitigación y la adaptación como estrategias interconectadas para abordar el doble desafío de producir alimentos y, al mismo tiempo, proteger los sistemas ambientales que lo hacen posible. Las soluciones más eficaces y sostenibles fortalecerán la agricultura y reducirán el daño ambiental. El tiempo es esencial.

Esther Ngumbi, PhD es profesora adjunta del Departamento de Entomología y del Departamento de Estudios Afroamericanos de la estadounidense Universidad de Illinois en Urbana-Champaign.

T: MF / ED: EG

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