En carrera de caballos cojos, el de tres patas podría llegar a la meta por Secretaría General de la ONU

NACIONES UNIDAS – La carrera para ocupar la próxima Secretaría General de la ONU solo ha atraído, hasta ahora, a cuatro candidatos, aunque quizá se sumen más en una contienda impredecible.
Pero la mayoría de los candidatos han optado por ir sobre seguro, evitando temas controvertidos y eludiendo la ira de Estados Unidos, cuyo veto puede acabar con las posibilidades de cualquier candidato de un solo golpe en el Consejo de Seguridad.
La administración de Donald Trump ha adoptado una postura vehemente contra algunos de los principios y objetivos básicos de larga data defendidos por la ONU, entre ellos la lucha contra el cambio climático, la promoción del empoderamiento de género y el apoyo a la equidad y la diversidad en el organismo mundial.
«Este ‘cambio climático’ es, en mi opinión, la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo», ha afirmado Trump en más de una ocasión.
Y ha añadido: «Todas estas predicciones realizadas por las Naciones Unidas y muchos otros, a menudo por motivos erróneos, eran equivocadas. Fueron elaboradas por gente estúpida que ha costado una fortuna a sus países y no les ha dado ninguna oportunidad de éxito. Si no se alejan de esta estafa ecológica, su país fracasará».
Trump también ha iniciado una retirada generalizada de los programas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) en todo su gobierno, firmando órdenes ejecutivas en enero y marzo de 2026 para eliminar las oficinas, iniciativas y formación de DEI en las Europa Press federales y entre los contratistas.
La política da prioridad a las oportunidades «basadas en el mérito» frente a los objetivos de DEI y de empoderamiento de género, restringiendo la financiación federal en EE. UU. para actividades de DEI «discriminatorias por motivos raciales» y exigiendo a los contratistas que las suspendan.
¿Quién, de entre los candidatos, se posicionará públicamente sobre estas cuestiones, desafiando a Estados Unidos y sobre todo al actual inquilino de la Casa Blanca.
Hasta la tercera semana de abril, los cuatro candidatos que compiten por suceder a António Guterres como próximo secretario general de la ONU, a partir del 1 de enero de 2027, eran: Michelle Bachelet (Chile), Rafael Grossi (Argentina), Rebeca Grynspan (Costa Rica) y Macky Sall (Senegal).
Mandeep S. Tiwana, secretario general de Civicus, una alianza mundial de organizaciones de la sociedad civil, dijo a IPS que las Naciones Unidas nacieron de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, que fue testigo de crueldad y violaciones de los derechos humanos a una escala monumental.
«Es revelador que la visión de los candidatos eludiera abordar la impunidad por genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, precisamente las violaciones que están debilitando la promesa de las Naciones Unidas hoy en día», afirmó.
La mayoría de los candidatos, señaló, cuentan con años de experiencia dentro del sistema. Pero la experiencia dentro de un sistema fallido no es lo mismo que la capacidad de repararlo.
«Lo que el mundo necesita no es otro político o diplomático impulsado únicamente por el pragmatismo, sino un líder con una visión moral basada en un marco de derechos humanos, dispuesto a hacer frente a la desmesurada desigualdad, el auge de la misoginia, la degradación medioambiental y la normalización de la conducta del «el poder es lo que manda» en los asuntos internacionales», aseguró Tiwana.
A su juicio, «casi todas las presentaciones se realizaron bajo la larga sombra de un posible veto, una realidad que condiciona lo que los candidatos dicen y, lo que es más importante, lo que no dicen».
La sociedad civil ha estado pidiendo activamente que se celebren votaciones indicativas en la Asamblea General, dando a los Estados miembros más allá del grupo de los cinco países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad (P5) y tienen poder de veto, junto a los 10 países rotatorios, que en conjunto tienen la primera oportunidad formal para indicar su preferencia de candidato.
Ese esfuerzo no ha tenido éxito, lamentó, ya sea a través de una resolución de la Asamblea General o de cualquier otro mecanismo, y ese fracaso es en sí mismo una condena de cómo está estructurado el proceso de selección.
La gente de todo el mundo necesita un líder que pueda impulsar el cambio a través de su autoridad moral y servir como la conciencia del mundo. «En esta etapa, cada uno de los candidatos podría haber hecho más para demostrar que posee el coraje y la convicción necesarios para hacerlo», consideró Tiwana.
«En cambio, parecían buscar el favor de los Estados poderosos cuando podrían haber hablado a las personas que necesitan unas Naciones Unidas funcionales y relevantes en el segundo cuarto del siglo XXI», dijo.
Ian G. Williams, comentarista veterano que cubre la ONU desde 1989 y actual presidente de la Asociación de Prensa Extranjera (FPA), declaró a IPS que, hasta ahora, se trata de un grupo de candidatos muy poco inspirador y, si se me permite decirlo, «maduro».
Quizá debería haber tanta presión para que llegue el turno de los «jóvenes» como la que hay para que lo haga una mujer, sobre todo teniendo en cuenta que ambas candidatas están en edad de jubilarse. ¡El «trabajo más difícil del mundo» no es para los contemporáneos de Donald Trump!
La campaña electoral contó con cuatro candidatos anunciados, pero como dice el Libro de los Proverbios: «Sin visión, el pueblo perece; pero el que guarda la ley, feliz es él».
«Ninguno de los candidatos ofreció una visión: sus presentaciones tenían toda la amplitud y profundidad de una solicitud para subdirector de Recursos Humanos corporativos», dijo Williams, quien cubrió el proceso de selección de los cuatro ultimos candidatos a la Secretaría General.
Incluso los candidatos que mostraban signos de integridad, de respetar la ley, parecen carecer de esa visión y, francamente, respetar la ley es una exageración para candidatos que quieren evitar un veto de los P5, señaló.
«Así pues, en un campo de caballos cojos, el de tres patas podría llegar cojeando a la meta, y ese podría ser Mackie Sall, que no es mujer, no es latinoamericano y no cuenta con el apoyo de su propio país ni de su región. Su gran ventaja es que supera la prueba tradicional de promoción de la ONU de no ser recordado por nada en particular», dijo Williams.
Según la tradición rotatoria de la elección de la Secretaría General en esta ocasión le tocaría ocupar la cúspide de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a un o una representante de la región de América Latina y el Caribe.
En un análisis en profundidad, Williams afirmó que Michelle Bachelet tiene las credenciales, pero que, por razones obvias, ha camuflado su visión, mientras que Rebecca Grynspan es una burócrata poco inspiradora que ha presidido el desmantelamiento efectivo de la ONU Comercio y Desarrollo (Unctad), la agencia de desarrollo que llevaba décadas en el punto de mira de Washington.
Aunque no se le pueden reprochar sus vínculos familiares, a muchos países también les podría preocupar la imagen de una secretaria general cuya hermana es una colona israelí en Cisjordania. Sin embargo, cuenta con el respaldo de su gobierno, a diferencia de otros candidatos.
De hecho, podría ser una ventaja para Bachelet que el nuevo gobierno ultraderechista de Chile, en el poder desde el 11 de marzo, le haya retirado su apoyo, al igual que el respaldo del presidente Javier Milei al argentino Rafael Grossi —y, por extensión, de Trump— no es precisamente un factor que le garantice votos.
Teniendo en cuenta la lista de candidatos tan desfavorable hasta ahora, dijo Williams, es bueno que haya nominaciones esperando entre bastidores.
La primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley, sería una candidata ideal, ya que cumple tanto con los requisitos de visión como de derecho.
Una mujer de la región de América Latina y el Caribe y cuya integridad, que de otro modo la descalificaría, podría superar la prueba de Trump al hablar inglés y contar con el respaldo nada menos que del American Enterprise Institute. Sin embargo, acaba de ganar la reelección en su país.
Otra candidata que, según se informa, está a la espera de anunciarse, dijo Williams, es la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, expresidenta de la Asamblea General, a quien le falta el apoyo de su propio gobierno -pro Trump-, pero que cuenta con otros partidarios; es joven, mujer y latinoamericana, y ha demostrado tanto visión como integridad.
Sin embargo, señaló Williams, las probabilidades están en contra de que cualquier candidato deseable supere el escrutinio y el veto de esta administración estadounidense, y sería poco probable que sobrevivieran al escrutinio de Moscú o Beijing;
Rusia y China, que hablan de boquilla sobre el orden internacional, podrían estar dispuestas a sacrificar sus prejuicios inmediatos por el bien común. Ambos países conforman el P5 junto con Estados Unidos, Francia y Reino Unido.
En general, la cuestión es si la ONU es rescatable sin encontrar una forma de eludir el veto.
En su momento, Estados Unidos se dio cuenta de las ventajas de mantener a la ONU como una fina hoja de parra azul para su hegemonía real, pero ya no ve la necesidad de ocultar su desenfrenado «Maga», el acrónimo de la consigna trumpista «Make America Great Again (Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo)», declaró Williams.
A continuación se incluye una lista de antiguos secretarios generales de la ONU:
• Ban Ki-moon (República de Corea). Ocupó el cargo desde enero de 2007 hasta diciembre de 2016;
• Kofi Annan (Ghana). Ocupó el cargo desde enero de 1997 hasta diciembre de 2006;
• Boutros Boutros-Ghali (Egipto). Ocupó el cargo desde enero de 1992 hasta diciembre de 1996;
• Javier Pérez de Cuéllar (Perú). Ocupó el cargo desde enero de 1982 hasta diciembre de 1991;
• Kurt Waldheim (Austria). Ocupó el cargo desde enero de 1972 hasta diciembre de 1981;
• U Thant (Birmania, ahora Myanmar). Ocupó el cargo desde noviembre de 1961, cuando fue nombrado secretario general en funciones (fue nombrado oficialmente secretario general en noviembre de 1962), hasta diciembre de 1971;
• Dag Hammarskjöld (Suecia). Ocupó el cargo desde abril de 1953 hasta su muerte en un accidente aéreo en África en septiembre de 1961; y
• Trygve Lie (Noruega). Ocupó el cargo desde febrero de 1946 hasta su dimisión en noviembre de 1952.
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