El laberinto de Santa Marta: cinco propuestas para la salida de los combustibles fósiles

Los datos de fondo ayudan a entender la magnitud del desafío. América Latina concentra 22 % de las reservas mundiales de petróleo y 3,53 % del gas natural.
Según la plataforma ‘Así va la energía‘, de la organización colombiana Transforma (datos hasta 2024 actualizados en septiembre de 2025), los subsidios fósiles de Colombia pasaron de 0,18 % a 1,93 % del producto interno bruto (PIB) entre 2020 y 2023, con un desembolso de 7442 millones de dólares en 2023, mientras que México —el mayor subsidiador de la región con 16,4 mil millones acumulados— logró reducirlos a 0,07 % del PIB en 2023.
La respuesta que propone el proceso latinoamericano tiene tres componentes.
Primero, reconversión laboral con derechos: no solo reskilling (recualificación) técnico, sino garantías sindicales, pensiones y protección social para trabajadores de industrias fósiles durante la transición.
Segundo, diversificación de ingresos fiscales a través de impuestos al carbono, impuestos a las ganancias extraordinarias de las empresas fósiles, y eliminación gradual de subsidios —empezando por los que benefician a industrias, no a hogares vulnerables.
Tercero, desarrollo de nuevas cadenas de valor vinculadas a la economía limpia: la región concentra 45,6 % de las reservas mundiales de litio y 29,6 % de cobre, pero exporta casi todo sin procesar. La propuesta es agregar valor localmente.
Andrea Cardoso, profesora de la Universidad del Magdalena que coordinó la preconferencia científica, lo demostró desde su propio territorio. En Santa Marta, en 2021, cerraron dos minas de carbón sin planificación previa.
«Nos dimos cuenta de la crisis económica que se produce sin una eliminación gradual planificada. Ahora las comunidades, los trabajadores del carbón, los estudiantes y los académicos están construyendo medios de vida alternativos que demuestran que otro mundo es posible». Y añadió: «Si Santa Marta puede hacerlo, la gente de todas partes puede hacerlo».
CL14
