La Gran Muralla Verde progresa lenta y constante en el Sahel y mejora paisajes y substencia

GARABADU, Nigeria – En 2021, Gadeja Shehu y cerca de un centenar de agricultores de la aldea de Garbadu, en el estado de Zamfara, en el noroeste de Nigeria, fueron invitados por funcionarios de la Agencia Nacional para la Gran Muralla Verde a plantar árboles en una extensa área de su comunidad.
Shehu recuerda cómo los fuertes vientos cargados de polvo del desierto del Sahara a menudo arrancaban el techo de su casa y dañaban sus tierras de cultivo.
Para este campesino, participar en la plantación de árboles fue una forma de afrontar este desafío, especialmente después de ver el impacto de intervenciones similares en otros estados del norte, como Kaduna, Bauchi y Jigawa, donde la desertificación ha degradado tierras que antes eran fértiles.
El Sahara avanza implacablemente por el Sahel, expandiéndose casi 10 % desde la década de 1920. En Nigeria, se pierden alrededor de 35 000 hectáreas de tierra cada año a medida que el desierto continúa avanzando hacia el sur.


En Garbadu, una comunidad de aproximadamente 6000 personas que dependen de la agricultura, muchos habían abandonado sus campos, lo que provocó una disminución de los ingresos y una creciente escasez de alimentos.
Sin embargo, la iniciativa de plantación de árboles está empezando a revertir esta tendencia. Forma parte de la Iniciativa de la Gran Muralla Verde, un ambicioso plan para crear un cinturón de vegetación de 8000 kilómetros de largo y 15 kilómetros de ancho a través de África.
Lanzada por la Unión Africana en 2007, la iniciativa abarca 11 países del Sahel, entre ellos Mauritania, Senegal, Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán, Etiopía, Eritrea y Yibuti. Su objetivo es restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas, generar 10 millones de empleos y capturar 250 millones de toneladas de dióxido de carbono para 2030.
La sección nigeriana del proyecto se extiende a lo largo de unos 1500 kilómetros, centrándose en una franja de 15 kilómetros de ancho plantada con árboles resistentes a la sequía en los vulnerables estados del norte.
Concebida inicialmente como una barrera vegetal, la iniciativa ha ampliado sus objetivos.
Ahora se centra en la restauración de tierras degradadas, la detención de la desertificación, la mejora de la conservación del suelo y el agua, el apoyo a la agricultura y la ganadería, la creación de empleos verdes y la ayuda a las comunidades para adaptarse al cambio climático.
“El proyecto ha tenido un impacto muy positivo aquí. Antes, los fuertes vientos arrancaban nuestros tejados, pero ahora ya no ocurre con tanta frecuencia. Antes de la plantación, el suelo de las zonas donde ahora están los árboles apenas retenía agua, pero ahora sí tiene humedad y me alegra ver que la zona está reverdeciendo poco a poco”, dijo Shehu, quien añadió que sigue cuidando de los árboles.

Familia de Fondos
La Gran Muralla Verde ha atraído una financiación significativa a lo largo de los años.
El Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), un socio clave, ha proporcionado más de mil millones de dólares en subvenciones.
Estos fondos han contribuido a movilizar seis mil millones de dólares adicionales de gobiernos, socios para el desarrollo e instituciones multilaterales. Las inversiones han fortalecido los paisajes, mejorado los medios de vida, reducido la pobreza y reforzado la seguridad alimentaria e hídrica.
Jonky Tenou, coordinador regional para África del GEF, las siglas en inglés por las que también se conoce al fondo, afirmó que el fondo ha apoyado la Iniciativa de la Gran Muralla Verde mediante inversiones estratégicas y programáticas a lo largo de sucesivos ciclos de reposición, aprovechando su familia de fondos para generar impulso y coherencia.
Estos esfuerzos incluyen el Programa Estratégico de Inversión del FMAM 4 para la Gestión Sostenible de la Tierra en África Subsahariana (SIP, en inglés), el Programa del FMAM 5 para el Sahel y África Occidental (Sawap, en inglés), el Programa Piloto de Enfoque Integrado del FMAM 6 sobre Seguridad Alimentaria (IAP Seguridad Alimentaria), el Programa de Impacto en Alimentación, Uso de la Tierra y Restauración del FMAM 7 (FOLUR) y, en el marco del FMAM 8, el Enfoque Transformador para la Inversión a Gran Escala en Apoyo a la Implementación de la Iniciativa de la Gran Muralla Verde (Talsisi GGWI).


Impacto Sostenible
La Iniciativa de la Gran Muralla Verde Talsisi, explicó Tenou, está diseñada como una plataforma verdaderamente programática y multinacional que se basa en las lecciones aprendidas durante la última década.
«En comparación con enfoques anteriores, Talsisi pone mayor énfasis en la coordinación regional, una integración más profunda entre las áreas prioritarias del FMAM y un claro enfoque en la escalabilidad, el aprendizaje y la gestión adaptativa», afirmó.
Y añadió: «Fundamentalmente, el programa también presta mayor atención a las limitaciones institucionales, financieras y de seguridad que anteriormente habían limitado su eficacia, lo que ayuda a crear las condiciones necesarias para un impacto sostenido y transformador a gran escala».
Algunos observadores han señalado que la Iniciativa de la Gran Muralla Verde ha sido criticada con frecuencia por ser muy ambiciosa pero lenta en su implementación, una preocupación reconocida por el FMAM y sus socios. Sin embargo, destacan que el programa no está diseñado como una solución rápida, sino como una intervención a largo plazo destinada a lograr un impacto sostenido en el tiempo.
“El progreso de la Gran Muralla Verde se evalúa desde una perspectiva transformadora y sistémica, en lugar de mediante indicadores de resultados aislados. En Nigeria y en todo el Sahel, las inversiones del FMAM han contribuido a avanzar en los objetivos de neutralidad de la degradación de la tierra mediante el fortalecimiento de las prácticas de gestión sostenible de la tierra, la restauración de la funcionalidad de los ecosistemas y la mejora de los medios de vida en zonas altamente vulnerables”, afirmó Tenou.
Emmanuel Diagbouga, experto en planificación y gestión de recursos naturales con sede en Burkina Faso, señaló que la eficacia de la Iniciativa de la Gran Muralla Verde depende de un marco de gobernanza multinivel claro y operativo que conecte la coordinación regional, la planificación nacional y la implementación a nivel comunitario.
La participación comunitaria impulsa la protección de los árboles.
Murtala Bado, jefe de la aldea de Garbadu, afirmó que una señal del progreso de la Iniciativa de la Gran Muralla Verde es el cambio de comportamiento entre los miembros de la comunidad en una región donde la deforestación es un problema grave.
Explicó a IPS que la gente ahora es consciente de los beneficios de los árboles y ya no los tala en las zonas del proyecto de la Iniciativa de la Gran Muralla Verde. Quienes incumplen la ley son denunciados ante los líderes de la aldea y las fuerzas de seguridad para que se tomen medidas disciplinarias.
«El proyecto incluso ha generado oportunidades de empleo para la gente de aquí. Los agricultores que participan reciben subsidios del gobierno. Este proyecto no puede funcionar si no hay personas que lo cuiden. Y el hecho de que la gente se involucre y muestre interés significa que será sostenible a largo plazo», concluyó.
Superando los desafíos
La Iniciativa de la Gran Muralla Verde solo ha alcanzado 30 % de su ejecución prevista en los países participantes. En Nigeria, el progreso es mayor, cerca de 50 %, pero la inseguridad ha ralentizado el proyecto y sigue siendo uno de sus mayores desafíos.
La insurgencia en estados del norte como Zamfara, Katsina y Borno, donde se implementa el proyecto, ha sido un obstáculo importante. Durante décadas, los insurgentes han impuesto impuestos, asesinado a aldeanos y secuestrado para pedir rescate, atacando todo lo relacionado con el Estado, incluidos los proyectos ambientales.
“La inseguridad se ha convertido en uno de los riesgos más críticos para la sostenibilidad a largo plazo de la Gran Muralla Verde, especialmente en países como Burkina Faso, Malí y Níger», dijo Diagbouga.
Planteó que «entre las limitaciones operativas directas se incluyen los conflictos armados y la presencia de grupos armados no estatales, que restringen el acceso a las zonas de restauración, obligan a suspender las actividades sobre el terreno y exponen al personal ambiental y a los socios locales a amenazas a la seguridad».
«Varias zonas restauradas han sido abandonadas debido al desplazamiento de la población y a la falta de presencia institucional y la consecuencia es que el presupuesto se desvía hacia gastos de defensa”, concluyó.
Tenou afirmó que, a pesar de los desafíos, el FMAM y sus socios han respondido adoptando enfoques de implementación flexibles y adaptables, que incluyen trabajar con instituciones locales, ajustar el enfoque geográfico cuando sea necesario e integrar un diseño que tenga en cuenta los conflictos.
“Estos enfoques ayudan a mantener el progreso al tiempo que protegen a las comunidades y garantizan que las inversiones se mantengan alineadas con los objetivos más amplios del FMAM en materia de sostenibilidad, inclusión y programación con enfoque en el riesgo”, declaró.
Abordar la brecha de financiación
Otro desafío importante que enfrenta la iniciativa es la financiación. En 2021, se prometieron 19 000 millones de dólares en la Cumbre One Planet para apoyar la Gran Muralla Verde.
Sin embargo, la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) estima que se necesitan al menos 33 000 millones de dólares para alcanzar sus objetivos, lo que deja una brecha de financiación significativa. Los expertos señalan que, incluso donde existen fondos, su impacto aún no se ha sentido plenamente.
Se ha observado que el proyecto de la Gran Muralla Verde se ve obstaculizado por una enorme brecha entre los fondos prometidos y los desembolsados, ya que solo una fracción de la financiación internacional prometida, a menudo menos de 10 % en algunas zonas, llega a los implementadores locales.
También se ha constatado que las graves demoras burocráticas, la falta de capacidad local para gestionar los fondos y la alta inseguridad regional son algunas de las razones que frenan el progreso, afirmó Yusuf Maina-Bukar, exdirector general de la Agencia Nacional para la Gran Muralla Verde, que implementa la iniciativa en Nigeria desde 2015.
El FMAM reconoció que la coordinación entre los diversos contextos nacionales sigue siendo un desafío fundamental de la iniciativa de la Gran Muralla Verde, pero señaló que esto se aborda mediante marcos regionales, arquitecturas de resultados compartidos y una estrecha colaboración con instituciones regionales como la Agencia Panafricana de la Gran Muralla Verde, manteniendo al mismo tiempo la flexibilidad necesaria para adaptarse a las prioridades específicas de cada país.
Maina-Bukar explicó a IPS que colaborar eficazmente para garantizar que la financiación de la iniciativa se traduzca en un impacto duradero requiere pasar de un enfoque verticalista de plantación de árboles a un modelo de gestión integrada del paisaje, impulsado por la comunidad.
Según indicó, esto debería contar con el apoyo de una financiación armonizada y multinivel, como la promovida por la CNULD, que permite a los socios medir, informar y verificar la implementación utilizando un marco común.
Añadió que otras medidas incluyen el empoderamiento de la participación local, el establecimiento de sistemas de monitoreo transparentes, el fomento de alianzas público-privadas y el uso de herramientas como la aplicación Regreening Africa para rastrear y evaluar los esfuerzos de restauración sobre el terreno.
A pesar de los desafíos, Diagbouga cree que “la Gran Muralla Verde tiene el potencial de convertirse en una de las iniciativas de resiliencia climática y restauración de tierras con mayor impacto a nivel mundial”.
T: MLM / ED: EG
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