21 abril 2026
La carne de cañón africana de Rusia
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LONDRES –  El 7 de abril, el gobierno de Camerún publicó una lista de 16 de sus ciudadanos cuya muerte se ha confirmado mientras luchaban por Rusia contra Ucrania. Esto significa que el número de ciudadanos cameruneses fallecidos en esta guerra lejana probablemente haya superado el centenar, lo que convierte al país en la mayor víctima de una campaña de reclutamiento rusa cada vez más centrada en África.

Desgaste del conflicto

Cuando Vladimir Putin lanzó la invasión a gran escala de Rusia contra Ucrania en febrero de 2022, probablemente supuso que la guerra terminaría en cuestión de días. Pero ahora ya se ha prolongado más allá de los cuatro años, y las tácticas de Rusia han provocado horribles pérdidas de vidas en ambos bandos.

Putin trata las vidas de sus soldados como si fueran desechables, lanzando oleadas y oleadas de tropas contra las líneas ucranianas en lo que se ha denominado «ataques trituradora de carne».

En medio de una desinformación generalizada, las estimaciones de bajas varían enormemente. Un proyecto para contabilizar las muertes confirmadas sitúa las bajas militares rusas en más de 206 000, mientras que algunas estimaciones alcanzan los 1,3 millones.

El autor, Andrew Firmin

Según se informa, Rusia está perdiendo soldados más rápido de lo que puede reemplazarlos.

Putin ha recurrido al dictador norcoreano Kim Jong Un: desde 2024, las fuerzas norcoreanas luchan junto a las tropas rusas. Se han desplegado más de 20 000, con unas 6000 bajas según los informes.

Rusia también ha reclutado en países de Asia Central y entre aliados de larga data como Cuba. Ucrania también ha traído a miles de combatientes extranjeros, incluidos mercenarios colombianos. Ahora Rusia recurre cada vez más a África.

La estrategia africana de Rusia

Putin lleva años cultivando relaciones con los Estados africanos, lo que ha ayudado a Rusia a resistir el aislamiento internacional y a contrarrestar la presión de los Estados occidentales.

La relación militar ha sido bidireccional: mercenarios rusos del oscuro Grupo Wagner, ahora estrechamente controlado por el Gobierno, han sido desplegados en hasta 18 países africanos, entre ellos Burkina Faso, la República Centroafricana y Mali.

En algunos, luchan junto a las fuerzas gubernamentales contra grupos insurgentes; en otros, como Libia, donde dos gobiernos rivales se disputan el poder, y Sudán, escenario de una brutal guerra civil, respaldan a una de las dos partes que luchan por el poder.

Dondequiera que operen, los mercenarios rusos son acusados de cometer atrocidades.

La llegada de Rusia ha contado con cierto apoyo público, presentándose como una alternativa a la antigua potencia colonial, Francia, y prometiendo asociaciones más equitativas.

Cuando las fuerzas de Wagner entraron en Mali en 2022, multitudes se alinearon a lo largo de las carreteras para recibirlas, ondeando banderas rusas. Las extensas campañas de desinformación prorrusas suelen preceder a la intervención militar de Rusia, sentando las bases para este tipo de recepciones.

La relación es extractiva: a cambio de soldados, Rusia suele recibir recursos naturales, como diamantes y oro, que ayudan a sostener una guerra que, a pesar de la postura antiimperialista de Rusia en África, es fundamentalmente imperial.

Los gobiernos represivos de África Central y Occidental, varios de ellos dirigidos por juntas militares o antiguos líderes del ejército que han cambiado el uniforme por la ropa de civil, valoran a un socio que no tiene interés en examinar su desempeño en materia de derechos humanos.

Las organizaciones de la sociedad civil y los medios de comunicación que intentan sacar a la luz los abusos contra los derechos humanos cometidos por las fuerzas rusas son objeto de ataques.

De África al frente

Rusia está ahora aprovechando la inseguridad económica de muchos jóvenes africanos, reclutándolos para servir —y posiblemente morir— en el frente ucraniano.

Una amplia investigación de la sociedad civil ha verificado que Rusia ha reclutado hasta ahora a 1417 ciudadanos africanos, aunque la cifra real es casi con toda seguridad mayor. Las cifras han aumentado año tras año, lo que indica un plan sistemático. Egipto es el país que más reclutas ha aportado, seguido de Camerún y Ghana. De los 1417 reclutas verificados, 316, 22 %, habrían perdido la vida.

Algunos reclutas han expresado su apoyo a Rusia en internet. A otros les atrae la promesa de la ciudadanía rusa y unos salarios que superan con creces lo que podrían ganar en su país. Es posible que comparen la aparente apertura de Rusia, señalada por su reciente flexibilización de los requisitos de visado, con la creciente hostilidad de Europa hacia los migrantes.

Otros que han logrado escapar denuncian haber sido estafados. Anuncios de empleo falsos les hicieron creer que se estaban alistando para puestos civiles o de apoyo, incluidos trabajos como fontaneros y guardias de seguridad.

A su llegada, los reclutas se ven obligados a firmar contratos en ruso que no pueden leer, reciben una formación mínima y son enviados al frente. La duración media del servicio de los fallecidos es de solo seis meses, lo que demuestra que Rusia los trata como prescindibles.

Los intermediarios —entre ellos, influencers de las redes sociales que promueven el reclutamiento, Europa Press de viajes y redes de tráfico de personas— se benefician del suministro de reclutas.

En un extraño giro político, Duduzile Zuma-Sambudla, hija del expresidente sudafricano Jacob Zuma, se encuentra entre los acusados de reclutar africanos, a algunos de los cuales se les dijo falsamente que serían entrenados como guardaespaldas para el partido de su padre.

En diciembre, la policía sudafricana detuvo a cinco personas por cargos relacionados con el reclutamiento de sudafricanos, entre ellos un periodista conocido por difundir propaganda prorrusa.

Presión para que se rindan cuentas

A medida que se han acumulado las pruebas, varios gobiernos africanos han tomado medidas. El gobierno de Togo advirtió a sus ciudadanos sobre los peligros y, cuando varios soldados togoleses fueron capturados en Ucrania, confirmó que habían sido atraídos allí con falsas promesas de empleo y oportunidades educativas.

El año pasado, el gobierno de Botsuana anunció que estaba investigando los casos de dos jóvenes que creían que se estaban inscribiendo en un programa de entrenamiento militar de corta duración, pero que fueron obligados a combatir.

En febrero, el ministro de Asuntos Exteriores de Ghana confirmó que al menos 55 ciudadanos de su país habían sido asesinados y viajó a Ucrania para solicitar la liberación de los prisioneros de guerra ghaneses.

La policía de Kenia y Sudáfrica ha detenido a bandas de traficantes de personas y ha cerrado Europa Press de reclutamiento. El gobierno de Kenia anunció recientemente que Rusia había accedido a dejar de reclutar a ciudadanos kenianos, lo que demuestra que la presión bilateral sostenida puede dar resultados.

Pero muchos otros gobiernos africanos siguen negando la realidad, anteponiendo las buenas relaciones con Rusia a las vidas de sus ciudadanos. Al hacerlo, dejan claro que esas vidas son tan prescindibles para ellos como lo son para Rusia.

Muchos más Estados deben presionar a Rusia para que ponga fin a sus prácticas de reclutamiento abusivas.

Y para los socios internacionales que afirman preocuparse por el bienestar de los jóvenes africanos, hay un punto de partida claro: ayudar a abordar las condiciones económicas que crean una reserva de reclutas desesperados y abandonar las políticas migratorias hostiles que hacen que Rusia, precisamente, parezca un destino deseable.

Andrew Firmin es redactor jefe de Civicus, codirector y redactor de Civicus Lens y coautor del Informe sobre el Estado de la Sociedad Civil de la organización.

T: MF / ED: EG

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