Gran parte de las personas cuidadoras restan importancia y desestiman sus propias necesidades emocionales
MADRID, 23 Sep. –
Las personas cuidadoras de pacientes con cáncer, problemas cardíacos y otras enfermedades crónicas manifiestan necesitar más apoyo psicológico, pero a menudo no llegan a acceder a él. Si bien esta afirmación puede no resultar sorprendente para quienes han estado en la situación de cuidar a un ser querido, se trata de una conclusión contundente que surge tras una revisión exhaustiva de 20 años de investigación, en la que participaron más de 80.000 personas, con el trabajo de expertos de la Universidad de Sídney y la Universidad de Queensland (Australia).
Los resultados se publican en la revista especializada ‘Psychology & Health’. «Los cuidadores tienden a anteponer las necesidades de la persona a la que cuidan a las suyas propias», explica la autora principal, Hannah Isaac, estudiante de doctorado y asistente de investigación en el Grupo Cooperativo de Investigación en Psicooncología (PoCoG) de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Sídney.
Parte del problema general que impide a las personas cuidadoras acceder a apoyo radica en que no se identifican con el término «cuidador». Muchos creen que para acceder a este tipo de apoyo es necesario brindar atención las 24 horas del día, los 7 días de la semana (alimentación, baño, etc.). Sin embargo, el rol de cuidador suele abarcar tareas cotidianas mucho más comunes, como acompañar a citas médicas, ayudar con tratamientos, realizar tareas domésticas adicionales, brindar apoyo emocional, etc.
«Esto puede llevar a que la persona cuidadora minimice sus propias necesidades de salud mental, especialmente cuando la persona a su cargo está más enferma, un momento en el que el apoyo psicológico sería particularmente valioso.»
El objetivo del trabajo era comprender en profundidad las interacciones que tienen estas personas con el apoyo psicológico (utilizando la descripción más amplia de quién realmente califica como cuidador).
Para ello, buscaron en la literatura científica artículos publicados sobre el tema desde 2005. Identificaron 29 estudios relevantes que involucraban a 81.167 cuidadores de personas con enfermedades crónicas en el Reino Unido y otras partes de Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia. Las personas cuidadoras solían ser mujeres y a menudo cuidaban a un esposo o pareja con cáncer. Otros cuidaban a alguien con cardiopatía, enfermedad de Parkinson o que había sufrido un accidente cerebrovascular.
Las cuidadoras manifestaron que necesitaban ayuda para afrontar la pérdida, la incertidumbre y los sentimientos de culpa, mantener los contactos sociales, ajustar sus intereses y ambiciones, y sobrellevar los cambios en las relaciones sexuales.
El análisis de los datos reveló que, en todos los países y continentes, el patrón era el mismo: muchas cuidadoras estaban interesadas en recibir o decían necesitar asesoramiento psicológico, una línea de ayuda telefónica, un grupo de apoyo, tiempo con un capellán u otro tipo de ayuda psicológica, pero pocos utilizaban dichos servicios.
Por ejemplo: Un tercio de las personas cuidadoras dijeron que querían recibir asesoramiento psicológico, pero menos de una sexta parte había accedido a él. Por otra parte, el 18% dijeron que querían ayuda de un trabajador social, pero solo el 9% la había recibido. El 40% manifestaron interés en los servicios gubernamentales (ya sea una línea de ayuda nacional o información específica sobre enfermedades), pero solo el 10% los había utilizado.
El estudio también reveló que quienes cuidaban a los pacientes más graves tenían especial dificultad para acceder a apoyo psicológico. Además, las personas cuidadores que habían utilizado, o tenían intención de utilizar, servicios psicológicos solían ser más jóvenes, mujeres y con un mayor nivel educativo.
Finalmente, las personas cuidadoras tenían más probabilidades de acceder a apoyo si un médico u otro profesional de la salud se lo ofrecía. Sin embargo, era relativamente poco común que se ofreciera.
Respecto a los obstáculos que impiden a los cuidadores buscar ayuda, los autores barajan varias ideas. Por una parte, las barreras económicas y prácticas, como encontrar a alguien que cuide al paciente mientras este acude a un psicólogo o participa en un grupo de apoyo, pueden influir. Sin embargo, también se cree que intervienen otros factores. Esto incluye que las personas cuidadoras antepongan las necesidades de la persona a la que cuidan a sus propias necesidades emocionales.
Por otra parte, un menor nivel de conocimientos sobre salud mental entre las personas cuidadoras, como la falta de información sobre las enfermedades mentales, puede significar que algunos no se den cuenta de que necesitan ayuda con su salud mental o no sepan dónde acudir si la necesitan. También es probable que el estigma en torno a los problemas de salud mental esté impidiendo que algunas personas busquen ayuda.
La investigación concluye que, para ayudar a los cuidadores a nivel mundial, existe una clara necesidad de facilitar la búsqueda de apoyo psicológico entre ellos, al tiempo que se destacan los beneficios de dicho apoyo, se validan las necesidades de los cuidadores y se abordan las barreras actitudinales.
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