1 julio 2026

Los lefebvrianos ordenan a cuatro obispos sin permiso de León XIV, lo que conlleva su excomunión automática

Los lefebvrianos ordenan a cuatro obispos sin permiso de León XIV, lo que conlleva su excomunión automática
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MADRID, 1 Jul. –

La Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, seguidores de Marcel Lefebvre y más conocidos como los lefebvrianos, ha consumado este miércoles 1 de julio en su sede de Econe (Suiza) la ordenación de cuatro obispos sin permiso de León XIV, lo que les conduce a la excomunión automática, según el derecho canónico.

La Sociedad de San Pío X rechaza la mayoría de las reformas del Concilio Vaticano II, según recuerda Vatican News. Entre los puntos de controversia se encuentran la liturgia, la libertad religiosa y el ecumenismo. Además, insisten en las formas tradicionales de culto. La Sociedad cuenta con más de 700 sacerdotes en todo el mundo, la mayoría en Norteamérica y Francia.

Ya en 1988, tras la consagración ilícita de cuatro de sus propios obispos por parte del fundador de la Sociedad, el arzobispo Marcel Lefebvre (1905-1991), el Vaticano excomulgó a Lefebvre y a los sacerdotes consagrados. Si bien Benedicto XVI (2005-2013) levantó las excomuniones en 2009, no se alcanzó un acuerdo teológico.

Ya en 2018, el Papa Francisco había decretado en 2018 que las confesiones ordinarias escuchadas por sacerdotes de la Fraternidad eran válidas para todos los católicos. Lo mismo se aplica a los matrimonios religiosos celebrados en presencia de sus miembros.

Más de mil sacerdotes, monjes y monjas, así como aproximadamente 15.000 laicos, han participaron en la celebración, que ha comenzado a las 9.00 de la mañana en una carpa blanca junto al seminario de la Sociedad. El evento se ha retransmitido en directo en seis idiomas a través del sitio web de la Sociedad de San Pío X. Durante los días previos, se había estado publicando una cuenta regresiva para la ceremonia en dicho sitio.

Los cuatro obispos recién consagrados son: Pascal Schreiber, suizo de 53 años, ordenado sacerdote en Ecône en 1998; Michael Goldade, natural de Dakota del Norte, criado en Kansas (EE. UU.); y Michel Poinsinet de Sivry, de 42 años, y Marc Happier, de 36 años, ambos franceses. La imposición de manos, que conlleva la excomunión ‘latae sententiae’ (pena automática), según informa Vatican News, fue realizada por el obispo Alfonso de Galarreta, consagrante principal, y el obispo Bernard Fellay, co-consagrador. Este último es el único de los cuatro obispos que fueron consagrados ilícitamente por el arzobispo Marcel Lefebvre el 30 de junio de 1988 que aún vivía.

«DISPUESTOS A PAGAR CUALQUIER PRECIO»

«Estamos dispuestos a pagar cualquier precio para salvar a la Iglesia», señaló al comienzo de la liturgia, el superior general de la Compañía, Davide Pagliarani. Según ha asegurado, se trata de una «circunstancia completamente extraordinaria», ya que «las autoridades eclesiásticas, desde el Concilio Vaticano II hasta la actualidad, han mostrado una actitud contraria a la fe y han actuado en contra de la sagrada tradición».

Por ello, ha recalcado que era un «deber» conceder a estos sacerdotes la gracia del oficio episcopal. «Creemos que cualquier castigo o censura contra esta acción carece de valor alguno», ha añadido, al tiempo que ha asegurado que para los lefebvrianos este miércoles es «un día histórico» y «una celebración».

El prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano, el cardenal Víctor Manuel Fernández, había advertido en mayo de que las ordenaciones episcopales anunciadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (conocidos como lefebvrianos) carecían del correspondiente mandato pontificio y suponían «un acto cismático» por el que serían «excomulgados».

Y el propio León XIV remitió el pasado 29 de junio una carta a los lefebvrianos, publicada por la Oficina de Prensa del Vaticano, en la que les exhortaba a abstenerse de las consagraciones episcopales ilícitas. «Arrepiéntanse. Les exhorto a que consideren con atención el bienestar espiritual de los fieles, porque el acto cismático que pretenden cometer los privaría de la recepción legítima y, en algunos casos, incluso válida de los sacramentos que aman y buscan para su santificación», advertía Robert Prevost.

IGLESIA ABIERTA AL DIÁLOGO Y LA COMPRENSIÓN

Además, les recordaba que la Iglesia está abierta a un camino de diálogo y comprensión, que el Espíritu Santo puede hacer posible y fructífero.

«Ruego por ustedes, pues rasgar el manto inmaculado de Cristo es un pecado de suma gravedad. Que el Señor ilumine sus conciencias y despierte sus corazones. En virtud de la autoridad recibida de Cristo, con un corazón afligido pero esperanzado, me siento obligado a exhortarlos a abandonar su plan, y encomiendo estas preocupaciones al Inmaculado Corazón de María, Madre del Buen Consejo», añadía el Papa.

SUPERIOR DE LOS LEFEBVRIANOS PIDE COMPRENSIÓN

La misiva del Pontífice fue respondida este martes con otra Pagliarani en la que le pide que «considere la autenticidad» de la ordenación antes de tomar una decisión sobre la Sociedad de San Pío X y asegura que «aún no es demasiado tarde».

«Lejos de nosotros separarnos de la Iglesia Católica Romana; al contrario, deseamos servirle de maneras extraordinarias, como cuando uno acude en auxilio de una madre afligida que necesita ayuda especial, aunque esta ayuda no sea comprendida por todos. Pero estoy seguro de que el Santo Padre la comprendería. La Santa Sede ya ha demostrado que puede comprender situaciones muy complejas y tomarse el tiempo necesario», asegura.

En este sentido, pide a León XIV que se tome el tiempo que requiere este discernimiento. Además, pide al Papa que tome en cuenta dos hechos y le recuerda que la compañía ya fue declarada cismática en 1988, «por razones y en circunstancias totalmente análogas a las actuales».

«Su Santidad me exhorta paternalmente a evitar un cisma que, en teoría, ya se habría producido. ¿Acaso no creen que esta misma actitud, cuya solicitud aprecio profundamente, constituye precisamente la prueba de que la Compañía no es ni cismática ni hostil a la Iglesia?», apunta.

También le recuerda que los dos obispos designados por la Santa Sede para dialogar con la Sociedad de San Pío X hace algunos años, tras dedicar el tiempo necesario para el discernimiento, «reconocieron el espíritu profundamente católico de la Sociedad y dieron testimonio público de ello». Igualmente, incide a las «miles de almas» que han redescubierto la fe católica y la práctica religiosa gracias al apostolado de la compañía.

«Un día, todas las dificultades entre la Santa Sede y la Compañía se resolverán. Un gesto de comprensión de su parte, lejos de perjudicar la unidad, solo demostraría al mundo y a todos los cristianos su preocupación por la unidad y su bondad paternal», añade para asegura que vio en la elección de un Papa agustino un «signo de esperanza» y pedirle «amablemente» que les de su bendición.

OBISPOS AUSTRÍACOS: «CISMA DOLOROSO PARA EL PAPA»

Sobre esta ordenación también se ha pronunciado el presidente de la Conferencia Episcopal Austriaca, el arzobispo de Salzburgo Franz Lackner, que considera «lamentable» que, a pesar de las ofertas de diálogo del Vaticano y la amonestación papal, «se haya cometido un acto cismático mediante la consagración ilícita de un obispo».

«Cada cisma es doloroso para el Papa, responsable de la unidad de la Iglesia, y para la Iglesia universal; al mismo tiempo, se ha dado un golpe final a una larga historia de conflicto entre Roma y la Sociedad de San Pío X», asegura en un comunicado en el que también defiende la «función pionera» del Concilio Vaticano II, que rechazan los lefebvrianos.

CL0