En Afganistán, las mujeres periodistas no pueden ni hacer preguntas ni aparecer en pantalla


KABUL – Afganistán ocupa el puesto 175 en el Índice de Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras (RSF) de este año. De los 180 países de la lista, solo Irán, Siria, China, Corea del Norte y Eritrea se sitúan por detrás de Afganistán.
Detenciones empeoran las oportunidades laborales
Las detenciones y el encarcelamiento de periodistas por parte de los talibanes han reducido aún más las oportunidades para el periodismo en Afganistán desde que el régimen taliban volvió al poder en agosto de 2021, tras haber gobernado el país entre 1996 y 2021.
Varios periodistas destacados se encuentran actualmente en prisión. Entre ellos se halla Shakib Ahmad Nazari, quien, según informaciones independientes, está detenido por colaborar con medios de comunicación internacionales. Fue detenido en 2025 y condenado a tres años de prisión, según diversas fuentes.
Hamid Farhadi, un destacado periodista independiente, fue detenido en septiembre de 2024 mientras trabajaba para medios de comunicación extranjeros y para el medio afgano Etilaat Roz. Fue condenado a dos años de prisión. Según la organización Amnistía Internacional, Farhadi fue condenado sin derecho a representación legal.
Su detención estaría relacionada con un reportaje que realizó para medios de comunicación extranjeros sobre la situación de las mujeres y las niñas en Afganistán.
Los medios de comunicación en Afganistán están supervisados por la Comisión de Auditoría, dirigida por los talibanes. El periodista y antiguo miembro de la comisión, Bashir Hatef, fue detenido en 2025 por colaborar con medios extranjeros y condenado a dos años de prisión.
La autocensura parte de la rutina diaria
Las detenciones de periodistas varones, sin embargo, palidecen en comparación con la situación de las mujeres periodistas, que se enfrentan a restricciones profesionales y son objeto de discriminación de género. En los últimos cuatro años, muchas han sido amenazadas, detenidas, inhabilitadas para ejercer su profesión o tratadas con violencia.
Samandar (nombre ficticio) cuenta con 13 años de experiencia en televisión y radio. Según su testimonio, los periodistas actualmente no tienen derecho a criticar a los talibanes, a los funcionarios ni a las instituciones estatales.
Los periodistas tampoco pueden elegir libremente a sus invitados. Solo los expertos aprobados por los talibanes pueden ser invitados a programas que traten de política. Las entrevistas en las calles antes habituales son ahora prácticamente imposibles.
«Nos vemos obligados a autocensurarnos o nuestro empleador se mete en problemas y nos amenazan con la cárcel. Así que eliminamos las críticas a los talibanes de nuestros programas», dice Samandar.
La autocensura también es visible en la práctica. Un conocido canal de televisión de Kabul (cuyo nombre se mantiene en reserva por razones de seguridad) estaba preparando un programa sobre el papel de las mujeres periodistas en la comunicación.
Todo estaba listo y ya se habían contactado a los invitados. Sin embargo, el programa tuvo que cancelarse porque se temía que el debate causara problemas tanto al canal como a los participantes.
Las mujeres periodistas se enfrentan a una doble restricción
Salma (nombre ficticio) es una periodista licenciada con nueve años de experiencia profesional. Describe cómo los portavoces de los ministerios y organismos gubernamentales se muestran reacios a hablar con las mujeres periodistas y, a menudo, ni siquiera facilitan información básica o breves declaraciones.
Los protocolos habituales de las ruedas de prensa también han cambiado, afirma. «Antes teníamos que sentarnos en la última fila de bancos en las ruedas de prensa, pero últimamente ni siquiera nos asignan asientos», detalla.
Según ella, se han construido salas separadas para las mujeres, desde donde pueden seguir los encuentros y actos pero no participar en ellos en igualdad de condiciones.
«Se ha levantado una mampara en la sala y nos obligan a sentarnos en una cabina separada. Solo podemos escuchar los discursos de los funcionarios, pero no se nos permite hacer preguntas», explica.
Incluso cuando se permiten preguntas en casos excepcionales, se imponen límites a lo que se puede preguntar. «En raras ocasiones, cuando se permiten preguntas, no se nos permite preguntar nada crítico», detalla.
Solo se pueden hacer preguntas en determinados actos en los que están presentes funcionarios aprobados por los talibanes, como Zabihullah Mujahid, quien actualmente es el portavoz principal del régimen talibán. Se le considera algo más flexible en su enfoque hacia las periodistas.
Según Salma, las restricciones no terminan ahí.
Los desplazamientos y el trabajo durante ellos están estrechamente controlados para las mujeres.
«En las ruedas de prensa, los funcionarios del Ministerio de la Virtud y la Prevención del Vicio de los talibanes exigen saber con quién estamos y si contamos con un acompañante masculino», cuenta.
Salma también critica a los directores de informativos que favorecen a los periodistas varones. Según ella, en las redacciones a las mujeres se les impide prácticamente realizar el trabajo periodístico normal y los representantes talibanes se niegan a hablar con las periodistas.
«En la mayoría de los medios de comunicación, no se nos trata como empleadas, sino más bien como becarias a las que solo se les pagan los gastos de desplazamiento. Los medios se aprovechan de las restricciones impuestas por los talibanes a las mujeres periodistas», se lamenta.
Según Salma, muchas mujeres aceptan la situación porque hay pocas opciones.
«Además de las restricciones impuestas por los talibanes, nos vemos obligadas a tolerar este abuso para no quedar completamente excluidas del trabajo editorial y periodístico», explica.
Sin periodistas mujeres en muchas provincias
Debido a las restricciones de los talibanes, las periodistas deben ir acompañadas de un tutor masculino incluso cuando se supone que deben estar trabajando en otro lugar, lo que a menudo resulta prácticamente imposible. Algunas mujeres han dejado sus trabajos por miedo a que sus familiares puedan ser detenidos.
Una periodistas de la provincia de Kandahar, «Shazia», según el seudónimo que utiliza, cuenta que las restricciones a las entrevistas impuestas por los talibanes han cambiado significativamente su forma de trabajar.
Los colegas masculinos realizan las entrevistas, y las periodistas tienen que basarse en sus grabaciones a la hora de escribir sus artículos. Los colegas masculinos no siempre están dispuestos a cooperar en situaciones en las que se necesitan preguntas de seguimiento o entrevistas complementarias para una noticia.
Los artículos escritos por mujeres suelen publicarse bajo los nombres de sus colegas masculinos. Ni siquiera se permite que las voces de las mujeres se escuchen en la radio.
Según Reporteros sin Fronteras, cuatro de cada cinco periodistas y trabajadoras de los medios de comunicación en Afganistán perdieron sus puestos tras el regreso al poder de los talibanes.
Antes de agosto de 2021, había 2490 mujeres trabajando en los medios de comunicación, de las cuales solo unas 410 continuaron trabajando tras el retorno al poder de los talibanes. Según la organización, no hay periodistas mujeres en activo en 15 de las 34 provincias de Afganistán.
Prohibición de imagenes en vivo
La libertad de expresión en Afganistán también se ve significativamente restringida por la prohibición de mostrar imágenes de seres vivos.
Según el Centro de Periodistas Afganos, la prohibición está en vigor en al menos 23 provincias. Los informes indican que muchos medios de comunicación se han visto obligados a pasar a un formato solo de audio y que al menos 20 canales de televisión han sido cerrados.
Se hunde participación de mujeres periodistas en los mdios
Datos recientes ponen de relieve la magnitud del descenso de la plantilla periodística en Afganistán. Según Naeem (nombre ficticio), miembro de una asociación de organizaciones de medios de comunicación, actualmente hay 4073 periodistas hombres y 746 mujeres trabajando en todo el país.
Otra periodista, Nabila (también nombre ficticio), facilitó cifras similares, estimando que más de 4700 periodistas siguen en activo, de los cuales alrededor de 700 son mujeres.
Estas cifras reflejan una fuerte contracción en comparación con años anteriores. Según RSF, antes había alrededor de 700 mujeres periodistas trabajando solo en Kabul; esa cifra se ha reducido ahora a menos de 100.
Laila (también nombre ficticio) formaba parte anteriormente de una de las tres asociaciones y sindicatos periodísticos dirigidos por mujeres que apoyaban a las mujeres periodistas antes de que los talibanes volvieran al poder.
Afirma que ninguno de estos grupos sigue activo. Según ella, bajo el régimen talibán ya no es posible registrar oficialmente instituciones y organizaciones a nombre de mujeres.
El sector de los medios de comunicación en Afganistán también está sometido a restricciones estructurales. No existe un marco legal claro, las retransmisiones en directo están prohibidas, el número de invitados en los programas es igualmente limitado y el acceso a la información resulta difícil, cuando no imposible.
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