La economía de guerra de Sudán es financiada por la goma arábiga y el oro

NACIONES UNIDAS – En los tres años transcurridos desde el estallido de la guerra civil en Sudán, la crisis humanitaria se ha agravado considerablemente, y las Naciones Unidas han destacado un flagrante desprecio por el derecho internacional humanitario por parte de las partes beligerantes.
Esto incluye ataques deliberados contra la población civil en zonas residenciales, violencia sexual generalizada y ataques contra infraestructuras críticas que han obstaculizado los esfuerzos de ayuda y han llevado a las comunidades al borde del colapso.
Para hacer frente al aumento de los gastos militares, las partes beligerantes han recurrido cada vez más a la explotación de las rutas comerciales y los territorios, lo que ha llevado a los expertos humanitarios a expresar su preocupación por una «economía de guerra» persistente y autosuficiente.
Información sobre igualdad de género
«La inmensa riqueza en recursos naturales de Sudán debería beneficiar a su población. Lamentablemente, lo que vemos hoy en día es todo lo contrario. De hecho, esta riqueza solo sirve para socavar los derechos humanos y alimentar el conflicto, causando dolor y sufrimiento a una escala enorme», afirmó el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk.
A s juicio, «hay que desarticular esta economía de guerra, y la comunidad internacional debe prestar mucha más atención a las materias primas y las rutas comerciales que contribuyen a mantenerla viva».
El 15 de julio, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) publicó un informe titulado «Empresas y derechos humanos en situaciones de conflicto: la goma arábiga de Sudán», en el que se destaca cómo se está explotando el comercio ilícito de ese polisacárido de origen natural para financiar las actividades violentas tanto por parte de las rebeldes Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) como de las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF).
Más allá de la goma arábiga, el informe muestra que las partes beligerantes están generando ingresos masivos procedentes del oro, el ganado y otras materias primas al hacerse con el control económico de las rutas locales de extracción, transporte y comercio.
Históricamente, la goma arábiga ha sido un producto básico fundamental para Sudán, ya que constituye un ingrediente clave en alimentos, bebidas, cosméticos y productos farmacéuticos de todo el mundo. Obtenida de la corteza y las ramas de la acacia, la goma arábiga es un sustento vital para más de cinco millones de personas en Sudán y sigue estando profundamente arraigada en las comunidades rurales locales.
Antes del estallido de las hostilidades en 2023, el comercio de goma arábiga de Sudán representaba aproximadamente entre 70 % y 80 % de las exportaciones mundiales de goma arábiga en bruto, con unas exportaciones anuales que alcanzaban los 183 millones de dólares estadounidenses.
Actualmente, la gran mayoría de los bosques de acacia de Sudán —que conforman el «cinturón de la goma arábiga» del país— se encuentran en regiones que están en gran parte bajo el control de las RSF y las SAF, como Kordofán y Darfur.
El informe revela que las comunidades rurales que dependen de la goma arábiga para su estabilidad económica se han enfrentado a numerosos riesgos de seguridad y a graves abusos contra los derechos humanos, entre ellos saqueos, extorsiones y detenciones arbitrarias.
Esto agrava aún más las dificultades de su vida cotidiana, ya que se enfrentan a un acceso cada vez más limitado a servicios básicos como la alimentación, el agua potable, la educación y la asistencia sanitaria.
Los comerciantes que operan a lo largo de los corredores que atraviesan las zonas de Darfur y Kordofán controladas por las RSF han sufrido la confiscación de mercancías, una fiscalidad excesiva y actos de violencia.
Además, el informe señala que las RSF han desviado cantidades considerables de goma arábiga desde Kordofán Occidental y Darfur hacia Souq al Na‘am, Sudán del Sur, Juba, Chad, Camerún y Kenia.
Por otra parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha informado de que los saqueos de goma arábiga llevados a cabo por las RSF se utilizan a menudo como forma de remuneración en lugar de los salarios tradicionales, habiéndose saqueado aproximadamente 3700 toneladas entre enero y junio de 2024, un monto que habría aumentado desde entonces.
El Acnudh señaló que el oro es también uno de los principales motores de la economía de guerra de Sudán, ya que se considera «la materia prima de mayor importancia financiera en términos de exportación», así como una importante fuente de ingresos para las RSF y las SAF.
Las cifras del Banco Central de Sudán y de la Compañía Sudanesa de Recursos Minerales muestran que, en 2024, se produjeron aproximadamente 65 toneladas de oro en las zonas controladas por las SAF, incluidas 28 toneladas que se exportaron a través de Puerto Sudán.
Esto generó unos ingresos aproximados de 1600 millones de dólares, lo que supuso 48,5 % de las exportaciones anuales del país.
A pesar de que la producción de oro ascendió a 70 toneladas en 2025, una parte considerable de la producción bruta se ha sacado de contrabando del país.
Según el informe, en 2024, solo 52 % de las exportaciones anuales de oro se canalizaron a través de los canales formales de exportación.
Además, las entidades económicas afiliadas a las RSF siguen extrayendo y comercializando oro procedente de Darfur y Kordofán, y esas fuerzas rebeldes se incautaron de más de 1,3 toneladas de oro sin refinar en las primeras fases del conflicto.
«El oro es el motor financiero más importante y decisivo, mientras que la goma arábiga proporciona liquidez de apoyo y pone de manifiesto cómo la guerra se ha extendido a los productos básicos agrícolas y a las rutas comerciales mundiales», afirmó Abdelmonem Mukhtar, director ejecutivo del Centro para las Políticas Basadas en Evidencias y Datos.
Añadió que «si se demuestra que una cadena de suministro contribuye directa o indirectamente a la financiación de las partes en conflicto, pueden surgir responsabilidades normativas, civiles o éticas, además de riesgos reputacionales y comerciales».
Haciendo hincapié en la necesidad de una supervisión más rigurosa, Türk instó a los Estados miembros de la ONU a reforzar las medidas de rendición de cuentas y seguimiento para garantizar que el comercio de materias primas en Sudán no financie violaciones del derecho internacional humanitario, sino que contribuya a aliviar el sufrimiento de la población civil.
Asimismo, instó a las empresas a dar prioridad a los derechos humanos.
«Las empresas no pueden seguir actuando como si nada cuando se abastecen a través de cadenas de valor afectadas por conflictos», dijo Türk.
Insistió que las compañías «deben llevar a cabo una diligencia debida en materia de derechos humanos más rigurosa y sensible a los conflictos, lo que incluye un escrutinio más exhaustivo de las rutas, los intermediarios, la documentación y el posible reetiquetado, y garantizar que las personas afectadas tengan acceso a mecanismos de reclamación y respuesta seguros y eficaces».
T: MF / ED: EG
CL14
