La violencia, el clima extremo y el hambre llevan al Sahel al borde del colapso
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NACIONES UNIDAS – En los últimos años, la crisis humanitaria en el Sahel africano se ha agravado considerablemente, impulsada en gran medida por un recrudecimiento de la violencia, especialmente en el Sahel Central. Aunque las Naciones Unidas han descrito la crisis como algo que «ha desaparecido en gran medida de los titulares» desde su inicio en 2012, millones de personas en toda la región necesitan urgentemente ayuda humanitaria, ya que el desplazamiento de la población civil, las crisis climáticas y el hambre generalizada se extienden rápidamente más allá de las fronteras.

«La población del Sahel no se encuentra al margen de una crisis mundial; se encuentra en el centro mismo de una de las emergencias más graves y olvidadas del mundo», afirmó Charles Bernimolin, jefe regional de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha) para África Occidental y Central.

Remarcó que «cada déficit de financiación tiene un coste humano».

«Cuando recortamos un programa, un niño pierde una comida, las mujeres y las niñas pierden protección, y una familia pierde la esperanza. No podemos permitir que un colapso de la financiación se convierta en una sentencia de muerte para millones de personas», recordó.

La Ocha estima que aproximadamente 24,3 millones de personas en toda la región necesitan urgentemente ayuda humanitaria. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), esto incluye a 7,5 millones de niños solo en el Sahel central.

El Sahel es una franja bioclimática de más de tres millones de kilómetros cuadrados, que atravisa todo el continente desde el océano Atlántico al mar Rojo, linda con el desierto del Sahel, al norte, y la sabana sudanesa al sur, y que conforman con más o menos territorio 14 países africanos.

Según cifras del Centro Regional de Información de las Naciones Unidas para Europa Occidental (Unric), la mayoría de los asesinatos relacionados con el terrorismo en el mundo tienen lugar en el Sahel. Además, a lo largo de 2025, la Ocha ha registrado un fuerte aumento de la explotación de la población civil, importantes perturbaciones en las economías locales y el desarraigo de comunidades enteras en algunas zonas.

La magnitud de las necesidades es más acusada en la región del Sahel central, que acoge a casi tres millones de desplazados internos: aproximadamente dos millones en Burkina Faso, 548 000 en Níger y 415 000 en Malí. Se ha registrado un millón adicional de refugiados en numerosos países vecinos. Según cifras de Unicef, más de 3,6 millones de personas han sido desplazadas por la fuerza como consecuencia directa de la violencia este año.

A finales de abril, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) registró una serie de ataques a gran escala que tuvieron como objetivo múltiples municipios de Malí —incluida la capital, Bamako— y que provocaron un número significativo de víctimas civiles y agravaron los desplazamientos. En los días siguientes se informó de nuevos enfrentamientos entre la policía de Malí y grupos armados

La Ocha también informó de numerosas denuncias de graves violaciones de los derechos humanos tras los ataques, como ejecuciones extrajudiciales y secuestros. En mayo, Mountaga Tall, político y abogado maliense, fue secuestrado en su domicilio, mientras que su esposa fue agredida. Se desconoce el paradero de Tall, su esposa y varias otras víctimas de secuestro.

Además, el Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial (Cerd) publicó el 6 de mayo unas conclusiones que mostraban un aumento significativo de las violaciones de los derechos humanos contra el grupo étnico fulani en Burkina Faso. Se constató que los fulani eran objeto de ejecuciones extrajudiciales, secuestros, torturas, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y destrucción de propiedades por parte de agentes estatales y no estatales.

La Ocha informa de que los grupos armados han comenzado a expandir su influencia por las regiones del Sahel central y la cuenca del lago Chad, privando a comunidades enteras de servicios de protección y de cualquier forma de gobernanza. Se estima que aproximadamente 12 900 escuelas han cerrado como consecuencia de la creciente inestabilidad, lo que ha dejado a más de 2,3 millones de niños sin educación y los ha hecho cada vez más vulnerables al reclutamiento y la explotación.

Los niños se han visto especialmente afectados por esta crisis, y Unicef ha registrado más de 1500 violaciones graves de los derechos humanos contra menores.

Las escuelas siguen siendo blanco de ataques; así, en mayo, una escuela de Mopti (Malí) se vio afectada por la presencia de artefactos explosivos y la actividad armada, lo que afectó a unos 300 millones de personas. En el mismo periodo, Unicef también registró un ataque contra un centro de salud comunitario en Gao, que interrumpió el acceso a la atención médica de unos 2700 niños.

Las recurrentes crisis climáticas en toda la región siguen agravando la situación, ya que el Sahel se está calentando a un ritmo considerablemente superior a la media mundial.

Las cifras de la Ocha muestran que, solo en 2025, unas 590 000 personas en el Sahel se vieron afectadas por violentas inundaciones, mientras que las sequías prolongadas y la desertificación generalizada están devastando la agricultura local y los medios de vida de millones de personas.

Las crisis climáticas prolongadas y el conflicto armado prolongado han llevado a que la región del Sahel se convierta en una de las zonas con la crisis de hambre más grave del mundo. La Ocha prevé que, de junio a agosto, aproximadamente 15,4 millones de personas podrían enfrentarse a una inseguridad alimentaria de nivel de crisis o peor, incluyendo 1,5 millones que podrían caer en niveles de emergencia.

El Unric informa de que la reducción de las raciones alimentarias en Malí ha provocado un aumento de 64 % de la hambruna en numerosas zonas, lo que ha dejado a 1,5 millones de malienses en situación de grave inseguridad alimentaria.

Además, el aumento de los costes de los fertilizantes en el Sahel agrava aún más los bajos rendimientos agrícolas, mientras que el aumento de los precios del combustible provoca un incremento de los costes de los alimentos y la ayuda.

A pesar de la enorme y creciente magnitud de las necesidades, la financiación humanitaria para el Sahel se ha desplomado en los últimos años. El apoyo de la comunidad internacional a la región ha alcanzado su nivel más bajo en una década, con solo 29 % de los objetivos de financiación cumplidos en 2025, lo que ha llevado a las organizaciones de ayuda a reducir sus respuestas y dar prioridad a las poblaciones más vulnerables.

«En todo el Sahel, los actores humanitarios están llevando a cabo un «reinicio humanitario»: reorientando la atención hacia las necesidades más urgentes, simplificando la respuesta y asegurándose de que los recursos limitados tengan el mayor impacto posible», afirmó Bernimolin.

«Esto implica tomar decisiones difíciles, mejorar la eficiencia y acercar la toma de decisiones a las comunidades afectadas. También incluye actuar antes mediante medidas preventivas, ampliar la ayuda en efectivo y reforzar el apoyo a las organizaciones nacionales y locales, que desempeñan un papel clave a la hora de llegar a las personas, especialmente en zonas de difícil acceso», añadió.

CL14