América Latina integra planes de salud y clima

BERKELEY, Estados Unidos – América Latina encabeza el liderazgo global en la integración de la salud y la calidad del aire dentro de sus metas climáticas ante Naciones Unidas, pero ese avance corre el riesgo de quedar en el papel si los países no frenan de forma decisiva la dependencia de los combustibles fósiles.
Un informe de la red Alianza Mundial por el Clima y la Salud, presentado este miércoles 14, revela que la región alberga planes ambiciosos del mundo en salud pública, con Colombia a la cabeza de la lista global, y países como Paraguay, Suriname y Costa Rica entre los mejor evaluados.
Sin embargo, mientras algunos países latinoamericanos asumen ese compromiso de proteger la vida de sus habitantes frente a la crisis climática, productores y emisores clave como Brasil, Guyana y Trinidad y Tobago siguen presentando objetivos de descarbonización insuficientes para evitar impactos sanitarios irreversibles.
Jeni Miller, directora ejecutiva de la Alianza, dijo que “los gobiernos deben comprender que las medidas para mejorar la calidad del aire son una parte fundamental de una acción climática eficaz, y que tanto la salud como la vida de las personas están en juego en ambos casos”.
El estudio de la Alianza evalúa el grado en que 132 países, a través de 117 contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC en inglés), integran la salud pública y la calidad del aire dentro de sus compromisos climáticos.
Las NDC son reducciones voluntarias previstas de las emisiones de gases de efecto invernadero, pactadas por la inmensa mayoría de los países en el Acuerdo de París de 2015, para enfrentar el calentamiento planetario.
Colombia encabeza la evaluación mundial con 29 de 32 puntos posibles, demostrando el mayor nivel de integración de la salud en su plan climático.
En América Latina y el Caribe, le siguen Paraguay (22/32), Suriname (21/32), Costa Rica (18/32), México (17/32), Bahamas y Belice (16/32), República Dominicana (16/32) y Ecuador (15/32).
En contraste, países como Brasil (7/32), Trinidad y Tobago (3/32), Jamaica (3/32) y Guyana (2/32) registraron un desempeño desfavorable.
Economías de altos ingresos y grandes emisores globales (como la Unión Europea, China, Estados Unidos o Brasil) presentan objetivos de reducción de emisiones insuficientes para proteger la salud humana o mitigar el calentamiento global.
Solo cinco países en el mundo (Camboya, Chile, Colombia, Costa Rica y Paraguay) incluyen metas explícitas para reducir el carbono negro, pilar de la contaminación del aire que acelera el calentamiento global y causa graves daños respiratorios y cardiovasculares.
Colombia destaca porque, según recoge el informe, concibe la acción climática como un imperativo ético y legal en defensa de la vida, reconociendo el derecho a la salud ya un ambiente sano.
En su NDC, identifica que la crisis climática amenaza directamente el acceso al agua, la alimentación y la salud, generando un aumento de enfermedades vectoriales (como el dengue, el Chagas y la leishmaniasis), desnutrición y desplazamientos por eventos extremos como sequías, inundaciones e incendios.
Para mitigar esta presión sobre el sistema público, Colombia se planteó metas concretas para 2030, como acciones adaptativas en 100 % de las entidades de salud territoriales, el uso de herramientas digitales para vigilancia epidemiológica temprana y el respaldo de saberes ancestrales sobre plantas medicinales.
En materia de mitigación y transición justa, el compromiso colombiano destaca por fijar una meta específica para reducir el carbono negro (entre 6.130 y 8.873 toneladas para 2035) y sustituir progresivamente combustibles contaminantes en zonas rurales, mediante la instalación participativa de estufas eficientes, por ejemplo.
Además, vinculó de forma específica la transición energética justa con la mejora del aire urbano, la cohesión social y la creación de empleos verdes.
Su estrategia abarca medidas intersectoriales como el fomento del transporte activo (esperando un incremento de 5,5 % en el uso de bicicletas a través de la participación de al menos 17 ciudades), el fomento de la alimentación sostenible, y programas de recolección de agua de lluvia para encarar periodos de sequía.
El análisis de la Alianza subraya que cualquier intento de integrar la salud en las políticas climáticas resulta insuficiente si no se aborda la causa raíz de las emisiones: la quema y la dependencia de los combustibles fósiles.
En ese sentido, el informe destaca que abandonar los combustibles fósiles es un imperativo de salud pública y el mecanismo más efectivo para detener el deterioro de la salud humana, evitar que los sistemas sanitarios colapsen y reducir la mortalidad asociada a la contaminación del aire.
Fuera de la región, los países mejor situados en la tabla son Nigeria, Camboya, Timor-Leste, Marruecos, Moldavia, Sierra Leona y Armenia. Entre los de menor puntaje están Nueva Zelanda, Japón, Estados Unidos, India, Islandia y Guyana.
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