23 septiembre 2026
El agua que viene de la Amazonia ilumina y mueve a Ecuador y a Colombia
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El 67 % de la electricidad que se genera en Colombia a proviene de la energía hidráulica, según el Informe Bienal de Transparencia presentado por el Estado colombiano ante Naciones Unidas en 2024. En Ecuador esa cifra es de 63,5 %, según el Balance Energético Nacional de 2024. Es decir, dos terceras partes del total en ambos países.

Esta realidad plantea un escenario que encierra a los países vecinos en un círculo vicioso difícil de romper. En ambos casos, cuando el agua escasea en las hidroeléctricas, muchas veces estos países deben acudir a fuentes de respaldo como las plantas térmicas que para generar energía usan combustibles fósiles como el carbón, el gas natural o derivados del petróleo y cuya quema libera gases de efecto invernadero .

En otras palabras, el ciclo hidrológico que tan afectado está a causa del cambio climático y que pone presión sobre el suministro de agua en ambos países, podría verse aún más afectado por la solución a la que se ven obligados ambos Estados para resolver ese mismo problema de falta de agua: la quema de combustibles fósiles, que ha sido identificada por la ciencia como la principal causa del cambio climático.

Según Fernando Salinas, presidente del Foro Energético Ecuador, “en nuestro Plan Maestro de Electricidad, los mayores proyectos de regeneración son de carácter hidroeléctrico. Por ejemplo, el más grande es Santiago, que tiene una potencia de alrededor de 6 mil megavatios, ubicado en la provincia de Morona Santiago, que es de la región sur-oriental del país. Pero los estudios fueron realizados hace unos 10 o 15 años atrás”.

En el caso de Colombia, de acuerdo con un documento de la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) de 2025, en los escenarios de futuro no se contempla la entrada de nuevos proyectos grandes de generación hidráulica, pero básicamente toda la planeación se hace tomando en cuenta la entrada en funcionamiento de la segunda etapa de la hidroeléctrica de Ituango.

La Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (Raisg), que integran ocho oenegés de los países de la cuenca amazónica, cuenta con una base de datos de las hidroeléctricas que están en proceso de construcción en la región amazónica. Según esos datos, en Colombia solo está en proceso de construcción una central en la ciudad de Mitú, mientras que en Ecuador se registran 53 en toda su región amazónica.

A eso se suma otro desafío: la demanda de electricidad está subiendo cada vez más. Eso quiere decir que, aunque haya menos agua y aunque necesitemos abandonar las fuentes de electricidad más contaminantes, se necesitaría aún más electricidad.

“Hay una tendencia mundial, que no es un capricho local y que está respaldada en bastante evidencia, de que la electrificación de los usos finales [reemplazar los equipos o procesos que funcionan con combustibles fósiles por alternativas eléctricas de fuentes renovables] es el camino para finalmente lograr una transición que permita superar el uso de combustibles fósiles”, dice Jessica Arias Gaviria, ingeniera eléctrica e investigadora de Polen Transiciones Justas, una ONG colombiana especializada en política pública para la transición energética.

“Es decir, se necesita reemplazar esa demanda de combustibles fósiles con alguna otra cosa, pero se necesita seguir supliendo esa energía y esa necesidad”, agrega.

Consultado por cómo se está preparando Colombia ante un escenario futuro de menos lluvias producto de las interrupciones que sufre es ciclo hidrológico que conecta a los Andes con la Amazonía y el Atlántico, así como por el cambio climático, el Ministerio de Minas y Energía de Colombia respondió que su plan se centra en la diversificación de las fuentes de generación.

“Esta respuesta se basa en la diversificación de la matriz energética, mediante la incorporación de Fuentes No Convencionales de Energía Renovable (FNCER), así como en el impulso a la autogeneración, la generación distribuida y las comunidades energéticas, lo que permite disminuir la dependencia de la generación hídrica”, señaló el Ministerio en mayo de 2026, antes del cambio de gobierno de Gustavo Petro a Abelardo de la Espriella.

Por esas tres soluciones complementarias se refiere a la posibilidad de que las personas puedan generar su propia electricidad a través de paneles solares en sus casas o comercios, la instalación de pequeñas plantas generadoras que estén cerca de donde se usa la electricidad, y los proyectos comunitarios o vecinales mediante los cuales varias personas se reúnen para generar la energía que necesitan en sus proyectos productos o en sus viviendas.

Para esto han implementado el Plan 6GW+ que busca integrar 6 gigavatios de energía solar, eólica y de pequeñas centrales hidroeléctricas (PCH) en ríos menores. Según datos de la Upme a corte de enero de 2026, este plan había logrado sumar ya 4416,14 MW.

Ecuador, según su más reciente Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC), la hoja de ruta a cinco años para implementar el acuerdo climático de París, plantea que se compromete a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en 7 % (aproximadamente 8800 kt CO2-eq) a 2035.

Uno de los pilares de esa reducción es el impulso de las energías renovables entre las que están, claro, las hidroeléctricas.

Para la ecóloga de agua dulce ecuatoriana Andrea Encalada, quien lleva años estudiando el ciclo hidrológico entre los Andes y la Amazonia,, las autoridades de su país no han estudiado a fondoclos datos que hay disponibles para preparar al país para los escenarios que se avecinan.

“Tenemos muchos satélites orbitando. La información ya está ahí, pero tenemos que sistematizarla, tomar conclusiones y realmente trabajar en ese camino de cómo nos adaptamos a esos cambios”, señala Enclada.

En cambio, advierte Encalada, se están barajando alternativas como la energía nuclear en las que el país no tiene ninguna experiencia.

Algo similar señala Jessica Arias Gaviria, de Polen, para Colombia en donde, explica, la planeación que se hace aún no está contemplando una eliminación definitiva de las térmicas, que siguen siendo consideradas la única opción de respaldo.

“Hay una cosa que empeora la situación: en los últimos cuatro o cinco fenómenos de El Niño, he visto que estamos en la conversación sobre acelerar la entrada de renovables, lograr una transformación del sistema y ser menos dependientes de los fósiles, y llega un fenómeno de El Niño y se nos olvida todo”, dice Arias.

Y agrega: «El pánico es tan grande que no somos capaces de planear este Niño y mantener la ventana de planeación de los próximos 10 años”.

A todo esto se le suma un problema de fondo que ya fue mencionado por Carolina Useche, de WRI: los Estados aún no interiorizan por completo la necesidad de comprender cómo las hidroeléctricas de estos países dependen de la Amazonía.

CL14