22 septiembre 2026
En la Semana del Clima, líderes mundiales se comprometen a la acción
Compartir esto:

NUEVA YORK – En la anual Semana del Clima de Nueva York, miles de asistentes, entre ellos líderes mundiales, directivos de empresas, filántropos y activistas por el clima, se han unido en sus llamamamientos para abordar de forma colectiva los problemas climáticos, poniendo especialmente la mirada en la acción para contener el recalentamiento del planeta.

La Semana transcurre del 20 al 27 de septiembre, organizada por el no gubernamental Climate Group, en coincidencia con la semana de Alto Nivel de la 81 Asamblea General de la ONU, inaugurada este martes 22. Y sus organizadores anticiparon que esta es la mayor Semana del Clima celebrada hasta ahora.

Además de la conferencia principal, que se realiza en la Glass House de la 12 Avenida, la Semana cuenta con más de 1500 encuentros repartidos por toda la ciudad de Nueva York.

Su propósito es conectar a responsables en la toma de decisiones, con expertos en capital, mercados y asistencia, así como activistas, para impulsar acciones climáticas que beneficien a la gente, en particular la más afectada.

Cada año, la Semana del Clima se centra en los temas más urgentes a la hora de abordar el cambio climático, desde la transición a las energías renovables, pasando por la responsabilidad empresarial y gubernamental, hasta la ampliación de los avances climáticos y económicos.

Las consecuencias del cambio climático, entre las que se incluyen los fenómenos meteorológicos extremos, el aumento de las temperaturas y la subida del nivel del mar, se están dejando sentir en todo el mundo, pese a los negacionistas que pretenden eludir el problema planetario.

Los conflictos mundiales, como la guerra entre Rusia y Ucrania y las variadas crisis en Medio Oriente, han alterado el suministro mundial de petróleo y gas, lo que ha sumido tanto a los países desarrollados como a los en vías de desarrollo en una situación de tensión prolongada en torno a las necesidades energéticas.

El primer ministro australiano, M. Anthony Albanese. Imagen: Climate Group

Es precisamente este último punto el que destacaron los primeros ponentes de la Semana, ya que, incluso ante la creciente evidencia de que la energía limpia es más asequible, los países siguen dependiendo de los combustibles fósiles.

Sin embargo, no sería correcto achacar la situación únicamente a las empresas de combustibles fósiles.

La británica Helen Clarkson, fundadora de Climate Group en 2017, señaló en su discurso de apertura que los actores tradicionales siguen utilizando y dependiendo de los combustibles fósiles para satisfacer sus necesidades energéticas.

También señaló con el dedo a los comentaristas de derecha, tanto en los medios tradicionales como en las redes sociales, que difunden información errónea sobre las energías renovables, y a los políticos que «utilizan el miedo de la gente como arma».

Mientras tanto, algunos líderes e incluso medios de comunicación optan por no utilizar la palabra «clima» en relación con estas cuestiones, en una forma de borrado o negación. El silencio es una forma de inacción, señaló Clarkson con seriedad, y esa inacción conduce a un mayor cambio climático.

«Es hora de afrontar la verdad, y eso es difícil en un mundo en el que la verdad ha perdido gran parte de su valor. Pero la verdad es que nos hemos ido haciendo más pequeños y callados precisamente en el momento en que deberíamos ser más grandes y alzar más la voz», afirmó Clarkson.

El cambio climático y la pérdida de naturaleza también deberían tratarse como una cuestión de seguridad nacional, afirmó Ed Miliband, ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido.

Miliband, que ocupó el cargo de secretario de Energía bajo los mandatos de los primeros ministros laboristas Gordon Brown y Keir Starmer, señaló que la destrucción del clima se consideraba antes una cuestión secundaria, al margen del crecimiento económico o la seguridad energética.

El crecimiento del empleo en el sector de las energías limpias demuestra su potencial para una transición sostenible. Los últimos conflictos en Ucrania e Irán ponen de relieve la dependencia de los países de los combustibles fósiles, al tiempo que resaltan el «imperativo de la independencia energética» que suponen las energías limpias.

Ed Miliband, ministro de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth del Reino Unido, en la Semana del Clima. Imagen: Climate Group

Los países se enfrentan a las consecuencias interrelacionadas provocadas por el cambio climático, ya que estas ya no se limitan a las fronteras.

Solo en 2026, se quemaron más de 150 millones de hectáreas en los primeros cuatro meses.

Este año también se ha confirmado un «súper» El Niño que probablemente elevará las temperaturas mundiales registradas y los fenómenos meteorológicos extremos a nuevos niveles.

«Por eso estos hechos, lo que está ocurriendo en nuestro mundo, y por eso la crisis climática, en mi opinión, deben ser un tema de interés para los ministros de Asuntos Exteriores y los primeros ministros, así como para los ministros de Energía y Clima», afirmó Miliband.

Miliband recomendó a los gobiernos que pongan en común la información sobre cuestiones climáticas para que pueda utilizarse en las previsiones y los sistemas de alerta temprana con el fin de actuar «antes de que la crisis golpee, en lugar de recoger los pedazos después».

Este sentido de la responsabilidad colectiva entre países fue el eje central del discurso de apertura, pronunciado por el primer ministro de Australia, Anthony Albanese.

«La comunidad internacional no puede permitirse quedarse paralizada mientras el mundo se derrumba a nuestro alrededor», afirmó Albanese. «Australia comprende los peligros del calentamiento global y la urgencia de la acción climática tan bien como cualquier otra nación. Lo hemos visto de cerca a través de incendios forestales e inundaciones cada vez más intensos», dijo el gobernante australiano.

Albanese también se refirió al contexto específico de la región del Pacífico, donde los Estados son especialmente vulnerables a los efectos del cambio climático y se han situado entre los defensores más activos de la acción climática.

Citó los esfuerzos de Australia por financiar y apoyar a los Estados insulares del Pacífico en sus planes de resiliencia climática. También existe el Fondo de Resiliencia del Pacífico, creado el año pasado, que, según afirmó, fue el primer mecanismo de financiación climática liderado por el Pacífico.

Adoptar iniciativas sostenibles y respetuosas con el clima es posible y, a largo plazo, la mejor opción para desarrollar la resiliencia necesaria.

Islandia ofrece un ejemplo de ello, ya que, a pesar de contar con reservas geotérmicas, había dependido del petróleo importado hasta principios de la década de 1970, cuando la crisis del petróleo interrumpió sus suministros.

Gracias a la financiación, la voluntad política y la tecnología de vanguardia, Islandia comenzó a desarrollar redes de calefacción geotérmica a gran escala por todo el país. Hoy en día, más de 90 % de los hogares islandeses se calientan con energía geotérmica.

Para la primera ministra islandesa, Kristrún Frostadóttir, la lección que los países deben extraer de este ejemplo es invertir en infraestructuras e iniciativas respetuosas con el clima antes de que se produzca la próxima crisis.

Aseguró que «la transición que cada uno de ustedes está gestionando -en materia de energía, cadenas de suministro, infraestructuras y competitividad económica- no la ganará el país o la empresa que reaccione más rápido ante la próxima perturbación».

Y añadió: «La ganará aquel que ya haya desarrollado la capacidad para absorberla, años antes de que se produzca. La resiliencia, en otras palabras, no es una respuesta. Es una base que se construye mucho antes de que nadie te avise de que se avecina la tormenta».

Tal y como señalaron Frostadóttir y los demás líderes mundiales en sus discursos, las soluciones al cambio climático ya existen. Pero se necesitará una combinación equilibrada de financiación y voluntad política para llevar a cabo las medidas necesarias. No puede ser cuestión de esperar a la próxima crisis climática o geopolítica para adoptar esos cambios.

CL14