11 septiembre 2026
Qué significa superar los 1,5 °C para las pequeñas islas del mundo
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CASTRIES – Ahora que se espera que el mundo supere el límite de calentamiento de 1,5 °C, los pequeños Estados insulares acrecientan su temor de que se haga realidad lo que durante años se ha considerado como una línea de su supervivencia.

Para los habitantes del Caribe, el Pacífico y el océano Índico, las consecuencias no se producirán únicamente cuando las islas desaparezcan bajo el mar, sino que estarán cada vez más presentes desde mucho antes.

Incluyen la intrusión de agua salada en las fuentes de agua dulce y las tierras agrícolas, la pérdida de los arrecifes de coral, inundaciones costeras cada vez más dañinas y una presión creciente sobre los recursos, ya limitados, destinados a la recuperación y la adaptación.

Esa es la contundente advertencia que surge del informe Limiting Overshoot (Limitación del sobreimpulso) del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), presentado el 2 de septiembre.

El informe analiza un futuro en el que las temperaturas medias mundiales aumentan por encima de 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales y posteriormente podrían volver a descender.

El informe concluye que ahora se espera que el mundo supere el umbral de 1,5 °C. Lo que aún no está claro es cuánto subirán las temperaturas por encima de ese nivel, cuánto tiempo permanecerán allí y con qué rapidez podrán volver a descender.

Shobha Maharaj, reputada científica caribeña y una de las autoras principales del capítulo cuatro del informe, señala que el rebasamiento previsto plantea una nueva serie de interrogantes para los pequeños Estados insulares.

«Durante años, el objetivo fue evitar superar los 1,5 °C. Pero este informe ahora dice muy claramente que vamos a superarlos», afirmó en entrevista con IPS desde Castries, la capital de Santa Lucía.

Agregó que «La pregunta ahora es hasta dónde llegará este rebasamiento, cuánto tiempo durará y cómo atravesaremos ese período mientras trabajamos para reducir nuevamente las temperaturas a 1,5 °C».

Sin margen

El Acuerdo de París, aprobado en 2015 en la 21 Conferencia de las Partes (COP21) sobre cambio climático,  comprometió a los países a realizar esfuerzos para limitar el calentamiento a 1,5 °C.

Los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo, los Peid, estuvieron entre los principales defensores de ese objetivo, al sostener que niveles más elevados de calentamiento representarían una amenaza existencial.

«Para las pequeñas islas, esto se debe a que vivimos más cerca de los umbrales», explicó Maharaj, nacida en Trinidad y Tobago y reconocida mundialmente en los debates climáticos como una respetada voz del Caribe, de los pequeños Estados insulares y de todo el Sur global.

Detalló que «en un país rico y templado, medio grado adicional de calentamiento seguiría teniendo costos importantes. Pero en una pequeña isla, podría determinar si un arrecife se recupera o no, o si un acuífero permanece dulce o se vuelve salado para siempre».

«No hay terrenos más altos a los que trasladarse, ni grandes reservas financieras a las que recurrir, ni un segundo arrecife cuando uno de ellos muere», agregó.

El peligro no se limita a los desastres espectaculares, señaló. La habitabilidad puede deteriorarse silenciosamente.

«El agua salada puede contaminar las aguas subterráneas y el suelo. Una huerta que ha alimentado a una familia durante generaciones puede dejar de producir. Las mareas altas pueden llegar hasta las carreteras, las viviendas y la infraestructura pública incluso en días despejado», explicó Mahara, formada en la trinitobaguense Universidad de las Islas Occidentales y en la británica Universidad de Oxford.

Recordó que «cuando mueren los arrecifes, las comunidades no solo pierden los ingresos provenientes de la pesca y el turismo, sino también las barreras naturales que debilitan las olas antes de que lleguen a la costa».

«Nada de esto requiere que una isla desaparezca», afirmó Maharaj. «La habitabilidad comienza a colapsar primero de manera silenciosa, a través del agua, los alimentos y la pérdida de las cosas cotidianas que hacen de un lugar un hogar. Para cuando la sumersión se convierte en el titular, muchas personas ya se han visto obligadas a irse», explicó.

El informe del Pnuma advierte que el aumento del nivel del mar continuará durante siglos y que el descenso de las temperaturas mundiales no revertirá todos los daños acumulados durante el período de rebasamiento.

Algunas pérdidas de ecosistemas, biodiversidad y glaciares persistirán, lo que significa que volver a 1,5 °C no permitirá recuperar el mundo que existía antes de cruzar ese umbral.

Pequeñas islas, distintas realidades

Los Peid suelen ser considerados como un único grupo, pero Maharaj advirtió que sus circunstancias y opciones son diferentes.

Los Estados insulares de atolones del Pacífico enfrentan a graves amenazas debido a su escasa elevación y a la vulnerabilidad de sus reservas de agua dulce. Algunas islas del Pacífico también están experimentando hundimiento del terreno, lo que agrava los efectos del aumento del nivel del mar.

Varios Estados del Caribe cuentan con terrenos más elevados, pero gran parte de su población, infraestructura y actividad económica se concentra en estrechas zonas costeras. Los Estados del océano Índico enfrentan su propia combinación de riesgos.

«Lo que compartimos es una situación estructuralmente difícil, con poco margen para retirarnos, recursos financieros limitados y economías expuestas a impactos aislados», afirmó Maharaj.

Pero advirtió que no se deben aplicar las mismas soluciones de una región a otra de manera indiscriminada.

«La respuesta adecuada en Tuvalu, por ejemplo, no es automáticamente la adecuada en Barbados o Maldivas», remarcó.

La adaptación compra tiempo, no inmunidad

Durante décadas, la adaptación se presentó como la principal defensa de los países que ya enfrentan los efectos del cambio climático. Sin embargo, el informe del Puma señala que muchos de los enfoques existentes fueron diseñados para un calentamiento gradual y unidireccional, no para temperaturas que aumentan, se estabilizan y eventualmente pueden descender.

Las estrategias diseñadas para un conjunto fijo de condiciones podrían perder eficacia o incluso aumentar la vulnerabilidad a medida que cambien las condiciones. En cambio, el informe propone una adaptación flexible, orientada al futuro y capaz de evolucionar a lo largo de las distintas etapas del período de rebasamiento.

«La adaptación compra tiempo, no inmunidad», afirmó Maharaj.

Señaló que la gran brecha entre la planificación y la implementación de medidas de adaptación podría ofrecer una estrecha oportunidad para revisar los proyectos antes de que se construyan para condiciones que ya no podrán soportar.

«Tenemos muchos planes, pero muchos de ellos todavía no se han implementado», afirmó. «Eso nos da una oportunidad, aunque no muy grande, para ajustar esos planes de cara a un mundo en el que se hayan superado los 1,5 °C», agregó.

Ese cambio requerirá financiamiento antes de que ocurran los desastres.

Muchos países en desarrollo ya intentan adaptarse, recuperarse de fenómenos extremos, transformar sus economías y reducir las emisiones mientras afrontan una pesada carga de deuda.

El financiamiento climático, señaló Maharaj, llega demasiado lentamente y a menudo se proporciona mediante préstamos que aumentan esa carga.

«Un desastre absorbe fondos públicos destinados a la respuesta de emergencia y la reconstrucción», dijo.

Y agregó: «Eso deja menos dinero para reducir los riesgos que plantea el próximo evento, que luego golpea a un país debilitado con mayor fuerza. Cada vuelta de esa rueda reduce la capacidad que necesitamos precisamente para salir de ella».

Romper ese ciclo requerirá subvenciones, financiamiento anticipado e inversiones en prevención, en lugar de financiar repetidamente para reconstruir después de las pérdidas.

Una injusticia más profunda

El rebasamiento también plantea interrogantes sobre la justicia climática, particularmente para los países con poca responsabilidad histórica por las emisiones que impulsan el calentamiento.

«Los daños que se concentran durante este período, especialmente aquellos que son irreversibles, recaen con mayor fuerza sobre los países menos responsables de las emisiones que los provocaron», afirmó Maharaj.

Maharaj señaló que contribuir al informe tuvo un peso particular para ella como científica caribeña.

«Para quienes somos de estas islas, 1,5 °C nunca fue simplemente un número en un gráfico. Era la línea que nos dijeron que representaba la supervivencia. Era la línea en la que nos dijeron que la supervivencia todavía era posible», afirmó.

«Ahora, ayudar a escribir la ciencia de lo que hay más allá de esa línea es algo difícil de asumir, tanto en lo personal y en lo profesional», reconoció.

Cruzar los 1,5 °C, afirmó, representa «un profundo fracaso de la voluntad colectiva», pero no significa que haya que darse por vencidos.

«Qué tan alto llegue el pico, cuánto tiempo permanezcamos allí y con qué rapidez volvamos a bajar las temperaturas son decisiones que todavía están en nuestras manos», afirmó Maharaj.

Y consideró: «Cada una de esas decisiones se medirá en vidas y medios de subsistencia aquí, en nuestra región, y en las pequeñas islas de todo el mundo».

Para las pequeñas islas, limitar el rebasamiento podría significar la diferencia entre pérdidas crecientes y la posibilidad de conservar los lugares que las personas llaman hogar.

T: GM / ED: EG

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