Añorbe recupera una abejera de 100 panales del siglo XVIII como proyecto de voluntariado ambiental
PAMPLONA 20 Ago. –
La localidad de Añorbe está recuperando, con la colaboración de vecinos voluntarios y el apoyo del Gobierno de Navarra, una abejera de 100 panales del siglo XVIII.
La ‘Abejera de Pópulo’ quedó sin uso el siglo pasado. Fue una pérdida para la biodiversidad en un momento en que las poblaciones europeas de este insecto entraban en declive. Además, ese abandono supuso también el inicio de un proceso de pérdida de patrimonio inmaterial, por lo que conllevaba el olvido del manejo tradicional de la apicultura.
Ahora una asociación de voluntariado ambiental de la localidad, con la ayuda de la Dirección General de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, se ha puesto manos a la obra en una triple apuesta: trabajar por la conservación y desarrollo sostenible del entorno natural del municipio, mejorar el conocimiento de lo que suponen las abejas para su ecosistema y hacerlo restaurando construcciones tradicionales en riesgo de desaparición, reflexionando y documentando las costumbres a ellas asociadas.
La recuperación de la abejera pretende recalcar la necesidad de conservación de los polinizadores para el medio natural y, también, para el humano, poniendo en valor la cultura apícola de esa localidad de Valdizarbe, y manteniendo vivos los conocimientos, prácticas y costumbres vinculados a esta actividad. En septiembre, cuando el trabajo de voluntariado ambiental esté muy avanzado, arrancará la implicación del CPEIP Añorbe, cuyo alumnado trabajará este curso en coordinación con la asociación de familias Txapartea sobre la función de las abejas para la biodiversidad.
La directora general de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, Ana Bretaña, ha visitado este jueves las labores de recuperación de la abejera, acompañada por el teniente de alcalde de Añorbe, Rafael Azparren, y la presidenta de la asociación de voluntariado Abejera de Pópulo, Concepción Vecino, entre otros.
En palabras de la directora general de Medio Ambiente, «es significativa la aportación que realiza la apicultura para mantener la necesaria biodiversidad», además de poner en valor «la relevancia que tienen este tipo de intervenciones medioambientales puntuales que, sin embargo, adquieren un valor estratégico en las políticas públicas de restauración de la naturaleza y de recuperación del patrimonio natural de nuestros pueblos, de vital importancia en un contexto de emergencia climática».
El presupuesto de recuperación de la abejera es de 12.938,56 euros, de los que 10.000 euros serán asumidos por la Dirección General de Medio Ambiente, ya que este proyecto se financia con cargo a las ayudas para proyectos de educación ambiental, voluntariado ambiental y ciencia ciudadana de 2026 (fondo 0,7 de la asignación tributaria del IRPF). Así, con la convocatoria de este año, Medio Ambiente respalda 36 proyectos educativos, ocho de voluntariado y otros ocho de ciencia ciudadana con un total de 412.938 euros. En los últimos diez años Medio Ambiente ha financiado hasta 341 propuestas en todo el territorio.
Una veintena de vecinos y vecinas de Añorbe, con asesoramiento de la Asociación Berdesia de Tafalla, comenzaron en marzo a planificar la restauración de la ‘Abejera de Pópulo’, entendiendo el proceso como una oportunidad para contribuir a la conservación de este espacio, aprender técnicas tradicionales y disfrutar de una jornada de trabajo en equipo al aire libre. La abejera es un paralelepípedo de 13,5 m de largo por 3,5 m de ancho, realizado en sillares de piedra y material de sillarejo, y originariamente cubierto por tejas.
La construcción presenta 100 ventanas o huecos en los que alojar otras tantas colmenas, a las que el apicultor accedía por un pasillo interior de dos metros de anchura, desde el que manejar los panales. Las tareas de recuperación incluyen la consolidación de muros de piedra y el mantenimiento de muretes y nichos, la colocación de nidos de adobe y actividades de cestería relacionados con la formación de los panales, además de la limpieza y replantado de zonas de monte bajo.
En este proyecto hay 49 personas voluntarias, 27 hombres y 22 mujeres, en un pueblo con 600 personas censadas. Cada una hace lo que se le da mejor: desde trabajar en el talud de la parte trasera de la estructura, al desbroce de la vegetación afectada por el incendio del año pasado o la plantación de sotobosque con especies autóctonas como romero, tomillo o coscoja. Y hay quien colabora tejiendo en casa. Les costó encontrar un cestero que les enseñara a tejer los elementos de 70 cm de altura que se meterán en los ventanucos para la construcción de los panales. Recibieron un curso de tres días y tuvieron que irse hasta Salamanca a por los primeros 62 kilos de mimbre. En estos momentos han hecho 20 de las 100 cestas necesarias, en un trabajo común que cada uno aborda individualmente.
La campaña de captación para las salidas se inició en el mes de julio y estará abierta hasta el 30 de noviembre de 2026 a través de la plataforma de Navarra + Voluntaria. Al inscribirse, la organización asigna los turnos disponibles para colaborar y detalla el calendario de las siguientes jornadas de trabajo de campo programadas en el municipio.
La abejera llamada ‘De Pópulo’ está a unos 4 kilómetros del núcleo urbano y es de propiedad municipal. Su existencia se rastrea en la documentación escrita desde el siglo XVIII (1765) y se convierte en la segunda del pueblo tras la del monte, junto a San Esteban. Propiedad inicial de Joaquín de Goñi, acabará en manos de Joaquín de Izco, alias Pópulo, en cuya familia se mantuvo la propiedad durante generaciones.
En el siglo XVIII, y casi hasta el siglo XX, una abejera se utilizaba para obtener la miel que, además de para usos medicinales, fue el edulcorante más accesible para las clases populares hasta que el azúcar se abarató ya en el siglo XX. Pero lo que realmente se comercializaba a un precio muy superior era la cera. Esta última era un bien preciado para iluminación, por la combustión más limpia de la cera de abeja que la de las velas de sebo; y también se usaba para ceremonias religiosas y la conservación de suelos y muebles. Hoy el principal producto apícola es la miel y se comercializan polen, propóleo y jalea real, y la cera se usa de forma muy residual.
El procedimiento de obtención antiguo era, sin embargo, poco respetuoso con las abejas y su ciclo porque para recoger la cera y la miel se cortaban y destruían los panales. Pese a que el actual sistema de bandejas móviles, más sostenible, se ideó en el siglo XIX, las abejeras tradicionales como la de Añorbe se siguieron usando hasta bien entrado el siglo pasado.
El 11 de septiembre está prevista la visita a la abejera del alumnado del CPEIP Añorbe con personal de Guarderío de Medio Ambiente de la Demarcación de Pamplona. Medio centenar de menores de Educación Infantil y Primaria de este centro rural va a trabajar este curso sobre la importancia de la polinización para el medio ambiente, la biología y comportamiento de las abejas y la historia de la abejera de su localidad.
Lo harán con la metodología de Aprendizaje Servicio (ApS), es decir, colaborando a través de lo aprendido con su entorno social y siempre con contenidos adaptados a sus edades. Este trabajo está ligado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y, en la parte etnográfica, se plantea con un enfoque intergeneracional, con entrevistas a personas mayores y recogida de fotografías antiguas. La idea es organizar una jornada festiva con el trabajo acabado y coincidiendo con el final de curso.
El trabajo educativo y de voluntariado en la abejera se alinea con la normativa europea de restauración de la naturaleza y el esfuerzo en la reactivación de poblaciones polinizadoras del continente.
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