Crisis eléctrica en Cuba logra hundirse a nuevos niveles
LA HABANA – La crisis eléctrica en Cuba consigue acentuarse aún más por la prolongación del bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos en enero. En respuesta, el gobierno intenta algunas medidas paliativas mientras la población cubana, al menos la más favorecida económicamente, busca la manera de adaptarse.
“Esto es un sálvese quien pueda. Quien tiene dinero, compra su panel solar, su Ecoflow (marca de batería portátil de litio). El que no tiene, hace como yo”, dijo a IPS la médica jubilada María Alonso, una residente en La Habana de 63 años.
La vida de Alonso gira en torno a las dos o tres horas de electricidad que recibe al día. En ese periodo, corre para bombear el agua a las cisternas de la azotea, lavar la ropa, enchufar sus lámparas y ventiladores recargables, cocinar y prender el aire acondicionado de su habitación para que refresque un poco.
A veces, no le alcanza el tiempo para terminar todo. Otras, termina bastante rápido y la inunda la sensación de que está desperdiciando electricidad, en una ansiedad producto de la crisis, según dijo.
“Últimamente he vivido con el miedo a no estar en casa cuando llegue la luz. Lo único que ha traído cierto orden a mi vida es que la poca luz que llega lo hace más o menos en el mismo horario”, detalló.
“Hace años que nosotros no recibimos piezas de repuesto para nuestras termoeléctricas, nuestros grupos electrógenos… eso trae una situación extremadamente tensa en el país en la generación de electricidad”: Vicente de la O.
En julio, la Empresa Eléctrica de La Habana cambió su sistema de gestión del servicio eléctrico para enfrentar los apagones, al pasar de organizar los periodos de suministro por circuitos y no por bloques.
Antes, seis bloques que agrupaban zonas amplias de la ciudad rotaban sus apagones, pero luego el déficit eléctrico empezó a volverse tan grave que el sistema se desmoronó cuando no podía cumplir ni sus propios pronósticos.
Ahora, con el nuevo sistema de circuitos, se suministra electricidad a un menor número de barrios simultáneamente, pero con mayor orden, en teoría. A menos que el déficit supere las expectativas.
Según datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE), el lunes 17 de agosto Cuba tuvo un déficit de 67 % durante el horario de mayor demanda de electricidad -2210 megavatios (MW), para una demanda de 3300 MW-, una cifra alarmante, pero nada sorprendente cuando, en agosto, esos indicadores han superado ya la cota de 70 %.
En la noche del 29 de julio, el mismo día en que empezó la más reciente sesión del unicameral parlamento de la isla, hubo una afectación de 74 %, cifra récord desde que la UNE comenzó a publicar regularmente estas estadísticas en 2022.
Días después, Cuba entera quedó apagada tras dos cortes generales en menos de 24 horas que terminaron por resolverse el 4 de agosto, cuando volvió a interconectarse la red eléctrica, con los que suman 12 apagones nacionales en dos años, la mitad en 2026, que soportan sus 9,4 millones de habitantes.
“Hace años que nosotros no recibimos piezas de repuesto para nuestras termoeléctricas, nuestros grupos electrógenos… eso trae una situación extremadamente tensa en el país en la generación de electricidad”, dijo el 30 de julio el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O, durante la sesión parlamentaria.
Según De la O, tras la Orden Ejecutiva 14 404, implementada por Estados Unidos en mayo, que amenaza con sanciones a personas o entidades que tengan negocios con Cuba, se ha dificultado también la importación de las tecnologías para mantener la red eléctrica, un problema que se suma al bloqueo petrolero impuesto desde enero por ese país.
Cuba precisa unos 100 000 barriles diarios de petróleo para cubrir sus necesidades energéticas, de los que solo 40 000 los aporta su producción nacional.
Los problemas estructurales de las termoeléctricas -que son responsables de 40 % de la generación y usan crudo nacional- se deben principalmente a la obsolescencia, pues tienen décadas de explotación y un déficit crónico de inversiones.
Actualmente, por ejemplo, siete de las dieciséis unidades de generación termoeléctrica del país no están operativas por averías o trabajos de mantenimiento.
La crisis energética ya representaba desde mediados de 2024 un problema medular para Cuba, en parte por un sistema energético profundamente obsoleto y sin las inversiones necesarias durante décadas, pero en 2026 escaló y los apagones superaron las 20 horas diarias en La Habana y hasta tres días seguidos en las demás provincias.
El titular de Energía y Minas reconoció ante el parlamento que existen comunidades y asentamientos cubanos que incluso han permanecido hasta 105 días sin servicio eléctrico, debido a averías en transformadores eléctricos y demoras para sustituirlos.

Transición energética
En la primera semana de agosto fueron publicadas en la Gaceta Oficial varias normas jurídicas que buscan acelerar la transición de la matriz energética cubana hacia un mayor aprovechamiento de las fuentes renovables de energía.
El Decreto 163 de 2026, publicado el día 4, ofrece un incentivo fiscal a la importación de automóviles eléctricos, por lo cuales se pagará solamente 5 % de aranceles, mientras que por uno de gasolina se pagará 25 %. Los vehículos eléctricos con estación de carga de fuentes renovables reciben, a su vez, la exoneración total de aranceles aduanales.
Por su parte, la Resolución 180 del Ministerio de Finanzas y Precios, fechada el día 5, ofrece beneficios fiscales a personas jurídicas y naturales que realicen inversiones en tecnologías de energía renovable en centros de servicios a la población, instalaciones sociales o de cuidados, edificios multifamiliares, alumbrado público, sistemas de aseguramiento energético para el suministro de agua y otras entidades públicas.
En paralelo, la Resolución 179 modifica las tarifas de compra de energía eléctrica que compra el Estado a privados para abastecer la red eléctrica. La normativa anterior limitaba el beneficio tarifario a la energía solar fotovoltaica, y ahora se extiende a toda la electricidad generada a partir de fuentes renovables.
El 30 de julio, el primer ministro, Manuel Marrero, dijo en la sesión parlamentaria que en el país se ha instalado una capacidad de generación de 1464 MW a partir de fuentes renovables de energía.
Asimismo, agregó que se registran unos 125 751 hogares con sistemas fotovoltaicos instalados, de los cuales, más de 11 000 se han entregado a través del gobierno a niños con enfermedades crónicas, trabajadores destacados, médicos, maestros, científicos y deportistas.
China entregó a Cuba el 7 de agosto un segundo donativo de 5000 kits de paneles fotovoltaicos, destinado a electrificar viviendas en zonas rurales en los 169 municipios de la isla. En noviembre anterior, había enviado otros 5000 para las viviendas que quedaron aisladas en el extremo oriental de la isla tras el paso del huracán Melissa.
La principal apuesta del Cuba para salir de la crisis energética ha sido la energía solar, la cual, con el apoyo chino, ejecuta un programa para levantar 92 parques solares por toda la isla, que sumarían una potencia instalada total de unos 2000 MW.
El gobierno aspira a que las fuentes renovables representen 24 % de la generación eléctrica para 2030.

Adaptabilidad a la crisis
El sector privado y el residencial ya sobrepasan los 530 MW de generación eléctrica autónoma —reveló De la O en su intervención del 30 de julio—, cifra que en su mayoría se utiliza para autoabastecer el consumo de negocios y viviendas en vez de aportar a la red eléctrica.
La cifra habla también de cómo la sociedad cubana se ha terminado adaptando a la nueva realidad en crisis.
Una escena costumbrista de La Habana basta para comprender el escenario. Desde la calle, se ven los paneles solares en las azoteas, patios y balcones de muchos inmuebles, además de triciclos eléctricos chinos como taxis, en vez de los anteriores carros clásicos estadounidenses de la década de 1950.
Muchos cubanos, los más adinerados o aquellos con familiares en el extranjero que les apoyan, están importando baterías de litio de gran envergadura y carga rápida para mantener en funcionamiento los electrodomésticos de la vida cotidiana.
Otros, para electrificar sus hogares o negocios, adaptan generadores que funcionan generalmente por gasolina o gas licuado de petróleo (GLP), para que lo hagan con el gas natural que utilizan solamente unas 280 000 viviendas en La Habana, para cocinar o calentar el agua.
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Como Cuba extrae y procesa por sí sola el gas, y en gran medida la transporta sin necesidad de bombeo, ese gas es muy barato, de apenas 0,007 dólares por metro cúbico —el consumo de un hogar no suele ser mucho mayor que 10 metros cúbicos al mes—, desde que el 16 de julio salió publicada en Gaceta Oficial una resolución que casi duplicó su precio anterior.
Un entrevistado por IPS que prefirió mantenerse en anonimato y se encuentra entre las 120 000 viviendas que pagan una tarifa fija de gas natural sin importar el consumo, dijo que utiliza su generador adaptado a gas natural entre 16 y 20 horas al día, mientras que solo paga al mes los mismos 13 centavos de dólar que pagaba antes de comprar el equipo en abril.
“Es la única manera barata de tener electricidad. Seguro la terminan restringiendo, pero mientras tanto, uno tiene que colarse en las pocas oportunidades que te permite esta crisis”, detalló.
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