10 julio 2026
Por qué la ganadería pastoril africana requiere coordinación climática y políticas armonizadas
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NAIROBI –  La Plataforma de Comunidades Locales y Pueblos Indígenas (LCIPP) subraya la importancia de incorporar de forma ética y equitativa los valores y conocimientos indígenas, así como los sistemas de conocimiento locales —como el pastoreo—, en las políticas y medidas climáticas durante 31 Conferencia de las Partes (COP31), que acogerá la ciudad turca de Antalya en noviembre.

Así lo planteó durante la 64 sesión de los Órganos Subsidiarios (SB64) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc), que se celebró en la ciudad alemana de Bonn del 8 al 18 de junio

Según la Alianza para la Soberanía Alimentaria en África (Afsa), el pastoreo sigue siendo el sustento vital de más de 20 millones de personas en África oriental, ya que proporciona a las comunidades alimentos, identidad cultural y resiliencia ecológica.

La ganadería pastoril forma parte de un sistema de producción que basa la alimentación del ganado en el consumo directo de pastos, arbustos y forrajes naturales o cultivados, sean las comunidades que la sustentan nómadas o asentadas.

Sin embargo, este modo de vida se encuentra amenazado. Desde la reducción de las tierras de pastoreo y el acaparamiento de tierras hasta la discriminación sistémica, las comunidades pastoriles se enfrentan a retos cada vez mayores que ponen en peligro tanto sus medios de vida como su supervivencia.

En una entrevista exclusiva con IPS, Dereje Wakjira, director del Centro de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (Igad) para las Zonas Pastoriles y el Desarrollo Ganadero (ICPALD), explica por qué debe protegerse el pastoreo y la necesidad de políticas integradas basadas en la agroecología en la región de África oriental.

IPS: ¿Cómo define la Igad el término «agroecología» en el contexto de los sistemas pastoriles y de las tierras áridas?

Dereje Wakjira: Las tierras áridas cubren entre 60 y 70 % de la superficie de los países de la Igad, y es en esta zona donde se producen enormes recursos ganaderos. La agroecología, por lo tanto, se pone de manifiesto cuando aplicamos principios ecológicos y sociales para gestionar estos pastizales, al tiempo que nos basamos en los conocimientos indígenas para garantizar que preservamos el medio ambiente, en lugar de explotarlo.

Estas zonas de pastizales reciben precipitaciones mínimas, por lo que la agricultura de secano no es fiable. Por ello, las comunidades se han adaptado a un sistema de producción ganadera extensiva.

Se trata de un sistema de producción en el que la tierra se utiliza de forma comunitaria y la producción ganadera se lleva a cabo mediante métodos pastorales y agropastorales que dependen en gran medida de la movilidad.

Sin embargo, el uso de la tierra no se limita exclusivamente a la ganadería; la población la utiliza para otros fines diversos en distintos momentos. Los propietarios de ganado vacuno pueden pastar y desplazarse a otros lugares con pastos más verdes, y luego pueden llegar los propietarios de camellos para alimentarse de árboles y arbustos, mientras que otras personas pueden estar interesadas únicamente en recolectar alimentos silvestres, hierbas y miel.

IPS: ¿Qué avances ha logrado la IGAD en la armonización de las políticas relacionadas con la agroecología entre los Estados miembros?

DW: Cuando los Estados miembros de la Igad crearon el ICPALD, se reconoció que este sistema de producción requería una coordinación regional. Era necesaria la interdependencia y la colaboración entre los países miembros, ya que los pastores cruzan las fronteras internacionales, lo que conlleva muchos riesgos.

Desde su creación, el ICPALD ha trabajado para armonizar las diferentes políticas. Por ejemplo, instamos a los países a cooperar en el ámbito del control de enfermedades. Esto se debe a que, cuando las personas se desplazan con su ganado, existe el riesgo de transmitir enfermedades a los países vecinos y de traer enfermedades de esos países. Por lo tanto, esto requiere coordinación, sin vulnerar el derecho a la movilidad, que es en sí mismo el elemento fundamental del pastoreo.

Hemos estado abogando por que la región reconozca los sistemas pastorales. En el marco de la política pastoril de la Unión Africana (UA), la mayoría de los países han intentado adaptarse al protocolo de trashumancia (un marco jurídico para los pastores del Cuerno de África), en el que se acepta una movilidad ordenada entre países en función de las estaciones.

IPS: ¿Qué retos ha observado en cuanto al cumplimiento por parte de los países de marcos jurídicos como el protocolo de trashumancia?

DW: Lo que hemos observado a lo largo de muchos años es que la gente ve la tierra desde la perspectiva de la agricultura, olvidando que la carne es uno de los componentes más importantes de nuestra alimentación. Aunque una gran parte de nuestra tierra es árida, más adecuada para la producción ganadera mediante la movilidad, no nos hemos tomado en serio el apoyo al sistema pastoril.

Algunas de las zonas de pastoreo de la estación húmeda, e incluso de la estación seca, han sido muy productivas para los pastores a lo largo de los años. Pero hoy en día, debido al cambio climático, esas mismas tierras de pastoreo están atrayendo a la fauna silvestre, a proyectos de desarrollo de regadío e incluso a la población local que quiere convertirlas en tierras agrícolas.

Como resultado, los pastores han ido perdiendo su zona principal de pastoreo con el paso de los años, lo que ha supuesto un reto que afecta a la productividad del ganado. Y, en ocasiones, cuando se pierde la zona de pastoreo principal, se emigra a otros lugares, lo que también puede desencadenar conflictos.

Ese es el tipo de concienciación que estamos generando. Debemos actuar con la mayor urgencia posible para formalizar este sistema de gobernanza comunitaria del uso de la tierra. Si seguimos convirtiendo las tierras de pastoreo en otros usos, estaremos socavando el potencial que tenemos.

IPS: ¿Cómo puede la agroecología reforzar la resiliencia frente a las sequías y las crisis climáticas de las comunidades pastoriles?

DW: Todas las regiones pastorales son zonas áridas y, por lo tanto, hay que fijarse en los componentes clave que sustentan su producción. Es necesario garantizar las rutas de movilidad y el sistema de gobernanza de las tierras comunales para que la gente no se desplace de forma desordenada.

Por ejemplo, cuando llega el momento de que la gente se desplace de Turkana, en Kenia, a Karamoja, en Uganda, tiene que ser en una estación concreta. En ese proceso, hay cosas que se deben y no se deben hacer, porque hay que respetar las normas de la tierra.

Mientras los pastores se encuentran en el país vecino, deben recibir apoyo para acceder a servicios de salud, tanto para sus animales como para ellos mismos. Por eso es necesario integrar las prácticas pastoriles en las políticas regionales.

Un gran reto es que hemos subestimado las enfermedades del ganado. Como resultado, esto nos ha impedido acceder al mercado principal para nuestro ganado. Por eso necesitamos sistemas de apoyo agroecológicos que ayuden a controlar las enfermedades animales, la gobernanza de la tierra y los sistemas de movilidad organizados.

IPS: ¿Cómo se está integrando el conocimiento indígena en los marcos de políticas regionales?

DW: Cuando hablamos del sistema pastoral y del protocolo de trashumancia, significa que nos basamos en un sistema tradicional. Los principales corredores de movilidad se basan en el conocimiento tradicional. Los pastizales a los que acceden y sus temporadas de movilidad también se rigen por el conocimiento tradicional.

Algunas de las rutas de movilidad se eligen deliberadamente para escapar de determinadas enfermedades, así como para acceder a recursos concretos, como la sal. Todo ello forma parte integral de la agroecología.

IPS: ¿Existen ejemplos de países que hayan tenido éxito y que puedan convertirse en modelos regionales?

DW: Se están realizando muchos esfuerzos aquí y allá en los distintos países. Por ejemplo, en Uganda se ha hecho un gran esfuerzo por reducir los conflictos, lo que incluye el desarme de las comunidades y la construcción de infraestructuras de apoyo a la producción ganadera a través del pastoreo.

Durante los últimos 10 años aproximadamente, también hemos visto una gran inversión en las zonas de pastoreo de Kenia y Etiopía, aunque no en la medida que desearíamos. No estamos avanzando tan rápido como deberíamos, especialmente en lo que respecta a la gobernanza de las tierras comunales, donde más se necesita la resiliencia.

T: MF / ED: EG

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