El Vaticano decreta la excomunión de obispos lefebvrianos tras consagrar a cuatro sin la autorización del Papa

MADRID, 2
El Vaticano ha decretado este jueves la excomunión de los obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X –seguidores de Marcel Lefebvre y más conocidos como los lefebvrianos– Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay, así como los recién consagrados Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier, sin la autorización del Papa León XIV.
Según el decreto firmado por el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cardenal Víctor Manuel Fernández, y refrendado por los dos secretarios de dicho Dicasterio, los obispos han incurrido «ipso facto» en la excomunión «latae sententiae» (pena automática) reservada a la Sede Apostólica por haber cometido «un acto de naturaleza cismática», la «consagración episcopal de cuatro presbíteros, sin mandato pontificio y en contra de la voluntad del Sumo Pontífice».
El decreto vaticano llega después de que los lefebvrianos consumaran el 1 de julio en su sede de Econe (Suiza) la ordenación de los cuatro obispos sin permiso de León XIV, lo que les conduce a la excomunión automática, según el derecho canónico.
Según recuerda Vatican News, el decreto del antiguo Santo Oficio establece que, al llevar a cabo la consagración, tanto los consagrantes como los consagrados han incurrido en la excomunión prevista.
En una nota, recogida por Europa Press, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha explicado que, «desde la época de San Pablo VI hasta las últimas conversaciones, celebradas recientemente en este Dicasterio, los múltiples intentos por reconducir a los adherentes al movimiento iniciado por monseñor Marcel Lefebvre a la plena comunión con la Iglesia católica han resultado infructuosos».
«ABIERTA VIOLACIÓN» DEL DERECHO CANÓNICO
Según ha destacado, dicha situación «se ha agravado aún más» a causa de las recientes consagraciones episcopales celebradas sin mandato pontificio, en «contra de la voluntad» de León XIV y en «abierta violación» del derecho canónico.
El Dicasterio considera que «dicho acto ha constituido el delito de cisma, con las consecuencias canónicas que ello conlleva para los ministros sagrados y los fieles laicos implicados», ha subrayado, para después recordar que, como se declaró en 1988, «dicha desobediencia -que conlleva un rechazo práctico del Primado romano- constituye un acto cismático».
En este sentido, ha indicado que los ministros consagrados pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se encuentran en cisma y, por lo tanto, deben ser considerados cismáticos, por lo que están sujetos a la excomunión prevista por el derecho canónico.
Respecto a los fieles laicos, se considerarán cismáticos y excomulgados aquellos que se adhieran formalmente a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Además, advierte de que los ministros consagrados de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X administran los sacramentos «de forma ilícita», de forma que el sacramento de la penitencia y el matrimonio que celebran son «inválidos».
ACOGERÁ A LOS QUE DESEEN VOLVER A LA PLENA COMUNIÓN CON ROMA
«La Iglesia, como madre solícita, acogerá con sincero afecto y viva solicitud a todos aquellos que deseen volver a la plena comunión. Los nuncios apostólicos establecerán los procedimientos que los ordinarios podrán utilizar en los distintos casos», ha asegurado.
El Dicasterio ha exhortado a todos los fieles a «permanecer firmes en la comunión» con el Pontífice, con los obispos en comunión con él y con toda la Iglesia y a abstenerse de participar en las celebraciones y actividades promovidas por la citada Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
La Sociedad de San Pío X rechaza la mayoría de las reformas del Concilio Vaticano II. Entre los puntos de controversia se encuentran la liturgia, la libertad religiosa y el ecumenismo. Además, insisten en las formas tradicionales de culto. La Sociedad cuenta con más de 700 sacerdotes en todo el mundo, la mayoría en Norteamérica y Francia.
Ya en 1988, tras la consagración ilícita de cuatro de sus propios obispos por parte del fundador de la Sociedad, el arzobispo Marcel Lefebvre (1905-1991), el Vaticano excomulgó a Lefebvre y a los sacerdotes consagrados. Si bien Benedicto XVI (2005-2013) levantó las excomuniones en 2009, no se alcanzó un acuerdo teológico.
Por su parte, el Papa Francisco decretó en 2018 que las confesiones ordinarias escuchadas por sacerdotes de la Fraternidad eran válidas para todos los católicos. Lo mismo se aplica a los matrimonios religiosos celebrados en presencia de sus miembros.
Este miércoles, más de mil sacerdotes, monjes y monjas, así como aproximadamente 15.000 laicos, participaron en la consagración de los cuatro obispos lefebvrianos: Pascal Schreiber, suizo de 53 años, ordenado sacerdote en Ecône en 1998; Michael Goldade, natural de Dakota del Norte, criado en Kansas (EE.UU.); y Michel Poinsinet de Sivry, de 42 años, y Marc Happier, de 36 años, ambos franceses.
La imposición de manos, que conlleva la excomunión ‘latae sententiae’ (pena automática) fue realizada por el obispo Alfonso de Galarreta, consagrante principal, y el obispo Bernard Fellay, co-consagrador. Este último es el único de los cuatro obispos que fueron consagrados ilícitamente por el arzobispo Marcel Lefebvre el 30 de junio de 1988 que aún vivía.
«DISPUESTOS A PAGAR CUALQUIER PRECIO»
«Estamos dispuestos a pagar cualquier precio para salvar a la Iglesia», señaló al comienzo de la liturgia, el superior general de la Compañía, Davide Pagliarani. Según aseguró, se trata de una «circunstancia completamente extraordinaria», ya que «las autoridades eclesiásticas, desde el Concilio Vaticano II hasta la actualidad, han mostrado una actitud contraria a la fe y han actuado en contra de la sagrada tradición».
Por ello, recalcó que era un «deber» conceder a estos sacerdotes la gracia del oficio episcopal. «Creemos que cualquier castigo o censura contra esta acción carece de valor alguno», añadía, al tiempo que aseguraba que, para los lefebvrianos, era «un día histórico» y «una celebración».
El prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano, el cardenal Víctor Manuel Fernández, había advertido en mayo de que las ordenaciones episcopales anunciadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X carecían del correspondiente mandato pontificio y suponían «un acto cismático» por el que serían «excomulgados».
Y el propio León XIV remitió el pasado 29 de junio una carta a los lefebvrianos, publicada por la Oficina de Prensa del Vaticano, en la que les exhortaba a abstenerse de las consagraciones episcopales ilícitas. «Arrepiéntanse. Les exhorto a que consideren con atención el bienestar espiritual de los fieles, porque el acto cismático que pretenden cometer los privaría de la recepción legítima y, en algunos casos, incluso válida de los sacramentos que aman y buscan para su santificación», advertía Robert Prevost.
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