Ciudades latinoamericanas son vulnerables en extremo al calor
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LONDRES – Ciudades latinoamericanas con más de un millón de habitantes, como Barranquilla en Colombia, Manaus en Brasil o Mérida en México, presentan una vulnerabilidad extrema ante el calor urbano y tienen urgencia de un enfriamiento sostenible, señaló un reciente estudio de la británica Universidad de Oxford.

El estudio, publicado en la revista Sustainable Cities and Society, clasifica 205 ciudades y define un conjunto de indicadores de riesgo que permite realizar comparaciones entre ciudades, en lugar de ofrecer un recuento exhaustivo de todos los factores que influyen en el riesgo de calor urbano.

Entre los factores considerados se incluyen las condiciones demográficas y socioeconómicas que aumentan la susceptibilidad a enfermedades y a la mortalidad relacionadas con el calor, como la edad y los recursos económicos de sus habitantes.

Asimismo, el acceso a infraestructuras de refrigeración, como el aire acondicionado, y a elementos naturales de mitigación térmica, como la cobertura arbórea.

El estudio muestra un puntaje combinado para los 50 casos más serios de vulnerabilidad urbana ante el calor, con cero para bajo riesgo y uno para el máximo. Las tres ciudades con mayor riesgo son Basora (Iraq) con 0.83, Ahmadabad (India) con 0.79 y Bamako (Malí) con 0.78.

Seis ciudades de la región tienen un puntaje entre 0.58 y 0.78: Barranquilla (Colombia), Puerto Príncipe (Haití), Manaus y Guainía (Brasil), Guayaquil (Ecuador) y Mérida (México).

Los planificadores y tomadores de decisiones en América Latina y el Caribe, una de las regiones más urbanizadas del planeta, ya no solo deben resolver problemas históricos de desigualdad socioeconómica, gobernanza deficiente y deficiencias en el transporte masivo.

La rápida aceleración del calentamiento global, y la inminente llegada de un fuerte fenómeno de El Niño -vientos cálidos sobre el Pacífico oriental, que elevan las temperaturas y alteran los ciclos de lluvia y sequías, convierten esa vulnerabilidad en una amenaza letal y silenciosa para la región.

El estudio muestra por ejemplo “la trampa del PIB (producto interno bruto) y las tarifas eléctricas”, pues utiliza el PIB inverso per cápita (herramienta para medir la redistribución y equidad en fondos y políticas sociales) y los precios de la electricidad como indicadores de riesgo.

En América Latina se sufre en las ciudades porque la inflación energética y las tarifas de luz prohibitivas hacen que, aunque una familia logre comprar un equipo de enfriamiento (aire acondicionado), no pueda costear su uso diario, anulando su capacidad de respuesta ante a las olas de calor exacerbadas por el cambio climático.

Otra consideración es la urgencia demográfica: el peso de la población menor de cuatro años y mayor de 65 eleva drásticamente el riesgo en las ciudades que viven una transición demográfica acelerada hacia el envejecimiento, sin contar con la infraestructura hospitalaria ni habitacional preparada para choques térmicos.

Luego está el “búfer ecológico” (zonas verdes de amortiguamiento) como deuda social: la falta de cobertura arbórea uniforme en las grandes ciudades de la región, donde las zonas ricas son verdes y las periferias son de asfalto y cemento.

Ello muestra que la segregación urbana en América Latina se traduce directamente en un mayor riesgo de muerte por calor para las clases empobrecidas.

A pesar de las graves restricciones presupuestarias de los municipios, existen proyectos que Oxford destaca como referentes de sostenibilidad e innovación en ciudades latinoamericanas, y como muestra de movilidad sostenible coloca a Bogotá y Medellín (Colombia).

Resalta la flota de buses y taxis eléctricos en Bogotá y el sistema de transporte masivo e integrado (como las escaleras eléctricas y metrocables) en las comunas de Medellín, como ejemplos en los que la tecnología reduce la huella de carbono y, al mismo tiempo, resuelve la accesibilidad de comunidades vulnerables.

Destaca a Santiago (Chile) y Buenos Aires (Argentina) por sus avances en la gestión de transporte masivo optimizado y sistemas eficientes de movilidad compartida, además de los planes de renovación urbana tecnológica en Buenos Aires.

Menciona a Ciudad de México como el principal nodo de la región en el desarrollo e integración de marcos normativos para edificios inteligentes y verdes, enfocados en eficiencia energética.

Y también a Montevideo (Uruguay), por sus herramientas de digitalización de servicios públicos para mejorar directamente la interacción ciudadana y la gobernanza local.

El estudio deja cuatro recomendaciones para la región, la primera de las cuales es la inversión en resiliencia eléctrica: fortalecer las redes de transmisión locales para soportar los picos de demanda energética durante las olas de calor y evitar colapsos que dejen desprotegidas a las ciudades.

Luego, amortiguadores ecológicos masivos: implementar planes de reforestación urbana agresivos y siembra de árboles para combatir el efecto de isla de calor, especialmente en los barrios de menores ingresos.

Le sigue impulsar el enfriamiento pasivo (estrategia de diseño arquitectónico para reducir la temperatura interior de los espacios), con regulaciones de construcción que lo exijan, reduciendo la dependencia de sistemas mecánicos costosos y contaminantes.

Finalmente, mitigar la burocracia institucional: superar las limitaciones de financiamiento y la falta de capacidades técnicas en los municipios pequeños y medianos, redirigiendo los recursos hacia la acción climática real en el territorio.

A-E/HM

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