Cincuenta años del discurso de Juan Carlos I en Washington que abrió la puerta a la «democracia»

MADRID, 30 May. –
El discurso de Juan Carlos I en Washington en el que pronunció por primera vez la palabra «democracia» para España cumple este 2 de junio medio siglo. Significó, según gran parte de la historiografía, un hito para la Transición. Fue dentro del primer viaje oficial del rey al extranjero y conllevó el aval de la gran potencia occidental a la llegada de la democracia a España.
A las 12.30 horas del 2 de junio de 1976, Juan Carlos de Borbón accedía al Capitolio anunciado por el encargado de protocolo para pronunciar un discurso en inglés de 2.190 palabras a lo largo de 33 párrafos, que concluyó en una ovación de más de seis minutos por los 435 congresistas y senadores estadounidenses.
Fue la primera visita oficial a EEUU de un monarca español, que incluyó entre otros contactos una recepción privada de Gerald Ford en el Despacho Oval, quien según la documentación desclasificada estadounidense, se mostró sorprendido de manera positiva con Juan Carlos.
«La Monarquía hará que, bajo los principios de la democracia, se mantengan en España la paz social y la estabilidad política, al mismo tiempo que se asegure el acceso ordenado al poder de las distintas alternativas de gobierno, según los deseos del pueblo libremente expresados».
Ese fue el párrafo «clave», según Juan Carlos Pereira Castañares, doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense, por pronunciar la palabra «democracia» por primera vez en un foro internacional y porque «habla de elecciones de una forma muy bien elaborada».
Según Guillermo García Crespo, doctor en Historia por la Universitat Autónoma de Barcelona y profesor de Historia Contemporánea de España en la Universidad Carlos III de Madrid, si bien fue un momento «relevante» para la Transición española, «no lo fue más que el nombramiento de Adolfo Suárez, la Ley para la Reforma Política, las elecciones de 1977 o incluso la propia muerte de Franco».
Aún así, este historiador asume que el discurso creó «las condiciones de posibilidad política» para que un mes después dimitiera Carlos Arias Navarro como presidente del Gobierno y el rey nombrase a Adolfo Suárez, aunque ya el 26 de abril el monarca calificase a Arias como «un desastre sin paliativos» al frente del Ejecutivo, en una entrevista con ‘Newsweek’.
García Crespo dice que «la caracterización del rey en aquellos momentos tiene diferentes prismas» pero sostiene que el monarca va a EEUU «consciente de lo que quiere obtener de la visita al líder del mundo libre».
«El rey utilizó el altavoz estadounidense para decir lo que a lo mejor no se atrevía a decir aquí y lanzar un mensaje inequívoco y una promesa de liderar la democratización», afirma García Crespo.
«EL EMPUJÓN NECESARIO» PARA EL AVAL DE EEUU
En el contexto internacional de 1976, «asegurarse el apoyo de Estados Unidos solo se podía hacer siendo una democracia», reconoce Francisco J. Leira, historiador y autor del libro ‘Retratos de la Transición. La memoria que escondimos en el desván’.
Además, para la potencia norteamericana era «imprescindible» que el proceso fuera pacífico y «lento», conciden los historiadores, para «garantizar la estabilidad» y que no fuera «demasiado revolucionario».
Los precedentes de 1974, con la Revolución de los Claveles en Portugal y la caída de la dictadura de los Coroneles de Grecia, que «rozaba muy de cerca a Juan Carlos y Sofía» explican este interés, según la historiadora Encarnación Lemus, premio Nacional de Historia en 2023. Además, ella define este contexto de la Guerra Fría en términos de «aflojamiento y dejar caer las dictaduras militares en Europa» como resultado de la «Paz de Helsinki» de 1975.
El discurso generó también «el empujón necesario», asegura Lemus, para el desbloqueo del Tratado de Cooperación y Amistad que España había firmado el 24 de enero de ese mismo año con el secretario de Estado, Henry Kissinger, y que no había sido ratificado por la cámara de representantes de EEUU, que aún recelaba de la herencia franquista.
Así, Encarnación Lemus considera dicha ratificación «el único logro serio del primer gobierno de Juan Carlos». Además, argumenta que fue «un gesto de confianza» de la Administración Ford con la figura del rey que allanó el camino para la entrada de España en organizaciones internacionales como la antecesora de la Unión Europea, la Comunidad Económica Europea (CEE) y la OTAN.
«Lo que hubiera gustado a la administración Ford y también a la monarquía y al gobierno español, es que el tratado estuviera ya refrendado y aprobado y el rey pudiera hacer la firma oficial durante su viaje», reconoce la historiadora.
RESPUESTA A UNA «PULSIÓN SOCIAL» Y «ALEGRÍA CONTENIDA»
La primera parte del discurso de Juan Carlos en el Capitolio de Washington fue escrita por el historiador Vicente Palacio Atard y se centró en las relaciones históricas entre España y EEUU por motivo de los 200 años de la independencia norteamericana. Y la segunda, elaborada por el entonces ministro de Exteriores, José María de Areilza, sobre la situación política presente del país, fue la que «marca ya el camino que va a seguir», asegura Pereira Castañares.
Las palabras fueron medidas con la intención de iniciar un proceso democrático «pacífico» que abrió la puerta a una «alegría contenida», como la define el historiador Francisco J. Leira Castiñeira, que recuerda que tan solo había pasado medio año desde la muerte de Franco.
Según Leira, el rey era consciente de que en las calles españolas comenzaba a haber «una pulsión social» más allá de los partidos políticos de la Junta y la Plataforma Democrática –aglutinados después en ‘la Platajunta’– y una «necesidad de realizar algún tipo de cambio». El problema, asegura, es que «tampoco se sabía hacia dónde ir», aunque asume que «entonces la democracia era algo que todos, de alguna forma, estaban más o menos de acuerdo».
Areilza fue, además, el organizador del viaje como ministro de Exteriores, aunque el monarca siguió muy de cerca los pormenores de la organización, afirma el historiador Juan Carlos Pereira Castañares, quien argumenta también que «el único que no se enteró del contenido del discurso fue Arias Navarro, que lo vio en su despacho con cara de enfado».
El embajador de EEUU en España, Wells Stabler fue una figura también importante para orientar el proceso de la Transición y que se diera «paso a paso», como aconsejó Gerald Ford a Juan Carlos I. Lo cierto es que EEUU veía en el monarca «la figura ideal» para encarnar el proceso, «pues el rey tenía los poderes heredados de Franco y podía hacer lo que quisiera», afirma también Pereira Castañares.
LEGITIMIDAD Y PRENSA
La historiadora Encarnación Lemus ahonda en que el rey «consiguió legitimar su proyecto de futuro a corto y medio plazo para la política para España» pese a las dudas surgidas en primera instancia. Así, Francisco Leira afirma que Juan Carlos «tenía la legitimidad de origen por la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1947», pero le faltaba la «legitimidad de ejercicio».
En este sentido, Guillermo García Crespo ahonda en que el rey «carecía de ese apoyo popular». Además, asegura que «no tenía legitimidad en el entorno de la oposición democrática española ni a nivel internacional».
Con todo, coincide el historiador con la mayoría de sus colegas en que «había muchas dudas de si el sucesor designado por Franco sería capaz de pilotar el proceso transicional».
Además, Pereira Castañares recuerda la importancia que tuvo la cobertura de los periodistas desplazados con el rey en aquella primera visita oficial a EEUU y también el espacio que le dio Televisión Española, que alteró su programación habitual para dar la señal en directo del discurso, con la traducción simultánea del entonces corresponsal de TVE en Nueva York Jesús Hermida.
CL0
