20 abril 2026
Desigualdades en la mortalidad humana
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PORTLAND, Estados Unidos – Como se afirma en Hamlet: “Sabes que es común; todo lo que vive debe morir, pasando por la naturaleza hacia la eternidad”. Si bien la muerte es inevitable para todos los seres vivos, la mortalidad humana, que se prevé alcance aproximadamente 64 millones de muertes individuales en todo el mundo en 2026, no se distribuye de manera uniforme entre las poblaciones.

Aunque la mortalidad es un destino común para todos los seres humanos, el momento, las causas y las circunstancias de la muerte varían enormemente entre países y dentro de ellos. Esta discrepancia suele generar una brecha en las tasas de mortalidad entre los grupos privilegiados y marginados.

Las desigualdades en la mortalidad humana son evidentes en todo el mundo. La muerte prematura es particularmente frecuente en las regiones de bajos ingresos debido al acceso limitado a la atención médica, la pobreza y los conflictos. Esto da como resultado un mundo donde algunas personas fallecen a edades tempranas, mientras que otras disfrutan de una larga vida.

Desde el primer año de vida, se hacen evidentes diferencias significativas en la probabilidad de muerte entre las poblaciones humanas. Países como Islandia, Japón y Finlandia presentan algunas de las tasas de mortalidad infantil más bajas, con menos de dos muertes infantiles por cada 1000 nacidos vivos. En contraste, naciones como Níger, Somalia y Nigeria presentan algunas de las tasas más altas, con más de 62 muertes infantiles por cada 1000 nacidos vivos, lo que representa 30 veces más que las tasas más bajas (Gráfico 1).

Gráfico 1: Tasa de mortalidad infantil en países seleccionados – 2025 (muertes infantiles por cada 1000 nacidos vivos). Fuente: Naciones Unidas

Las disparidades en las tasas de mortalidad infantil también son evidentes en las tasas de mortalidad materna. En 2023, algunas de las tasas de mortalidad materna más altas se encontraron en países del África subsahariana, como Sudán del Sur, Chad y Nigeria, con más de 1.000 muertes maternas por cada 100 000 nacidos vivos. En cambio, países como Noruega, Polonia e Islandia presentan tasas inferiores a tres muertes maternas por cada 100 000 nacidos vivos.

De igual modo, la esperanza de vida al nacer en 2025 revela importantes disparidades en las tasas de mortalidad. Algunas de las esperanzas de vida al nacer más bajas, alrededor de 55 años, se observan en países del África subsahariana, como Nigeria, Chad y Sudán del Sur.

Por el contrario, países como Japón, Corea del Sur y Suiza presentan esperanzas de vida al nacer relativamente altas, aproximadamente 30 años mayores, alrededor de los 85 años (Gráfico 2).

Gráfico 2: Esperanza de vida al nacer en países seleccionados – 2025. Fuente: Naciones Unidas

Las disparidades en las tasas de mortalidad persisten al comparar la esperanza de vida a los 65 años. En 2025, la esperanza de vida a los 65 años es de alrededor de 12 años en Nigeria, Chad y Togo, mientras que es de aproximadamente 23 años en Japón, Francia y Australia.

Existen variaciones en la mortalidad no solo entre países, sino también dentro de ellos. Por ejemplo, en 2022, la esperanza de vida al nacer en Estados Unidos varió desde máximos de aproximadamente 80 años en Hawái, Massachusetts y Nueva Jersey hasta mínimos de aproximadamente 73 años en Kentucky, Misisipi y Virginia Occidental (Gráfico 3).

Gráfico 3: Alta y baja esperanza de vida al nacer en estados de Estados Unidos – 2022. Fuente: Sistema Nacional de Estadísticas de Estados Unidos

Existen diferencias en la esperanza de vida al nacer entre los principales grupos étnicos de Estados Unidos. En 2021, la esperanza de vida al nacer para estos grupos varió considerablemente: aproximadamente 84 años para los asiáticos, 78 para los latinos, 77 para los blancos, 72 para los negros y 64 para los indígenas estadounidenses.

Además, existen diferencias en la esperanza de vida al nacer según los ingresos y la educación. En general, las personas de clase trabajadora y aquellas con menor nivel educativo suelen tener una menor esperanza de vida en comparación con las personas más adineradas y con mayor nivel educativo.

Por ejemplo, en Estados Unidos, las personas de clase trabajadora tienen una esperanza de vida de al menos siete años menor que las personas adineradas. La educación superior también se asocia con mayores ingresos, una mejor calidad de vida, un mayor acceso a la atención médica y una mayor longevidad.

Además de las muertes causadas por enfermedades, accidentes, violencia, conflictos y guerras, la muerte voluntaria se está convirtiendo en un problema global importante.

El autor, Joseph Chamie

La muerte médicamente asistida, también conocida como muerte digna, muerte asistida voluntaria o asistencia médica para morir (Maid, en inglés), es un tema de debate en muchos países. Esta práctica puede incluir el suicidio asistido, en el que la persona se administra la medicación letal, o la eutanasia, en la que un médico la administra.

Si bien la Maid no es legal en la mayoría de los países, está permitida en un número creciente de ellos bajo ciertas circunstancias. Las definiciones y los requisitos para acceder a la muerte médicamente asistida varían según el país y el estado o provincia dentro de cada país.

Aunque las leyes varían en alcance según el lugar, las jurisdicciones que permiten la muerte médicamente asistida generalmente autorizan a adultos mentalmente competentes, con enfermedades terminales o que sufren, a poner fin a sus vidas con asistencia médica.

Para acceder a la asistencia voluntaria para morir, las personas deben cumplir ciertos criterios, que a menudo incluyen padecer una enfermedad terminal o incurable con un pronóstico a corto plazo, tener buen juicio, decidir voluntariamente poner fin a su vida, expresar repetidamente su deseo de morir y autoadministrarse la dosis letal.

Aproximadamente veinte países y varios estados o provincias dentro de ellos permiten la muerte médicamente asistida. Estos lugares incluyen Austria, partes de Australia, Bélgica, Canadá, Colombia, Ecuador, Luxemburgo, los Países Bajos, Nueva Zelanda, Portugal, España, Suiza y partes de los Estados Unidos. En otros países, como Francia, Alemania, Irlanda, Portugal y Gran Bretaña, los legisladores están considerando proyectos de ley sobre la muerte médicamente asistida.

Entre quienes optan por tomar una dosis letal de medicación, algunas de las principales preocupaciones incluyen la pérdida de autonomía, control, funciones corporales y dignidad; la minimización del dolor intenso y la angustia emocional; la incapacidad para participar en actividades placenteras o significativas; la disminución de la calidad de vida; el temor a convertirse en una carga para la familia y los cuidadores; la ansiedad ante el sufrimiento futuro; y la evitación de las implicaciones económicas del tratamiento.

Además, algunas de las afecciones médicas más comunes en las solicitudes de eutanasia incluyen cáncer en fase terminal, enfermedad de Alzheimer, demencia, sufrimiento constante y trastornos cardiovasculares avanzados.

Quienes se oponen a la muerte médicamente asistida presentan varios argumentos en su contra. Consideran que crea el potencial de abuso; conduce a una pendiente resbaladiza hacia la eutanasia involuntaria; normaliza la muerte como solución; y socava la ética médica y la santidad de la vida.

También argumentan que el suicidio asistido supone riesgos para las poblaciones vulnerables al influir en las actitudes y políticas sociales hacia los adultos mayores, los enfermos graves y las personas con discapacidad. Consideran que podría ejercer presión sobre quienes son vistos como una carga para la sociedad, poniendo en peligro la financiación y la prestación de cuidados paliativos. Además, existe preocupación por garantizar que las decisiones individuales de poner fin a la vida sean verdaderamente voluntarias.

En resumen, existen desigualdades en la mortalidad humana tanto entre naciones como dentro de ellas, abarcando diversas dimensiones sociales y económicas. Si bien la muerte es una parte natural de la vida, la distribución de las muertes humanas es desigual: algunas personas fallecen a una edad temprana, mientras que otras disfrutan de una larga vida.

La distribución desigual de los recursos suele generar una brecha de mortalidad entre los grupos privilegiados y marginados. La muerte prematura es particularmente frecuente en las regiones de bajos ingresos, principalmente debido a factores como el acceso limitado a la atención médica, la pobreza y los conflictos.

Además, el controvertido tema de la muerte humana voluntaria, también conocida como muerte médicamente asistida, está recibiendo atención mundial. Existen sólidos argumentos a favor y en contra de esta política, y alrededor de veinte países la permiten bajo circunstancias específicas.

Joseph Chamie es demógrafo y consultor, exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas y autor de numerosas publicaciones sobre temas de población, incluido su libro más reciente: “Niveles de población, tendencias y diferenciales”.

T: MLM / ED: EG

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