El abuso de los niños talibés en Senegal y su rescate

SAINT LOUIS, Senegal – Cuando se camina por las calles de las ciudades de Senegal, se les ve casi de inmediato: niños pequeños con ropa gastada, agarrando latas de plástico o cuencos de hojalata, zigzagueando entre los coches y los peatones para pedir limosna o comida. A menudo van descalzos, solos y hambrientos. A estos niños se les conoce como talibés.
Niños de entre 5 y 15 años, conocidos como talibés, residen en su mayoría en las daaras, escuelas dirigidas por marabouts (marabus o morabitos), similares a las madrasas, donde se estudia el Corán y en teoria otras habilidades.
La organización internacional Human Rights Watch afirma que muchos de estos morabitos, «que actúan como tutores de facto, llevan a cabo concienzudamente la importante tradición de proporcionar a los niños una educación religiosa y moral».
Sin embargo, muchas de estas escuelas no están reguladas y son variadas las que cometen abusos contra los niños.
«No obstante, miles de los llamados maestros utilizan la educación religiosa como tapadera para explotar económicamente a los niños a su cargo, sin temor a ser investigados o procesados», afirma el informe.
Los talibés de estas «escuelas» pasan gran parte de sus días mendigando comida en las calles y sufriendo todo tipo de abusos contra los derechos humanos. Sufren palizas, carecen de alimentación y atención médica adecuadas y son víctimas de negligencia.
Mamadou Ba, presidente y fundador de Maison des Talibés (la Casa de los Talibés) se esfuerza por cambiar esta situación de los talibés.
Ba creó la organización hace tres años en Saint Louis, una ciudad del noroeste de Senegal, con el objetivo de empoderar a los talibés, mejorar sus condiciones de vida y enseñarles habilidades que les ayuden a tener éxito en la edad adulta.
«Quiero mejorar la vida de los talibés», afirma Ba a IPS. «Intento ayudarles para que, cuando crezcan, sean autosuficientes», añade.
El propio Ba fue talibé de niño. Fue enviado a una daara a la edad de siete años, a una ciudad llamada Sokone. Según cuenta, permaneció allí durante ocho años, soportando condiciones muy duras y sin recibir comida por parte de su marabú.
Cuando Ba cumplió la edad para salir de la daara, se mudó a Dakar y más tarde a Saint Louis con la intención de ser un morabito.
Mientras estaba en Saint Louis, Ba comenzó a dedicar su tiempo al estudio del francés y el inglés. En Senegal el idioma oficial es el francés, heredado del dominio colonial francés y utilizado mayormente en contextos oficiales y formales, pero el idioma más usado es el wólof, que es la lengua materna de más de 50 % de la población y la llamada lengua franja en este país del extremo occidental africano de más de 18 millones de habitantes.
Ba se involucró en una organización internacional que apoyaba a los talibés, pero descubrió que su enfoque de simplemente donarles comida no iba a ser suficiente. Ba sabía que tenía que dotar a los niños de habilidades para tener éxito en la edad adulta después de dejar la daara.
«Tienen una única salida, que es convertirse en morabito», dijo Ba. «No quiero que tengan básicamente una única opción, que es ser maestros coránicos. Quiero que tengan diferentes opciones, diferentes alternativas, para ser lo que quieran», adujo.
Maison des Talibés comenzó como una verdadera iniciativa popular. Ba entabló relaciones con los morabitos locales, ganándose su confianza y permitiéndole entrar en las daaras para prestar servicios a los talibés.
Se puso en contacto con su amigo Abib Fall, un médico de la zona, que accedió a prestar asistencia médica a los talibés en su tiempo libre. El propio Ba comenzó a enseñar inglés a los niños, a proporcionarles comida y a rehabilitar las daaras.
«Es fundamental tener una conexión con los marabus; de lo contrario, no se puede hacer este trabajo», aseguró Ba. «Hablo el idioma que ellos hablan, por lo que me escuchan más… Soy un antiguo talibé, así que los conozco muy bien», detalló.
Gracias a sus conocimientos de inglés, Ba amplió la organización hablando con visitantes internacionales y empresas de Saint Louis para solicitar apoyo financiero y reclutar voluntarios.
«El objetivo es la educación y la artesanía», dijo Ba. «Sé que si tienen educación y artesanía, serán como yo o incluso mejores», añadió.
Se mostró convencido de que «sé cómo llevarlos hasta allí, porque yo pasé por eso y lo experimenté».
Un informe de 2019 de Human Rights Watch documentó 16 muertes de talibés por maltrato y negligencia, así como docenas de casos de palizas, maltrato, abuso sexual y encadenamiento y encarcelamiento en las daaras.
Se estima que, en 2017, 50 000 niños vivían como talibés en todo Senegal.
Aunque las familias suelen enviar a sus hijos a vivir a las daaras de forma voluntaria, el sistema se considera ampliamente como una vía para el tráfico de personas. Muchos talibés de Senegal proceden de comunidades empobrecidas del insular Guinea-Bissau y otros países vecinos de África occidental.
A lo largo de los años, el sistema de las daaras ha evolucionado con respecto a lo que era antes. Históricamente, los talibés residían predominantemente en entornos rurales, donde trabajaban en granjas a cambio de comida o recibían donaciones de los aldeanos. Con la urbanización, el sistema se ha transformado en explotación y mendicidad.
Ramata Haidara, becaria de la organización estadounidense Fulbright en Saint Louis, conoció a Ba a las puertas de un museo de la ciudad. Tras conocer la Maison des Talibés, Haidara se involucró inmediatamente como profesora voluntaria de inglés.
Haidara afirma haber sido testigo del aumento de la confianza de sus alumnos con el paso del tiempo.
«Les mostramos que merecen tener recursos, educación y gente que sea amable con ellos», explica Haidara.
El 1 de enero de 2026, la Maison des Talibés inauguró su primer edificio físico para apoyar a los talibés, proporcionándoles un espacio seguro fuera de la daara donde aprender habilidades, asistir a clases, comer, ducharse y recibir atención médica.
La ceremonia de inauguración del centro atrajo a más de 100 talibés. Ba dijo que la organización atiende a muchos más que eso en total, y que espera ampliar su alcance en el futuro.
Cheikh Tidiane Diallo, fabricante de perfumes y jabones que vive en Marruecos, fue uno de los primeros alumnos de Maison des Talibés. Diallo dijo que le agradece a Ba y a la organización por haberle brindado las habilidades y los contactos necesarios para mudarse a Marruecos y seguir su carrera.
«Tiene un buen corazón», dijo Diallo, «nunca se ha rendido. Realmente aprecio esa pasión que tiene».
Ba afirma que ve a su yo más joven en los talibés a los que ayuda y que ellos le inspiran tanto como él les inspira a ellos.
«Este es un lugar donde pueden reír, un lugar donde pueden comer, un lugar donde pueden sentirse bien», reflexiona Ba. «Este es nuestro hogar», sentencia.
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