28 octubre 2026
El Niño Godzilla amenaza la alimentación en América Latina
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NACIONES UNIDAS – El fenómeno meteorológico El Niño, por su fuerza ya apodado “Niño Godzilla” o super El Niño, probablemente se intensifique hasta 2027 y se sume a otros choques que agraven la situación alimentaria de América Latina y el Caribe, advirtió el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).

El Niño es un fenómeno que se origina con intervalos de dos a siete años, con vientos cálidos que elevan la temperatura en el océano Pacífico ecuatorial, y se alteran durante meses los ciclos de sequías y lluvias en varias regiones del planeta.

Los pronósticos “indican que este episodio podría ser uno de los más intensos registrados desde 1980, con efectos heterogéneos en América Latina y el Caribe”, reseña el más reciente de los “Gráficos para la reflexión”, del Pnud.

Se esperan sequías extremas en América Central, el Caribe, el norte de Sudamérica y Brasil, y, por contraste, lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos de tierra en el Cono Sur.

Para una región que es a la vez una importante productora de alimentos y está altamente expuesta a la variabilidad climática, las implicaciones son significativas, destaca el reporte.

Las sequías y las inundaciones pueden reducir las cosechas, afectar los medios de vida y la generación hidroeléctrica, lo que presiona tanto los sistemas alimentarios como los energéticos.

Pero esta vez, El Niño, apodado Godzilla como el monstruo varias veces versionado en el cine desde 1954, no llega solo, según advierte en Pnud en su reporte que titula “Jinetes en la Tormenta”, porque simultáneamente se combina con otras crisis.

El Niño Godzilla “es solo una parte de la historia”, pues “la inestabilidad geopolítica en el Medio Oriente ha afectado el comercio mundial y encarecido la energía y los insumos agrícolas”, señala el reporte.

“Las interrupciones en el estrecho de Ormuz (que conduce del golfo Pérsico al océano Índico), una de las rutas más importantes del mundo para el comercio de petróleo, gas y fertilizantes, dispararon los precios de la energía y los fertilizantes a comienzos de este año”, recuerda el informe.

En el punto más álgido de la crisis, en abril de 2026, los índices de precios de la energía y de los fertilizantes superaban en más de 60 % sus niveles de abril de 2025.

En la agricultura, estos choques se transmiten por varios canales a la vez. Fertilizantes más caros elevan el costo de producir alimentos. Una energía más costosa encarece las operaciones agrícolas y el riego. Y combustibles a mayor precio aumentan el costo de transportar los alimentos de las fincas a los mercados.

A eso se suma El Niño: las sequías, las inundaciones y el calor extremo pueden reducir las cosechas justo cuando los insumos para producir alimentos se encarecen.

El efecto sobre los precios no es inmediato ni proporcional, pero la interacción entre estos choques muestra que los fenómenos climáticos rara vez ocurren de forma aislada: se refuerzan entre sí y se cruzan con otras crisis globales simultáneas.

La dependencia de fertilizantes importados en América Latina y el Caribe añade otra capa de exposición, dice el Pnud.

A medida que la región se consolidó como gran exportadora de alimentos, el uso de fertilizantes creció a la par de la actividad agrícola, pero la producción doméstica de fertilizantes siguió el ritmo de la demanda. Hoy la región importa alrededor de 90 % del nitrógeno y casi toda la potasa que utiliza.

Esto deja a sus productores expuestos a las fluctuaciones de los precios internacionales y a los cambios en la oferta externa. Esta vulnerabilidad no es nueva: los mercados de fertilizantes también se vieron gravemente afectados tras el inicio de la guerra en Ucrania en 2022.

“Lo que se está gestando, entonces, es una tormenta perfecta. Un fenómeno de El Niño de alta intensidad amenaza la producción agrícola. La inestabilidad geopolítica encarece la producción y el transporte de alimentos. Y la dependencia de fertilizantes importados amplifica la exposición de la región a ambos choques”, resume el Pnud.

Advierte de que, sin tomar acción, estos choques geopolíticos y climáticos superpuestos podrían agravar la inseguridad alimentaria en la región, frenar el crecimiento económico y aumentar la pobreza.

Aunque la región ha avanzado en la reducción del hambre, 23 % de su población (unos 150 millones de sus 668 millones de habitantes) enfrentó inseguridad alimentaria moderada o grave en 2025.

Una menor producción agrícola, mayores costos de transporte y energía y los efectos rezagados del alza de los fertilizantes podrían encarecer los alimentos y otros bienes esenciales.

Para los hogares con presupuestos ya ajustados, esto puede dificultarles cubrir sus necesidades básicas y mantener una nutrición adecuada.

Para el Pnud, “si hay un aprendizaje que deja esta convergencia de choques, es que prepararse para El Niño va más allá de anticipar un fenómeno climático”.

Requiere “entender cómo interactúan las presiones climáticas, geopolíticas y económicas, y cómo las vulnerabilidades existentes pueden convertir choques simultáneos en retrocesos duraderos para el desarrollo humano”.

El reporte considera que “la buena noticia” es que los países no pueden evitar estos choques, pero sí pueden hacer mucho para limitar sus consecuencias, con lo que considera tres prioridades clave.

La primera es anticipar los riesgos y actuar antes de que llegue la tormenta: los gobiernos pueden combinar los pronósticos climáticos con información sobre los precios de los alimentos, la producción agrícola y las vulnerabilidades de los hogares, para identificar dónde es más probable que coincidan los riesgos.

Los mecanismos de financiamiento anticipado, los fondos de contingencia y las reservas de suministros esenciales pueden ayudar a actuar antes de que los shocks se traduzcan en mayores pérdidas humanas y económicas.

Luego, se debe proteger a las personas antes de que los choques temporales se conviertan en retrocesos duraderos. Para los hogares vulnerables, un aumento repentino de los precios de los alimentos o la pérdida de ingresos puede tener consecuencias que van mucho más allá de la crisis inmediata.

Los sistemas de protección social adaptativa, respaldados por registros sociales actualizados y mecanismos de pago flexibles, pueden brindar asistencia oportuna a quienes están más expuestos.

Las transferencias monetarias focalizadas, los bonos de alimentos y el apoyo temporal a agricultores, pescadores y ganaderos pueden ayudar a las familias a mantener su consumo, proteger sus medios de vida y evitar estrategias de afrontamiento (como vender activos productivos), que los hacen más vulnerables.

Finalmente, corregir debilidades estructurales: en la agricultura, un uso más eficiente de los fertilizantes, diversificar las fuentes de abastecimiento, ampliar la producción nacional cuando sea económicamente viable y promover alternativas sostenibles puede reducir la exposición a las disrupciones en los mercados globales.

A-E/HM

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