Encontrar el lado positivo entre la niebla de la incertidumbre climática
KUALA LUMPUR – Con la ciudad antriona envuelta en un manto de niebla, la urgencia de hacer frente a la crisis climática no podía haber quedado más clara al concluir el jueves en la capital de Malasia la Conferencia Global sobre Puntos de Inflexión 2026, de cuatro días de duración.
En la conferencia, los ponentes hicieron hincapié en la necesidad de que la humanidad se mantenga dentro de los límites planetarios, o del «espacio operativo seguro».
Traspasar estos límites podría tener consecuencias catastróficas, advirtió el profesor Johan Rockström, director del Instituto de Investigación sobre el Impacto Climático de la alemana ciudad de Potsdam y uno de los organizadores de la conferencia, celebrada en las instalaciones de la Universidad Sunway, en Kuala Lumpur.
Destacó los peligros de desencadenar cambios irreversibles en los principales sistemas de la Tierra. Algunas de las barreras ya se han roto, lo que se manifiesta en forma de colapso de las capas de hielo, blanqueamiento de los corales, reducción de los hábitats de la fauna silvestre y la lenta muerte de las selvas tropicales.

La conferencia «Puntos de Inflexión» reúne a científicos climáticos, activistas y expertos en finanzas. También destaca casos de éxito de todo el mundo
Los peligros enunciados amenazan la seguridad alimentaria, provocan desplazamientos, perjudican la salud humana y desestabilizan las economías.
A pesar de que hay muchas razones para ser pesimistas —entre ellas, la polarización social y política, el aumento de la desigualdad y la pobreza, y las guerras—, el mensaje en la conferencia fue, no obstante, de urgencia más que de desesperanza.
«La ciencia ha madurado, las pruebas están ahí… es hora de actuar… ese es el paso natural», afirmó Sultan Nazrin Shah, del estado malasio de Perak.
Pero hay otra cara de la historia de los puntos de inflexión.
El profesor Timothy Lenton, catedrático de Cambio Climático y Ciencias del Sistema Terrestre en la británica Universidad de Exeter y uno de los organizadores, habló de los «puntos de inflexión positivos».
Lenton, que lleva estudiando los puntos de inflexión desde la década de 1990, argumentó que estos podrían ayudar a las sociedades a avanzar hacia un futuro más sostenible. Citando el auge de la energía solar en Pakistán y la rápida adopción de los vehículos eléctricos en Noruega, señaló los cambios transformadores que pueden producirse en un periodo relativamente corto.
Pero proteger los ecosistemas es tan importante como las tecnologías, afirmó la conservacionista forestal indonesia Farwiza Farhan, al tiempo que defendía de forma convincente la protección del ecosistema de Leuser, una reserva de selva tropical en Sumatra y uno de los últimos lugares de la Tierra donde conviven en libertad tigres, elefantes, rinocerontes y orangutanes.
Otros se centraron en imaginar el futuro. Anab Jain, cofundadora de Superflux, con sede en Londres, describió la «Mitigación del Shock», una instalación inmersiva ambientada en un 2050 ficticio. Los visitantes entran en un apartamento imaginario moldeado por un futuro en el que ya se han producido algunos de los impactos más graves del cambio climático. Más de 100 000 personas lo han visitado desde 2017, afirmó.
El profesor y economista Jeffrey Sachs, director del Centro para el Desarrollo Sostenible de la estadounidense Universidad de Columbia, amplió el debate a los puntos de inflexión sociales, económicos y políticos. Si estos sistemas se decantaran en la dirección equivocada, advirtió, podrían desencadenar una «cascada de consecuencias devastadoras».
Los cambios planetarios y las condiciones sociales, económicas y políticas están profundamente interconectados, afirmó Sachs, lo que hace que la cooperación sea esencial para evitar el desastre.
Señaló en repetidas ocasiones la pobreza y la desigualdad como fuerzas que podrían agravar la inestabilidad, pero argumentó que no todo estaba perdido. Las herramientas para el cambio —el bienestar económico, la inclusión social, la sostenibilidad medioambiental y la paz y la cooperación entre naciones— ya existen, afirmó.
Los debates también abordaron la deforestación, el cambio en el uso del suelo, los fallos de gobernanza y el auge de la inteligencia artificial. Sin embargo, convertir las herramientas en acciones requiere dinero, políticas y voluntad política.
«Pero, ¿de dónde sale el dinero?», preguntaron muchos participantes, instando a fomentar políticas de apoyo y una cartera de «proyectos financiables» que protejan la naturaleza, de modo que los incentivos económicos favorezcan la regeneración frente a la extracción.
Uno de estos enfoques lo presentó Ralph Chami, por largo tiempo experto en temas macrofinancieros y después fundador de la organización Blue Green Future (Futuro Azul y Verde), quien esbozó su concepto de «PIB regenerativo», es decir, reconocer el valor de la «naturaleza viva» y contabilizarlo en el balance.
«¿Por qué matar a la gallina de los huevos [de oro]?», preguntó, contrastando un arrecife de coral vivo en las Maldivas —que proporciona un hábitat para los peces y desempeña un papel en el ciclo del carbono marino— con uno blanqueado que puede suponer una amenaza tanto para el turismo como para la pesca.

Pero el dinero y los mercados son solo una parte de la ecuación. La Dra. Jemilah Mahmood, directora ejecutiva del Centro para la Salud Planetaria de la malasia Universidad de Sunway, insistió en canalizar la energía de los jóvenes.
«Dadles espacio en los debates sobre políticas, enviadlos a las COP no como un gesto simbólico, sino para que negocien. Es su futuro», afirmó.
Como ejemplo de lo que los jóvenes pueden lograr, Mahmood señaló a los estudiantes de Derecho de las islas del Pacífico, cuya campaña contribuyó a que el cambio climático y los derechos humanos se llevaran ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).
Sus esfuerzos contribuyeron a una opinión consultiva histórica en julio de 2025, que aclaró las obligaciones legales de los Estados en materia de cambio climático. Los litigios climáticos y el papel de las acciones legales a la hora de exigir responsabilidades a los gobiernos también formaron parte del debate general.
Sin duda, lo más destacado de la conferencia fueron las historias de éxito de todo el mundo, que ofrecieron la esperanza más tangible.
Por ejemplo, el urbanista chino Dong Wang, especializado en «ciudades esponja» y planificación ecológica, compartió un proyecto de bajo coste, bajo mantenimiento y replicable en el corazón de Bangkok: la transformación de una antigua fábrica de tabaco en el Parque Forestal Benjakitti, de 142 hectáreas, al que desde entonces han regresado más de 200 especies de aves.
Eva Gladek, de Metabolic, que habló sobre NetZeroCities, mostró cómo 17 antiguas casas flotantes de la ciudad neerlandesa de Ámsterdam se reacondicionaron con tecnologías limpias y se transformaron en oficinas y espacios de trabajo energéticamente eficientes.
Sheela Patel, con sede en la ciudad india Bombay y directora de la Sociedad para la Promoción de los Centros de Recursos Locales, se basó en cinco décadas de trabajo con personas que viven en asentamientos informales para destacar otro tipo de resiliencia urbana.
A través de la campaña «Un techo sobre Nuestras Cabezas», las mujeres, con el apoyo de jóvenes profesionales, están contribuyendo a que las viviendas sean más resistentes a la lluvia, los vientos fuertes y el calor extremo.
Y estos esfuerzos no son meros experimentos puntuales. Patel señaló que el trabajo se ha documentado y difundido, y que se han creado más de 100 laboratorios en 20 países para ayudar a las comunidades a probar y replicar las soluciones. Gladek, por su parte, está ayudando a 100 ciudades europeas a avanzar hacia la neutralidad climática.
La conferencia, que invitaba a la reflexión, se inauguró con un mensaje de fe, en el que el sultán Nazrin Shah habló de la responsabilidad de la humanidad de cuidar el planeta, algo que, según él, «conlleva privilegios y obligaciones», pero que «no es una carga que deba temerse».
Concluyó con un tono bastante filosófico y espiritual, en el que el afamado cantautor británico Cat Stevens, conocido como Yusuf Islam, desde su conversión al Islam, instó a las personas a convertirse en el cambio en lugar de esperar a que el mundo cambie.
«Nunca dejéis de ser niños, pues hay luz en sus ojos y ven esperanza», afirmó, al tiempo que subrayó la necesidad de incorporar la espiritualidad a la educación. «Fijaos en cómo se ha colonizado el plan de estudios», remarcó.
Para que los puntos de inflexión positivos se mantengan, la ciencia por sí sola no será suficiente, concluyó Mahmood. También se necesitarán las voces de aquellos cuyo futuro está en juego.
T: MF / ED: EG
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