29 septiembre 2026
Palpables amenazas climáticas impulsan llamados a la acción al máximo nivel
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NACIONES UNIDAS – La cumbre de las Naciones Unidas sobre la Acción Climática y la Transición Justa, celebrada en el marco de la semana de alto nivel de la 81 Asamblea General de la ONU, evidenció la creciente alarma por una «catástrofe climática» que se cierne sobre los países más vulnerables.

La cita congregó a actores de la sociedad civil, científicos climáticos, los principales productores y consumidores de energía, expertos en desarrollo y líderes mundiales, abordó estrategias fundamentales para mitigar los impactos cada vez más graves de la crisis climática y acelerar el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

“El mundo clama por justicia climática en materia de mitigación, adaptación y financiación. Debemos responder a esa llamada con acciones, y no hay un momento que perder”, afirmó el secretario general de la ONU, António Guterres, en su discurso ante la cumbre, celebrada el 23 de septiembre.

“Pero las emisiones siguen aumentando cuando deberían reducirse drásticamente, y la expansión de los combustibles fósiles continúa, desafiando a la ciencia, la economía y el sentido común”, agregó.

“Hemos visto cómo nuestra dependencia de los combustibles fósiles ha causado estragos, haciendo subir los costes, agotando los presupuestos, asfixiando a los hogares y dejando a los países a merced de conflictos y decisiones que trascienden con creces sus fronteras, dijo Guterres.

Mientras tanto, agregó, “las empresas de combustibles fósiles se embolsan beneficios extraordinarios, mientras que la gente corriente paga la factura. Redoblar la apuesta por el petróleo y el gas solo consolidará nuestra vulnerabilidad durante décadas”.

Casi una década después de la puesta en vigor del del Acuerdo de París sobre el cambio climático, aprobado en diciembre de 2015, la cumbre se celebró en un momento en que los expertos en clima advierten de una nueva y peligrosa fase en la crisis climática mundial.

Los últimos datos indican que es prácticamente “inevitable” que las temperaturas globales superen en 1,5 °C los niveles preindustriales en los próximos 10 años.

Este rebasamiento plantea riesgos generalizados y multifacéticos, desde fenómenos meteorológicos extremos hasta emergencias de salud pública cada vez más graves.

La intensificación de las olas de calor, las sequías, los incendios forestales, las tormentas y las inundaciones sigue causando millones de muertes al año, provocando desplazamientos masivos y destruyendo infraestructuras críticas, especialmente en las el

En Bangladés, en una de las regiones del mundo más vulnerables al cambio climático, el primer ministro, Tarique Rahman, advirtió a la Asamblea General de que hasta el 18 % del territorio costero del país podría quedar totalmente sumergido por el aumento del nivel del mar.

Ello, alertó, pondría en peligro la seguridad y los medios de vida de decenas de millones de personas.

El presidente de Fiyi, Naiqama Lalabalavu, también destacó que más de la mitad de la población de su país vive a menos de un kilómetro de la costa, lo que expone a las comunidades a un riesgo significativo de sufrir desastres naturales.

Señaló además que se estima que las reservas de pescado disponibles para cada fiyiano disminuirán en casi 25 % para 2050, lo que amenaza con provocar una inseguridad alimentaria generalizada en toda la región.

El impacto acumulativo de estos desastres también está vinculado a la disminución del rendimiento de los cultivos, lo que afecta significativamente a la inseguridad alimentaria, acelera la pérdida de biodiversidad y provoca brotes generalizados de enfermedades.

El aumento de las temperaturas impulsa directamente la propagación de enfermedades transmitidas por vectores, mientras que la subida del nivel del mar y las inundaciones agravan las enfermedades transmitidas por el agua.

Como resultado, los países de todo el mundo siguen soportando enormes costes económicos y humanos, mientras que las organizaciones de ayuda y los sectores sanitarios luchan por hacer frente a la avalancha de necesidades.

Tarique Rahman, primer ministro de Bangladés, interviene en la Reunión de Alto Nivel sobre la Acción Climática y la Transición Justa. Imagen: Laura Jarriel / ONU

“Acabamos de vivir los meses de julio y agosto más calurosos de los que se tiene constancia. Las temperaturas globales de la superficie del mar se encuentran en máximos históricos, y lo peor está aún por llegar”, afirmó Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

“Entramos en un terreno peligroso en el que es probable que superemos una serie de puntos de inflexión que no solo regulan la estabilidad del sistema climático, sino que también determinan de manera fundamental los medios de subsistencia para el desarrollo humano”, agregó.

Numerosos ponentes también subrayaron la gravedad de un “super El Niño” inmensamente poderoso que se está formando rápidamente en el océano Pacífico, y que la OMM ha descrito como potencialmente el más fuerte en al menos un milenio.

Los datos del estadounidense Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (Noaa) indican que hay 90 % de probabilidades de que este fenómeno de El Niño constituya uno de los fenómenos meteorológicos más extremos de la temporada invernal 2026-2027.

Saulo advirtió de que los impactos globales del inminente fenómeno de El Niño serán enormes y duraderos, y harán que 2026 se convierta en el año más caluroso jamás registrado.

Yvonne Aki-Sawyerr, alcaldesa de Freetown, la capital de Sierra Leona, declaró ante la Asamblea General que los daños solo en África podrían superar los 20 000 millones de dólares, con pérdidas comparables previstas en otras regiones altamente vulnerables al clima.

La cumbre climática estableció nuevos objetivos para la comunidad internacional: volver a situar las temperaturas globales por debajo de 1,5 °C lo antes posible, limitar la gravedad y la duración de los efectos actuales derivados del rebasamiento de ese límite y facilitar la transición global hacia las energías renovables.

Guterres advirtió de que la generación actual se encuentra en un punto de inflexión crítico: es la primera en disponer de las herramientas para poner fin a la crisis climática y la última con la oportunidad de evitar una «catástrofe climática».

Entre las principales vías de acción climática destacadas durante la cumbre figuran el aumento de la cooperación intergubernamental, la inversión sostenida en sistemas de adaptación al cambio climático y de seguimiento de la resiliencia, y el despliegue a mayor escala de las energías renovables.

En los últimos años, las energías renovables se han abaratado significativamente en comparación con los combustibles fósiles tradicionales —como el carbón, el petróleo y el gas natural—, al tiempo que generan emisiones mucho menores, facilitan el desarrollo sostenible y podrían evitar pérdidas relacionadas con el clima por valor de cientos de miles de millones de dólares en todo el mundo.

Los países que representan aproximadamente 90 % de todas las emisiones mundiales han presentado sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) actualizadas, lo que indica un compromiso político generalizado con el Acuerdo de París en medio de tensiones geopolíticas cada vez más intensas.

Pero aun así, se prevé que las NDC actuales sigan sin alcanzar las reducciones de emisiones necesarias para evitar que se supere el objetivo de 1,5 °C.

Michael R. Bloomberg, enviado especial del secretario general de la ONU para la ambición climática y las soluciones, y también fundador de Bloomberg y Bloomberg Philanthropies, declaró ante la Asamblea General que las actuales contribuciones financieras de la comunidad internacional son insuficientes, y advirtió de que estas carencias en la financiación «pueden suponer la diferencia entre la vida y la muerte».

«Cada vez son más los países que reconocen que la energía limpia es esencial para su seguridad y estabilidad económica. Al mismo tiempo, aunque la financiación climática destinada a los países en desarrollo sigue siendo insuficiente, la cantidad se ha más que duplicado desde que entró en vigor el Acuerdo de París», afirmó Bloomberg.

Ahora bien, agregó, «todos sabemos que eso no es suficiente. Cada día surgen nuevas pruebas del agravamiento de los efectos nocivos del cambio climático».

A su juicio, «ningún lugar de la Tierra está a salvo del cambio climático. Los países necesitan más inversión en medidas de resiliencia que protejan a las personas y en redes eléctricas modernas e interconectadas que respalden la oleada de instalaciones de energía limpia».

«Ambas cosas requerirán más de ese tipo de colaboración que ha permitido avanzar durante la última década entre gobiernos y empresas, el sector filantrópico, las organizaciones sin ánimo de lucro y los líderes comunitarios», concluyó Bloomberg.

T: MF / ED: EG

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