Prevenir la demencia no depende solo de ti: la ciencia señala algo que llevábamos años pasando por alto
MADRID, 10 Sep. –
Investigadores de la Universidad de Curtin (Australia) señalan en un nuevo estudio que los esfuerzos para prevenir la demencia podrían estar depositando demasiada responsabilidad en las decisiones de las personas, pasando por alto las condiciones sociales y ambientales más amplias que influyen en la salud cerebral.
Los investigadores identificaron 61 factores de riesgo y protección contra la demencia potencialmente modificables para evaluar si los esfuerzos de prevención están pasando por alto las influencias sociales, ambientales y políticas más amplias que dan forma a la salud cerebral a lo largo de la vida.
El estudio, publicado en ‘The Lancet Public Health’, ha revelado un fuerte énfasis en los factores abordados a través de la motivación individual y el cambio de comportamiento, a pesar de que muchos riesgos de demencia están influenciados por condiciones que escapan al control directo de la persona.
Los investigadores descubrieron que se presta mucha menos atención a las influencias sociales y ambientales, como la educación, la vivienda, la seguridad del vecindario, el acceso a la atención médica, el aire limpio y la conexión social, a pesar de la creciente evidencia de que estos factores afectan la capacidad de las personas para proteger su salud cerebral. Se estima que la demencia afecta a 57 millones de personas en todo el mundo, y se prevé que esta cifra alcance los 139 millones en 2050. La autora principal, la doctora Jennifer Dunne, del Centro de Excelencia en Demencia de la Universidad de Curtin, asegura que los hallazgos cuestionan la forma en que tradicionalmente se ha concebido la prevención de la demencia. «Gran parte de la prevención de la demencia se centra en lo que las personas pueden hacer para reducir su riesgo: hacer más ejercicio, comer bien, mantenerse socialmente conectadas y cuidar su salud», cuenta el doctor Dunne.
«Estos factores son obviamente importantes por diversas razones, pero nuestro estudio demuestra que muchos de los factores que influyen en el riesgo de demencia no están únicamente bajo el control de un individuo. El lugar donde viven las personas, la educación que reciben, la atención médica a la que tienen acceso, el aire que respiran y las condiciones sociales y económicas que experimentan a lo largo de su vida pueden influir en la salud cerebral. Si nos centramos principalmente en el comportamiento individual, corremos el riesgo de pedir a las personas que tomen decisiones más saludables sin abordar las condiciones que hacen posibles esas decisiones».
La profesora Blossom Stephan, catedrática de Demencia en el Instituto enAble de Curtin y coautora del estudio, asegura que los hallazgos demostraban que la prevención de la demencia debía adoptar un enfoque más amplio, que abarcara a toda la población. «El siguiente paso es convertir esta evidencia en acciones concretas. La prevención de la demencia debe fomentar hábitos saludables, al tiempo que mejora la educación, los barrios, el acceso a la atención médica y otras condiciones sociales que influyen en la salud cerebral de la población a lo largo de la vida de una persona», incide el profesor Stephan.
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