El busto del emperador Claudio regresa a Calatayud 364 años después de que lo encontrara un agricultor
CALATAYUD (ZARAGOZA), 26
El busto del emperador romano Claudio, encontrado de forma fortuita en 1662 por un agricultor del barrio pedáneo bilbilitano de Huérmeda, ha regresado este miércoles al Museo de Calatayud, donde quedará expuesto durante un año.
Este busto formaba parte una escultura decorativa de alguna de las construcciones de la antigua ciudad romana de Bílbilis. Este hallazgo ha permanecido durante décadas en el Museo Provincial de Zaragoza, pero las obras de reforma que se están llevando a cabo en el mismo han permitido su préstamo a Calatayud mientras duren los trabajos, ha informado el Ayuntamiento.
El furgón con el resto arqueológico, custodiado por la Policía Nacional, ha llegado sobre las 10.30 horas a lo que fue el Convento de las Carmelitas de Calatayud, ahora transformado en museo.
En un embalaje de madera construido para ese fin, y junto a varias piezas más de distinta época y tamaño, se ha hecho la mudanza de quien goberno el imperio romano entre los años 41 y 54 d.C.
Como bromeaba el subdirector del Museo de Calatayud y que lo ha sido también de las excavaciones arqueológicas que durante años se han realizado en Bílbilis, Carlos Sáenz, Claudio ha vuelto a encontrarse con familiares suyos en este espacio expositivo, como Augusto, Tiberio o Livia, con los que «no siempre fueron bien avenidos».
Será el próximo jueves, 3 de septiembre, cuando se inaugurará la exposición ‘Claudio vuelve a casa 364 años después’, de la que esta pieza es el centro. Junto a ella, se mostrarán en varias vitrinas una cabeza de piedra celtibérica y otros restos arqueológicos de época islámica y romana.
Ese día se tendrá muy presente al profesor Manuel Martín Bueno, fallecido este mes de agosto, y a quien se deben las excavaciones en este yacimiento, así como la existencia del Museo Municipal de Calatayud desde 1972.
Los restos del busto de Claudio son importantes porque en Aragón no se había localizado nada semejante y para Calatayud tiene además otro componente, que es la oportunidad de mostrar el yacimiento de la antigua Bilbilis, para lo que van a ejecutar un plan director en varias fases, de las que ya se han llevado a cabo las preliminares, a expensas de que las siguientes se doten en los Presupuestos Generales del Estado.
EL ORIGEN
En 1662, un agricultor huermedino se topó mientras araba el campocon un gran bloque de mármol. Como describe Sáenz Preciado, Doctor en Historia, y director del departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Zaragoza, «esta obra escultórica estaba integrada en un ciclo estatutario en honor de los emperadores de la dinastía Julio-Claudia, similar a los que tuvieron otras ciudades romanas como Caesar Augusta, Tarraco o Veleia».
«Pudo estar albergando el templo o el foro de Bílbilis y está realizada sobre mármol de la isla griega de Paros», añade. La escultura en origen era de cuerpo entero, pero fue cercenada por el agricultor durante su extracción. La cabeza reutilizó un retrato anterior del emperados Calígula.
Carlos Sáenz remite a los datos que recoge el historiador Vicente de la Fuente para seguir el camino hasta el que ha sido el destino y hogar de este hallazgo durante todos estos siglos.
Según indicaba quien ejerció como cronista de la ciudad, la persona que localizó ese gran bloque de piedra mientras trabajaba la tierra desconociendo lo que era y «la rompió á golpes con el azadón, quedando apenas entera la cabeza».
Aquella cabeza de mármol pasó a manos de un noble, de Miguel Martín de Villanueva, conde segundo de San Clemente, hijo de Calatayud, y amante de sus antigüedades. Él mandó a un escultor que hiciese el torso, el medio cuerpo que hoy tiene, y que pudo esculpirse sobre los fragmentos del bloque que igualmente pudo adquirir.
Dos años después de ser localizado, Miguel Martín quiso que la cabeza y el busto se colocasen sobre un pedestal de mármol negro de Calatorao. Sobre él mandó grabar esta inscripción: ‘Bambola me clausit tenebris Bilbilis olim: Laetor ut ex Comitis lumine luce fruar’, que viene a decir «Bámbola me condenó a la oscuridad donde otrora estuvo Bílbilis: me alegro de gozar de la luz a partir de que el conde me viera».
La pieza con el busto y el pedestal llegaría con posterioridad a la Sociedad de Amigos del País, que en 1868 la depositó definitivamente en el Museo de Zaragoza.
Ahora, 158 años después, el busto retrato del emperador Claudio se ha encontrado con otras piezas arqueológicas que la tierra también ocultó, y que salieron al exterior para sorpresa de quienes las descubrieron a lo largo de los años de excavaciones arqueológicas.
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