El gasto de hogares mayores pasa de estar un 20% por debajo de la media hace 20 años a superarla, según Funcas
MADRID, 23 Jul. –
El gasto por unidad de consumo de los hogares encabezados por individuos de 65 años o más ha pasado de estar un 20% por debajo de la media en 2006 a situarse por encima en 2025, mientras que los hogares con cabezas de familia en edades centrales han perdido posiciones.
La desigualdad de gasto o de consumo entre los hogares españoles se ha mantenido estable en las últimas dos décadas, mientras que la desigualdad de ingresos ha registrado oscilaciones. En ese periodo, el cambio más llamativo es el relativo al nivel de gasto dependiendo de la edad del sustentador principal, según una nota publicada por Funcas en la que analiza los resultados correspondientes a 2025 de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) del INE.
Según explican los expertos de Funcas, el ascenso relativo del gasto de los hogares de mayores se dio en dos fases. La primera, en la que se produjo la mayor parte de la ganancia, tuvo lugar en la crisis de 2008 a 2013, cuando los ingresos en los hogares de la gente mayor se mantuvieron o incluso crecieron, al quedar muy protegida la revalorización de las pensiones, mientras que los ingresos de los hogares con miembros en edad de trabajar cayeron, sobre todo, por el desplome en la tasa de ocupación.
La segunda fase de mejora, más moderada, se corresponde con el último lustro, en consonancia con unos incrementos de las pensiones superiores a los de los salarios, la principal fuente de ingresos del resto de hogares.
Dado que la edad está muy asociada con la situación laboral, al comparar el gasto de los hogares cuyo sustentador principal está jubilado con el resto de los hogares se observa que los primeros han mejorado con claridad su posición relativa en el periodo considerado, ganando su índice 21 puntos porcentuales (de 86 a 107).
Así, su gasto ha pasado de ser inferior a la media a superarla nítidamente, correspondiendo las fases de crecimiento a las mostradas para la población mayor. Por el contrario, el gasto en los hogares encabezados por ocupados o por parados pierde, en términos relativos, 8 y 7 puntos, respectivamente.
Según ha explicado el investigador de la Dirección de Estudios Sociales de Funcas, Juan Carlos Rodríguez, mientras que la desigualdad de ingresos es muy sensible al ciclo económico (sube con la crisis y baja con la recuperación), la de gasto tiene variaciones mucho menores. «Esto confirma que los hogares suelen amortiguar sus oscilaciones de renta intentando mantener su nivel de consumo ahorrando (o desahorrando), o endeudándose», ha señalado.
BRECHAS SEGÚN EL ORIGEN Y LA POSICIÓN SOCIOECONÓMICA
El análisis de Funcas también refleja la existencia de brechas persistentes según el origen y la posición socioeconómica, que apenas experimentan cambios en el periodo estudiado.
Los hogares encabezados por nacidos en España mantienen un nivel de gasto claramente superior al de los encabezados por nacidos en el extranjero, con una diferencia media del 27% en el periodo 2011-2025 que apenas cambia con el tiempo.
Algo parecido ocurre si se tiene en cuenta la ocupación de los sustentadores principales: si su ocupación es de nivel alto gastan mucho más que los de ocupaciones de nivel bajo, pero el orden relativo apenas se altera desde 2012.
Para Juan Carlos Rodríguez, de este análisis se derivan al menos tres consideraciones para la conversación pública sobre la desigualdad. La primera es que este debate, centrado casi siempre en los ingresos, gana matices al incorporar el consumo, puesto que el bienestar material de los hogares está repartido de forma menos desigual, y menos cambiante, de lo que sugieren las cifras de renta.
La segunda conecta con la discusión del equilibrio entre generaciones, y la tercera es la relativa a la brecha de gasto según el país de nacimiento del sustentador principal.
«Pese a que en estos tres lustros la población inmigrante ha atravesado distintas fases del ciclo migratorio, no se aprecia convergencia de sus niveles de consumo con los de los hogares autóctonos, lo que sugiere que ni el paso del tiempo ni el crecimiento económico bastan, por sí solos, para cerrar esa distancia», ha apuntado.
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