13 julio 2026
La crisis de la financiación europea pone a prueba la frágil democracia de Tanzania
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DAR ES SALAAM, Tanzania – Cada tarde, justo antes de la puesta de sol, Salima Kitwana se dirige cojeando al patio trasero de su casa con una fotografía en la mano.

En la imagen, su hijo Hemedi, vestido con una camiseta verde de fútbol, que sonríe con timidez a la cámara, sin saber que su destino pronto se vería envuelto en uno de los capítulos políticos más oscuros de Tanzania.

A sus 57 años, Kitwana lleva nueve años conviviendo con la diabetes, pero afirma que la enfermedad ha empeorado desde la desaparición de su hijo tras las controvertidas elecciones del 29 de octubre de 2025 y la violenta represión que siguió.

Sus dedos de los pies retorcidos, envueltos en gasas manchadas de yodo, evidencian las marcas de úlceras crónicas. Algunos días se queda sentada en silencio durante horas. Otros, se retuerce de dolor, susurrando su nombre como si repetirlo pudiera traerlo de vuelta.

«Desde que Hemedi desapareció, mi cuerpo ha cambiado. No como ni duermo bien. Mi enfermedad ha empeorado porque mi mente no está en paz», explica a IPS.

Han pasado ocho meses y él no ha regresado.

«Mis vecinos me dicen que siga adelante. Sinceramente, ¿cómo voy a seguir adelante si no sé si mi hijo está vivo o muerto?», dice.

Al igual que Kitwana, cientos de familias de toda Tanzania siguen buscando respuestas tras la violencia postelectoral que, según las autoridades, se cobró al menos 518 vidas. Los grupos de derechos humanos afirman que la cifra podría ser mayor, con decenas de personas aún desaparecidas, como resultado de la represión.

Su dolor, privado e íntimo, forma ahora parte de un ajuste de cuentas político más amplio que está empezando a resonar mucho más allá de las fronteras de este país de África oriental, con unos 68 millones de habitantes.

Los activistas han acusado a la presidenta Samia Suluhu Hassan de recurrir a una fuerza excesiva para afianzar su control del poder, unas acusaciones que las autoridades rechazan, insistiendo en que las operaciones de seguridad eran necesarias para restablecer el orden.

En los comicios de octubre del año pasado, resultó reelegida la presidenta que gobierna el país desde 2021, en unos resultados que fueron enturbiados por la violencia y las denuncias de irregularidades, y a los que siguieron protestas contra el cada vez más desnudo autoritarismo de Hassan.

A medida que aumenta la presión para que se rindan cuentas, la crisis interna de Tanzania está atrayendo cada vez más la atención internacional, lo que plantea preguntas más difíciles en las capitales europeas sobre si la ayuda al desarrollo puede seguir aislada de las preocupaciones relacionadas con la gobernanza.

Para familias como la de Kitwana, esos debates no importan. Sin embargo, ahora se ven vinculadas a estas decisiones que se toman a miles de kilómetros de distancia.

Salome Makamba, viceministra de Energía, prepara el almuerzo en una cocina de energía limpia instalada a través del programa CookFund, financiado por la Unión Europea en Tanzania. La iniciativa ha dotado a más de 45 instituciones públicas de modernas tecnologías de cocina, lo que ha beneficiado a más de 62 000 estudiantes y ha reducido la dependencia de la leña y el carbón vegetal. Imagen: CookFund / UNCDF

El mes pasado, el Parlamento Europeo decidió bloquear el desembolso propuesto de un paquete de ayuda al desarrollo de 156 millones de euros (168 millones de dólares) para el programa de cooperación de Tanzania de 2026, alegando preocupaciones por la violencia postelectoral y el retroceso democrático.

La votación no suspende automáticamente la ayuda. Según las normas fiduciarias de la Unión Europea (UE), las decisiones finales recaen en la Comisión Europea y en las negociaciones posteriores con las autoridades tanzanas.

Aun así, el mensaje tuvo un gran peso político.

La financiación europea lleva mucho tiempo integrada en la arquitectura de desarrollo de Tanzania, apoyando la educación, las infraestructuras, las reformas de gobernanza y los servicios sociales.

Pero los analistas afirman que la votación refleja una ruptura más profunda.

Al igual que la derrota de Kitwana, «esta votación tiene que ver con la ruptura de la confianza entre socios que en su día compartieron prioridades de desarrollo», afirmó Joseph Ngwegwe, un comentarista político afincado en Dar es Salaam, la sede del gobierno y la mayor ciudad del país, afincada sobre el océano Índico

Culpó al gobierno de subestimar el coste diplomático de la represión posterior a las elecciones.

«Nuestra reputación ha sufrido un duro golpe porque quienes están en el poder actuaron bajo la ilusión de que la violencia postelectoral podía tratarse como un asunto de seguridad puramente interno y desaparecer discretamente», declaró a IPS.

Ngwegwe advirtió de que Tanzania podría estar entrando ahora en un periodo en el que las reformas graduales ya no sean suficientes.

«Este es un momento de ruptura y renovación. Hemos llegado a un punto en el que las reformas a medias ya no bastan: el propio sistema necesita un replanteamiento fundamental», afirmó.

Para Kitwana, este análisis no supone ningún alivio. Su preocupación sigue centrada en la ausencia, no en la diplomacia.

Intuyendo la creciente indignación por la decisión de la UE, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Tanzania actuó con rapidez para contener la percepción de una crisis de ayuda inminente.

El 19 de junio, el ministerio emitió un comunicado en el que insistía en que la votación del Parlamento Europeo no era vinculante y se había malinterpretado como una decisión definitiva.

«La votación en el Parlamento Europeo no es la decisión definitiva de la Unión Europea respecto al programa de cooperación de Tanzania para 2026», señaló el comunicado.

Las autoridades también intentaron minimizar las implicaciones financieras detallando la estructura del paquete, señalando que solo 17 millones de euros habrían ido a parar directamente a las arcas del Estado, mientras que el resto se canalizaría a través del sector privado.

Pero los críticos sostienen que esta defensa pasa por alto el impacto más amplio.

Godlisten Mallisa, abogado y crítico del gobierno, desestimó la interpretación oficial por considerarla políticamente optimista y económicamente engañosa.

«Cuando el proceso pasó de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo al pleno del Parlamento y el resultado se mantuvo sin cambios, sugerir que las cosas cambiarán drásticamente en la fase final ignora el mensaje político que se está transmitiendo», afirmó.

Advirtió de que incluso los fondos canalizados a través de organizaciones no gubernamentales siguen circulando dentro de la economía nacional.

«Es engañoso sugerir que el impacto será limitado porque la mayor parte del dinero se canalizó a través de organizaciones de la sociedad civil y socios para el desarrollo», adujo. «Estas instituciones dan empleo a tanzanos, pagan impuestos, apoyan a las empresas locales y prestan servicios», agregó.

Para hogares como el de Kitwana, estos debates financieros se traducen en incertidumbre que se suma al dolor.

La decisión europea también ha agravado tensiones diplomáticas más amplias.

En Washington, una propuesta legislativa bipartidista —la Ley de Reevaluación de la Relación Bilateral entre Estados Unidos y Tanzania— ha superado con facilidad las etapas clave en las comisiones del Senado.

El proyecto de ley exige una revisión exhaustiva de la cooperación en materia de seguridad, las preferencias comerciales y la ayuda al desarrollo, y propone sanciones específicas en el marco de la Ley Magnitsky Global contra los funcionarios acusados de estar implicados en la violencia postelectoral.

También ordena a las Agencias estadounidenses que evalúen la creciente alineación de Tanzania con Moscú y Beijing.

A esta presión se suma la detención continuada del líder de la oposición Tundu Lissu, que los gobiernos occidentales y las organizaciones de derechos humanos citan como prueba de la reducción del espacio democrático.

Las autoridades han rechazado las acusaciones de persecución política.

De vuelta en Bunju, a las afueras de Dar es Salaam, la vida de Kitwana no se mide en votos parlamentarios ni en declaraciones diplomáticas, sino en el silencio de su hogar.

Algunas mañanas cree que su hijo volverá. Otras se prepara para recibir una noticia que aún no ha llegado.

«Si alguien me dijera que ha muerto, lo lloraría y rezaría por él», afirma. «Pero este silencio es peor. Cada día me despierto con la esperanza de que entre por esa puerta», dice señalando la entrada de su casa.

T: MF / ED: EG

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