7 julio 2026

Olas de calor en Europa demuestran que cambio climático no es solo un problema de los países pobres

Olas de calor en Europa demuestran que cambio climático no es solo un problema de los países pobres
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PARÍS – Si se presta atención a la retórica sobre el cambio climático (al menos en aquellos foros en los que aún se permite utilizar el término), se observa una tendencia emergente preocupante entre algunos líderes de opinión preocupados por el clima, como ilustra la carta de Bill Gates a la COP30 de noviembre pasado.

En ella, Gates sostiene que el cambio climático es principalmente un problema al que se enfrentan los países más pobres: «Aunque el cambio climático tendrá graves consecuencias —especialmente para la población de los países más pobres—, no provocará la desaparición de la humanidad. La gente podrá vivir y prosperar en la mayoría de los lugares de la Tierra en un futuro previsible».

En muchos sentidos, Gates tiene razón: las personas que viven en los países más pobres son especialmente vulnerables al cambio climático, y la Tierra seguirá siendo capaz de sustentar a la humanidad durante décadas y más.

Pero lo que las olas de calor sin precedentes que han azotado Europa en el recien comenzado verano boreal ha servido para recordar a quienes vivimos en países más prósperos es que hay diferentes formas de vida —y que vivir bajo una ola de calor de casi 40 grados Celsius (más de 100 grados Fahrenheit) puede impedirnos prosperar.

Las dos seguidas y mortales olas de calor que ha soportado Europa, cuando el verano apenas ha comenzado en el hemisferio norte,  ultima ola de calor europea pone de manifiesto cómo el cambio climático también supone una amenaza para los países más ricos… hoy y, más aún, mañana, cuando el aumento de las emisiones de CO₂ provoque fenómenos meteorológicos aún más frecuentes y severos.

El autor, Philippe Benoit

Ya se trate de la clase media, la clase trabajadora o incluso de los más acomodados, la vida puede empezar a verse limitada ante condiciones meteorológicas extremas. Resultó irónico (quizá la palabra más adecuada sea «triste») ver cómo se cancelaban varios actos de la Semana de Acción Climática de Londres debido al aumento vertiginoso de las temperaturas.

Quedarse en casa suele convertirse en la mejor opción, pero solo funciona realmente como refugio si uno puede permitirse el aire acondicionado.

Quienes no lo tienen deben esperar encontrar algún centro comercial u otro espacio comercial con aire acondicionado —algo poco habitual— al que escapar.

Probablemente, los únicos que permanecen ajenos al aumento de las temperaturas son los muy ricos, que pueden subirse a un avión en cualquier momento para huir a otra parte del mundo que no esté sufriendo una ola de calor.

Y, mientras tanto, las altas temperaturas y el consiguiente aumento de la demanda de aire acondicionado están ejerciendo una fuerte presión sobre las redes eléctricas europeas, lo que aumenta la posibilidad de que se produzcan cortes de electricidad aún más graves.

Algunos analistas han argumentado que las olas de calor récord están provocadas por la acumulación de altos niveles de CO₂ en la atmósfera, generados por la quema de combustibles fósiles. El análisis que vincula esta ola de calor concreta con el uso de combustibles fósiles es complejo y excede mis competencias (soy experto en energía, no especialista en atmósfera).

Sin embargo, lo que los científicos tienen claro es que podemos esperar más fenómenos meteorológicos extremos de este tipo a medida que sigamos vertiendo cantidades masivas de CO₂ adicional a nuestra atmósfera procedentes de la combustión de combustibles fósiles (actualmente, más de 35 gigatoneladas al año).

Lamentablemente, el cambio climático afectará a nuestras vidas de muchas formas más allá del calor extremo.

Desde incendios forestales que arrasan negocios y viviendas (incluidas las de los ricos, como demostraron los incendios del año pasado en Hollywood), hasta vientos más fuertes que derriban postes eléctricos y árboles, pasando por inundaciones recurrentes que asolan pueblos (como ha ocurrido en Alemania), hasta un repunte de las muertes relacionadas con el calor y otros riesgos para la salud derivados del clima, todo ello mientras se ralentiza simultáneamente la actividad económica a medida que la naturaleza causa estragos en el orden normal de nuestras vidas, nuestros puestos de trabajo y nuestras economías.

Puede que no llegue a ser un apocalipsis climático, pero dista mucho de ser un inconveniente menor que se pueda ignorar sin más.

Y lo que es más importante, como dice la vieja canción de Bachman-Turner Overdrive, en lo que respecta al poder destructivo del cambio climático, «You Ain’t Seen Nothing Yet» (Aún no has visto nada). De hecho, podemos esperar lo peor en el futuro si no reducimos las emisiones de gases de efecto invernadero.

Sí, el cambio climático tendrá un impacto especialmente grave en los países más pobres del mundo. En ese sentido, gates tiene toda la razón. Pero esta reciente ola de calor en Europa pone de manifiesto que el cambio climático también es una amenaza para los países más ricos… hoy y, más aún, mañana, cuando el aumento de las emisiones de CO₂ provoque fenómenos meteorológicos aún más frecuentes y severos.

Así pues, cuando los políticos y los expertos intenten limitar el impacto del cambio climático a los más pobres del mundo, o peor aún, intenten eliminarlo de nuestro discurso político y normativo, recordemos estas últimas semanas y que, salvo para los superricos, el cambio climático es una amenaza para todos.

Philippe Benoit es director general de Global Infrastructure Advisory Services 2050 (Análisis de infraestructura global y sostenibilidad 2050, www.gias2050.com), especializado en cuestiones internacionales de energía y clima. Anteriormente trabajó como jefe de división en el Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía, como director en SG Investment Bank y como investigador adjunto sénior en el Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia-Sipa. También publica numerosos artículos sobre cuestiones internacionales relacionadas con la energía y el cambio climático.

T: MF / ED: EG

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