Mujeres: la contradicción que frena la extrema derecha en Brasil
RÍO DE JANEIRO – La extrema derecha, que tiene dificultades de conquistar la mayoría de los votos femeninos en todas partes, enfrenta en Brasil un escollo más, ante el conflicto entre su candidato presidencial y Michelle Bolsonaro, la mujer del expresidente Jair Bolsonaro.
Reconocida por su popularidad entre la población evangélica, ella se apuntaba como una posible y competitiva candidata a la presidencia del país en las elecciones de octubre de 2026, por su potencialidad de atraer el voto de las mujeres, además de los religiosos.
Pero el expresidente y líder de la ultraderecha, inhabilitado para las próximas elecciones y condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado en 2022, eligió como heredero a su hijo primogénito, el senador Flavio Bolsonaro.
Se impuso el patriarcado y la misoginia propios de la extrema derecha. Sería muy contradictorio entregar el liderazgo de esa corriente política a una mujer y que es Bolsonaro por matrimonio, no por sangre.
“Las mujeres enfrentan dificultades para entrar al mundo de la política” en general, reconoce Elimar do Nascimento, sociólogo y profesor de la Universidad de Brasilia. Pero en el caso de la extrema derecha, que cultiva la supremacía masculina, los obstáculos son mayores.
“El fascismo de un siglo atrás tenía una fuerte base femenina, por ejemplo en España, Italia y Portugal, pero era un movimiento de mujeres en la base y en papeles secundarios. Hoy ellas están en la base, en posiciones intermedias y en el liderazgo”: Sonia Corrêa.
Michelle Bolsonaro presidió la sección femenina del Partido Liberal (PL Mujeres) durante tres años, en que organizó una red nacional de activistas. Dejó esa función el 30 de junio, tras desatar una crisis partidista y familiar con un video que divulgó seis días antes.
Denunció haber sido “maltratada” y “humillada” por Flavio Bolsonaro, quien habría dicho que ella “no entiende nada de política” y debería “quedarse fuera de las decisiones del partido”.
La hostilidad estalló por discrepancias en relación a candidatos a gobernador y senadores en el nororiental estado de Ceará. Ella se opuso al apoyo del PL a políticos que en el pasado fueron enemigos de Bolsonaro. “No canjearé valores por pragmatismo político oportunista”, arguyó.

Mujeres líderes descontentas
La ruptura tiene como efecto que ella no prestará su apoyo al candidato presidencial, su hijastro. Y las encuestas apuntan que, para los derechistas, sería muy importante ese respaldo.
La respuesta de los bolsonaristas fueron ráfagas de acusaciones y palabrotas por las redes sociales contra Michele Bolsonaro y su gran aliada, la senadora Damares Alves, quien fue ministra de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos durante el gobierno de Bolsonaro (2019-2022), pero que está afiliada al partido Republicanos.
Alves también divulgó un video público para defender a su amiga y acusar a los varones políticos de atacar la honra de las mujeres y usar “las mentiras más sucias en un intento de acallarnos y nos destruir”. Hizo un llamado a la resistencia de “las mujeres de derecha” en la militancia política.
Acusaciones de conversión a la izquierda y al feminismo, de adhesión al gobernante e izquierdista Partido de los Trabajadores, aparecieron en los mensajes de las plataformas digitales contra los pronunciamientos de las dos exponentes de la ultraderecha y del evangelismo radical.
Uno de los reconocidos bolsonaristas que se autoconsideran en “exilio” en Estados Unidos, Paulo Figueiredo, declaró públicamente que “las mujeres votan muy mal”, según comprueban las estadísticas, “especialmente las solteras”, ya que las casadas suelen oír sus maridos.
Ese pronunciamiento es el reflejo de un movimiento, más activo en Estados Unidos pero también con seguidores en Brasil, por la abolición del voto femenino o la adopción del voto familiar a cargo del jefe, en sustitución al sufragio individual.

Descenso ultraderechista
Los analistas políticos consideran que la decisión de Michelle Bolsonaro, al romper con su hijastro, resulta de su convicción de que él será derrotado en las elecciones generales de octubre.
Las últimas encuestas, de hecho, indican una ventaja de cerca de 10 puntos porcentuales para la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva contra Flavio Bolsonaro, que presenta mejores índices como contricante que otros candidatos.
La situación era de empate antes del 13 de mayo, cuando el portal de noticias The Intercept divulgó diálogos grabados del senador y candidato presidencial con Daniel Vorcaro, un banquero preso bajo acusación de cometer fraudes financieros que sumarían más de 2400 millones de dólares.
Los mensajes filtrados prueban que Flavio Bolsonaro negoció y cobró del banquero el aporte de 24 millones de dólares para la producción de un film biográfico sobre el expresidente, cuyo título es “Dark horse” (ganador sorpresa).
La vinculación ha resultado fatal para el candidato, porque Vorcaro, dueño del banco Master, es actualmente el símbolo de la corrupción para los brasileños, y está acusado de distribuir regalos en dinero, inmuebles de lujo y otros bienes a numerosos políticos, incluyendo viajes, fiestas y orgías sexuales en el exterior.
La repercusión de las peleas con la madrasta, en términos de pérdida de votos, será solo un factor adicional, combinado con el escándalo del banco Master, el hecho decisivo en el derrumbe de Flavio Bolsonaro en las encuestas, según Sonia Correa, codirectora del internacional Observatorio de Sexualidad y Política.

Contradicciones
Varias contradicciones y paradojas aparecen en el activismo de mujeres fuertes de la ultraderecha que buscan empoderar y movilizar mujeres en un medio misógino, no solo en Brasil, apuntó Corrêa, una arquitecta con posgrado en antropología y décadas de investigación sobre derechos humanos y las relaciones entre sexo y política.
Ella destaca la primera ministra italiana, Georgia Meloni, que asumió el liderazgo en la ultraderecha nacional, en desmedro de Matteo Salvini, que había sido viceprimer ministro.
Pese a la misoginia, la extrema derecha cuenta como líderes nacionales a varias mujeres, como Marine le Pen, en Francia, Alice Weidel, que copreside el ascendente partido Alternativa para Alemania, y ahora Keiko Fujimori, presidenta electa de Perú.
Son antifeministas que se beneficiaron de las luchas feministas por participación política y acceso al trabajo de las mujeres, destacó Corrêa. Pero son también producto de un trabajo organizativo e ideológico de décadas de esa derecha “neofascista”, acotó en entrevista a IPS en Río de Janeiro.
“El fascismo de un siglo atrás tenía una fuerte base femenina, como por ejemplo en España, Italia y Portugal, pero era un movimiento de mujeres en la base y en papeles secundarios. Hoy ellas están en la base, en posiciones intermedias y en el liderazgo”, comparó.
“Los conflictos internos no alteran la naturaleza perversa de esa derecha”, hay que esperar las nuevas encuestas y las elecciones para ver si la diatriba con la madrasta le quitará votos a Flavio Bolsonaro, matizó.
“Es interesante el paralelo entre las disputas de Michelle con Flavio en Brasil y la ruptura de Meloni con Donald Trump en el ámbito internacional. Son dos escenas de conflicto entre mujeres de derecha y hombres de derecha”, con la diferencia de que la brasileña es casada y la italiana, sin un hombre que intente darle órdenes, observó.
Meloni rompió con Trump por oponerse a la guerra estadounidense contra Irán y los ataques al papa León XIV, convirtiéndose en una alianza tóxica para Europa.
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Herminia Tavares de Almeida, socióloga, doctora en ciencia política y profesora jubilada de la Universidad de São Paulo, no identifica señales de “corrosión electoral” de la ultraderecha. Por ahora “es solo disputa de poder”, interna, que despierta poca atención de los “electores no cautivos”, dijo a IPS por teléfono desde São Paulo.
La extrema derecha es fuerte y el trabajo de Michelle Bolsonaro, de “organizar una base de mujeres evangélicas y pobres en un partido derechista es inédito en Brasil”, acotó.
Pero su crítica pública “es un desgaste para la candidatura de Flavio Bolsonaro”, discrepó Elimar do Nascimento.
Es lo que pretendía, argumentó, porque el proyecto de Michelle Bolsonaro, para 2030, requiere la derrota de su hijastro. “Si él es elegido como presidente, ella no tendrá lugar en el poder, será marginada”, declaró a IPS desde Brasilia.
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