El mundo no está preparado para otra pandemia como la covid


GINEBRA – Diez años después de la crisis más grave de ébola y a seis de la covid-19, el planeta no está más seguro frente a las pandemias sino todo lo contrario, según un informe divulgado este lunes 18 por la Junta de Vigilancia de la Preparación Mundial ante ese tipo de crisis.
“Los impactos sanitarios, económicos, sociales y políticos de las emergencias de salud no han disminuido y, en áreas importantes, están aumentando”, alertan en la presentación del informe las copresidentas de la junta, la exmandataria croata Kolinda Grabar-Kitarović y la exministra de Salud botsuana Joy Phumaphi.
Las responsables de la Junta, establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial, afirman que “las reformas no han seguido el ritmo del creciente riesgo pandémico y, “en resumen, el mundo aún no es significativamente más seguro”.
El informe, titulado “Un mundo al borde del abismo: prioridades para un futuro resiliente frente a las pandemias”, advierte que los brotes de enfermedades infecciosas son cada vez más frecuentes y dañinos.
Por contraste, la capacidad de recuperación de las sociedades se está erosionando, la ayuda al desarrollo cae a niveles no vistos desde 2009, y la fragmentación geopolítica alcanza extremos peligrosos.
“El mundo está al borde de daños aún mayores”, sentencia el documento, que analiza una década de emergencias de salud pública de importancia internacional: desde el ébola en África Occidental hasta el covid y el Mpox (la viruela del mono).
Recuerda por ejemplo cómo el virus zika se propagó a Brasil desde Oceanía en 2013-2014 y afectó a Sudamérica como epidemia desde abril de 2015 hasta noviembre de 2016.
Se estima que 1,5 millones de personas se infectaron con zica en Brasil, con más de 3500 casos de microcefalia infantil notificados, y la OMS señaló que el virus “aún representa un problema muy significativo y a largo plazo” en la región.
La covid surgió en diciembre de 2019 y se propagó rápidamente por todo el mundo, desencadenando una crisis global de salud, económica y social sin precedentes.
A pesar de los notables avances en diagnósticos, vacunas y tratamientos terapéuticos desarrollados a una velocidad récord, se produjeron más de 20 millones de muertes -según el informe-, acompañadas de la mayor contracción económica mundial desde la Segunda Guerra Mundial.
La rápida propagación mundial de la Mpox, iniciada en mayo de 2022, afectó a más de 120 países, la gran mayoría de los cuales no tenía antecedentes de la enfermedad.
Constituyó la primera transmisión sostenida y multicontinental de la Mpox, impulsada en gran medida por redes de contacto estrecho y los viajes internacionales.
Ese evento puso de manifiesto importantes deficiencias en la vigilancia, la comunicación de riesgos y el acceso equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos.
En esas medidas clave, el mundo está retrocediendo: las vacunas contra el Mpox tardaron casi dos años en llegar a los países de bajos ingresos afectados por el brote, un ritmo incluso más lento que los 17 meses que tomó para las vacunas del covid.
El impacto de estas emergencias va mucho más allá de lo sanitario y económico. Tanto el ébola (epidemia en África occidental, 2014-2016) como el covid dañaron la confianza en los gobiernos, las libertades civiles y las normas democráticas.
Las respuestas politizadas, los ataques a las instituciones científicas y la polarización han sobrevivido a las propias crisis, dejando a las sociedades menos resilientes para la próxima emergencia.
Para la Junta, lo más crítico es que la confianza y la equidad, pilares fundamentales de la preparación y repuesta ante pandemias, se están desmoronando.
Se erosiona la confianza entre gobiernos y ciudadanos; entre países; en las organizaciones multilaterales, y en la industria.
Y queda al descubierto una inequidad profundamente arraigada: en el acceso a la información, el conocimiento, la financiación y las contramedidas, desde el equipo de protección personal hasta las vacunas que salvan vidas.
“El mundo no carece de soluciones, pero sin confianza y equidad, esas soluciones no llegarán a las personas que más las necesitan”, subrayó Grabar-Kitarović.
La Junta, que concluirá su mandato este año, identifica tres prioridades concretas para los líderes políticos, la primera de las cuales es establecer un mecanismo de monitoreo independiente y permanente para rastrear el riesgo de pandemias.
Luego, avanzar hacia el acceso equitativo a vacunas, pruebas y tratamientos mediante la conclusión del Acuerdo sobre Pandemias, adoptado en 2025 por la OMS.
Y a continuación, asegurar una financiación sólida tanto para la preparación como para las actividades de respuesta al “día cero” de la eventual pandemia.
“Si la confianza y la cooperación siguen fracturándose, todos los países estarán más expuestos cuando llegue la próxima pandemia. La preparación no es solo un desafío técnico: es una prueba de liderazgo político”, insistió Phumaphi.
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