27 abril 2026
Sin huesos rotos, no hay delito: las nuevas normas de talibanes sobre violencia contra las mujeres
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KABUL – Los talibanes han establecido nuevas leyes que, en la práctica, legalizan la violencia doméstica contra las mujeres y los niños. El líder supremo de Afganistán, el mulá Hibatullah Akhundzada, firmó en enero un decreto por el que se introduce un nuevo código penal.

Ese nuevo código contiene tres partes, 10 capítulos y 119 artículos que legalizan la violencia, codifican la desigualdad social e introducen medidas punitivas ampliamente condenadas como un retorno a la esclavitud.

«Las leyes son otro ataque más contra las mujeres y violan flagrantemente los derechos humanos», afirma Mitra (nombre ficticio por razones de seguridad), una activista por los derechos de las mujeres residente en Afganistán.

Las leyes, que fueron filtradas al público por diversas organizaciones y medios de comunicación, han dejado a la gente, especialmente a las mujeres, en estado de shock. Sin embargo, no pueden actuar ni siquiera alzar la voz. Según el nuevo código, oponerse o hablar negativamente del régimen talibán se considera un delito y puede acarrear sanciones penales.

Según el artículo 32 del código penal talibán, los maridos tienen derecho a disciplinar físicamente a sus esposas e hijos. Siempre que no se rompan huesos ni se produzca sangrado visible, las acciones del hombre no se consideran un delito y no acarrean castigo penal.

Incluso si se demuestra ante un tribunal que la violencia infligida a una mujer ha causado lesiones visibles o fracturas óseas, el hombre se enfrenta a una pena máxima de solo 15 días de prisión.

Esta ley talibán ha legalizado de hecho la violencia doméstica y ha bloqueado el acceso de las mujeres a la justicia.

Según el artículo 32 del código penal talibán, los maridos tienen derecho a castigar físicamente a sus esposas e hijos. Siempre que no se rompan huesos ni se produzca sangrado visible, las acciones del hombre no se consideran delito y no acarrean sanción penal

Según el artículo 34 del nuevo código penal talibán, si una mujer visita repetidamente la casa de su padre o de sus familiares sin el permiso de su marido y no regresa a la casa de este, se considera un delito tanto para la mujer como para los miembros de su familia. La pena puede ser de hasta tres meses de prisión.

Según la nueva ley, un marido tiene derecho a agredir violentamente a su esposa si ella desobedece.

Este decreto talibán obliga a las mujeres a permanecer en sus hogares bajo cualquier circunstancia, incluso ante amenazas y violencia doméstica. Las mujeres ya no pueden buscar protección ni refugio en las casas de sus propias familias.

Según documentos de la organización de derechos humanos Rawadari, el código penal talibán fue promulgado por el mulá Hibatullah Akhundzada el 7 de enero de 2026 y posteriormente distribuido a las instituciones judiciales provinciales para su aplicación.

Los decretos emitidos por los talibanes, desde su retorno al poder en agosto de 2021, suelen mantenerse en secreto dentro de sus instituciones judiciales y solo se comunican al público a través de las mezquitas y los ancianos de la comunidad.

La población solo se entera de ellos cuando los medios de comunicación y las organizaciones de derechos humanos consiguen acceder a ellos y los publican.

El régimen talibán ha dividido efectivamente a la sociedad afgana en cuatro clases, y el castigo por un delito no viene determinado por la naturaleza del mismo, sino por el estatus social del infractor. En la cima se encuentran los eruditos religiosos, que reciben consejos y advertencias en lugar de castigos penales.

A continuación viene la élite, que incluye a los miembros de la clase dominante, como los ancianos de las aldeas y los comerciantes adinerados. Estos están sujetos a una escala de castigos más leve y, por lo general, evitan las penas de prisión, por ejemplo.

La clase media se enfrenta a castigos más severos. En la parte inferior de la escala se encuentra la clase baja, cuyo castigo puede incluir azotes públicos y duras penas de prisión.

La nueva ley también emplea un término que se refiere a los esclavos como distintos de las personas libres.

La esclavitud se abolió oficialmente en Afganistán en 1923. Pero según el nuevo código, tratar a las personas como esclavas vuelve a ser una práctica habitual. Por ejemplo, un amo tiene el derecho legal de disciplinar a su subordinado y un marido a su esposa.

Esto desmantela de hecho el principio de igualdad ante la ley.

Mitra afirma que estas leyes talibanes son un claro ataque contra las mujeres y violan todos sus derechos humanos.

Al aplicar estas normas, los talibanes han confinado a las mujeres entre las cuatro paredes de sus hogares, obligándolas a soportar cualquier tipo de abuso en silencio.

«Lo que los talibanes han establecido en los artículos 32 y 34 te pone los pelos de punta. Los talibanes ven a las mujeres únicamente como objetos sexuales. Estas leyes legitiman todas las formas de violencia contra las mujeres, y estas ni siquiera pueden buscar justicia o refugiarse en la casa de su padre o de su hermano. En efecto, esto encarcela oficialmente a las mujeres bajo todo el peso de la violencia doméstica», afirma.

Todas estas disposiciones se redactaron sin debate alguno y han entrado en vigor con escasa discusión y sin participación pública.

Su existencia solo se dio a conocer cuando la organización de derechos humanos Rawadari obtuvo las leyes y las publicó en su sitio web en lengua pastún. Poco después de su firma, se enviaron inmediatamente a las provincias para ser tramitadas por los tribunales controlados por los talibanes.

Como señala Maryam, una residente del distrito de Ragh, en la provincia nororiental de Badakhshan, una vez que los mulás locales anuncian las leyes talibanes en las mezquitas, estas se aplican de inmediato en los distritos y aldeas, y todos los casos se juzgan según esas normas.

«La mayoría de la gente de nuestra aldea es analfabeta, e incluso quienes tienen estudios o conocen los derechos de las mujeres no pueden decir nada por miedo. Si pronuncian tan solo una palabra, la gente del lugar se vuelve contra ellas y les surgen problemas. Las mujeres se ven obligadas a aceptar todo lo que digan sus maridos porque no tienen otra opción», afirma Maryam, también un nombre ficticio para proteger su seguridad.

Desde que los talibanes retomaron el control de Afganistán, han estado promulgando y aplicando decretos y leyes que han violado sistemáticamente los derechos humanos, confinando a las mujeres entre las cuatro paredes de sus hogares.

Pero esta vez han ido más allá, otorgando legitimidad legal a todas las formas de violencia contra las mujeres.

Mitra hace un llamamiento a todas las organizaciones de derechos humanos y a la comunidad internacional para que se opongan a las acciones de los talibanes y no les permitan arrastrar a las mujeres a un sistema de esclavitud propio de los primeros siglos.

Advierte de que, si el mundo no se pone del lado de las mujeres afganas, estas serán empujadas hacia la destrucción y se enfrentarán a una grave catástrofe humanitaria.

T: MF / ED: EG

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