30 marzo 2026

Una restauración digital revela aspectos desconocidos del retrato del Mestre Mateo en el Pórtico de la Gloria

Una restauración digital revela aspectos desconocidos del retrato del Mestre Mateo en el Pórtico de la Gloria
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SANTIAGO DE COMPOSTELA 30 Mar. Agencias –

Con motivo del aniversario de la colocación de los dinteles del Pórtico de la Gloria, que, según consta en la inscripción, se realizó el 1 de abril de 1188, el proyecto ‘KosmoTech_1200’ de la Universidad de Santiago en colaboración con la Fundación Catedral, ha hecho pública la restauración digital de una de las figuras más célebres y enigmáticas de esta pieza: el retrato del Mestre Mateo, conocido popularmente como ‘o santo dos croques’.

La restauración digital, que ya puede verse en el perfil audiovisual del proyecto, ha consistido en la restitución de las partes perdidas de la figura y en la reconstrucción de su policromía.

«El resultado permite apreciar la calidad excepcional de la obra, tanto en la sofisticación de su diseño escultórico como en la precisión de su ejecución material, restituyendo la intensa presencia que la figura debió de poseer dentro del programa original del Pórtico», explica el director científico del proyecto, el investigador Francisco Prado-Vilar.

El proceso de investigación ha revelado aspectos hasta ahora desconocidos de la historia material de la figura y de su significado iconográfico. Así, la restauración se acompaña de un estudio que ha permitido descodificar las claves de su diseño gestual y de su disposición escenográfica, poniéndola en relación tanto con la famosa inscripción de los dinteles, donde figura el nombre del Mestre Mateo, como con el coro pétreo hacia el que dirige su mirada.

Este análisis arroja nueva luz sobre cuestiones largamente debatidas en torno a la misteriosa figura del Mestre Mateo, como su origen e identidad, la naturaleza y alcance de su formación, y los contextos intelectuales y artísticos que hicieron posible la concepción de la obra. Al mismo tiempo, contribuye a redefinir sus vínculos con Santiago, no sólo en términos profesionales, sino también en relación con su posible inserción en el tejido cultural, litúrgico y pedagógico de la catedral, ofreciendo así una comprensión más profunda y matizada de su figura y de su papel en uno de los momentos más innovadores del arte medieval europeo.

«Mateo nos dejó su autobiografía delineada en su retrato, a la espera de ser descifrada. Está inscrita, literalmente, en su corazón, que es el núcleo semántico en torno al cual pivota la coreografía gestual de la figura. Nos encontramos ante un hito en la representación del artista como creador intelectual y, en particular, ante una formulación excepcional del concepto bíblico del ‘sapiens architectus’, el arquitecto sabio inspirado por Dios», matiza Prado-Vilar.

EXTENSOS DAÑOS

La investigación ha permitido documentar los «extensos daños» que sufrió, tanto en la cabeza, acentuados por el ritual de los «croques», como, especialmente, en su parte inferior, donde se encontraba una de las zonas más elaboradas de su diseño escultórico y que experimentó roturas y una constante disgregación del granito.

Una de las fotografías tomadas en los años cincuenta, antes del inicio de las excavaciones en la nave central de la catedral, resulta particularmente significativa, pues permite apreciar tanto el estado material de la escultura -con pérdidas visibles en su parte inferior- como su configuración escenográfica original, distinta de la actual.

Tras las intervenciones arqueológicas, el pavimento -que aún conservaba el nivel original, aunque había sido revestido con un enlosado de mármol en el siglo XIX- fue sustituido por una placa de hormigón y el nivel del suelo se rebajó, lo que explica que hoy la figura aparezca elevada sobre un pedestal. En su concepción original, sin embargo, Mateo se arrodillaba directamente en el suelo, compartiendo el mismo plano espacial que los fieles.

La restauración digital, realizada por Alexandre González Rivas mediante el uso combinado de más de diez softwares especializados, permitió revertir virtualmente los daños y recuperar el efecto original de la escultura según las investigaciones de Francisco Prado-Vilar.

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