3 noviembre 2020
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En algunos países hay una marcada disparidad entre los niños varones y hembras que pueden acceder a la enseñanza primaria, y la diferencia aumenta en la secundaria, con el riesgo de que la pandemia covid-19 acentúe esa brecha. Foto Unesco

En algunos países hay una marcada disparidad entre los niños varones y hembras que pueden acceder a la enseñanza primaria, y la diferencia aumenta en la secundaria, con el riesgo de que la pandemia covid-19 acentúe esa brecha. Foto Unesco

PARÍS, 9 oct 2020 (IPS) – El acceso de las niñas a la educación mejoró en todo el mundo en los últimos 25 años, pero persiste la exclusión y puede incrementarse con la pandemia covid-19, advirtió este viernes la Unesco con motivo de celebrarse el  domingo 11 de octubre el Día Internacional de la Niña.

“En este momento crítico, en el que la covid-19 está exacerbando las desigualdades de género, debemos renovar nuestro compromiso con la educación de las niñas y las mujeres”, sostuvo la directora general de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), Audrey Azoulay.

Las niñas “representan tres cuartas partes de todos los niños en edad de asistir a la escuela primaria que tal vez nunca asistan a ella”, destacó la responsable.

Desde 1995, la tasa mundial de matriculación de niñas aumentó de 73 a 89 por ciento, y los mayores avances se registraron en África subsahariana y Asia meridional, especialmente en India. En estos 25 años se han agregado 180 millones de niñas a la matrícula en la enseñanza primaria y secundaria.

“Las niñas representan tres cuartas partes de todos los niños en edad de asistir a la escuela primaria que tal vez nunca asistan a ella. En este momento crítico, en el que la covid-19 está exacerbando las desigualdades de género, debemos renovar nuestro compromiso con la educación de las niñas y las mujeres”: Audrey Azoulay.

En países como Bhután, Djibuti y Nepal, donde asistían a la escuela 80 niñas por cada 100 varones, ya se logró la paridad. Además, actualmente hay matriculadas en universidades el triple de mujeres que hace dos decenios, y se observan progresos particulares en África septentrional y Asia occidental.

Pero el género sigue desempeñando un papel importante en la matriculación en muchos países. En Chad, Guinea-Bissau y Yemen, menos de 80 niñas por cada 100 niños terminaron la escuela primaria y es dos veces más probable que los niños terminen la escuela secundaria que las niñas.

En por lo menos 20 países, principalmente en África al sur del Sahara pero también en Belice, Haití, Pakistán y Papúa Nueva Guinea, casi no hay mujeres jóvenes pobres de las zonas rurales que hayan terminado la enseñanza secundaria superior.

La Unesco llamó a abordar en primer lugar la disparidad en el acceso a los estudios y a su finalización. En cuatro por ciento de los países hay menos de nueve mujeres matriculadas por cada 10 hombres en la enseñanza primaria, y la disparidad llega a entre nueve y 15 por ciento de naciones para los ciclos de educación secundaria.

Todas las niñas embarazadas y los padres jóvenes deben recibir apoyo para asistir a la escuela. Las tasas de embarazos precoces siguen siendo altas en África subsahariana, y en países como Guinea Ecuatorial y Tanzania se prohíbe que las niñas embarazadas vayan a la escuela.

La Unesco aboga por que todos los maestros y consejeros escolares y profesionales reciban formación para evitar que los estereotipos negativos de género se extiendan a la enseñanza y a la elección de asignaturas por parte de las estudiantes.

Eso porque en el mundo el porcentaje de mujeres que estudian ingeniería o tecnologías de la información y la comunicación es inferior a 25 por ciento en más de dos tercios de los países, y la proporción de mujeres en la enseñanza técnica y profesional disminuyó de 45 por ciento en 1995 % a 42 por ciento en 2018.

También busca que currículos y libros de texto representen a las mujeres de modo que no se perpetúen estereotipos de género. Al analizar los libros de muchos países se comprobó que el texto y las imágenes no representan a las mujeres en posiciones sociales y económicas activas, sino en las funciones tradicionales de los hogares.

Todos los estudiantes deben tener acceso a una educación sexual integral que, según se ha demostrado, previene la violencia de género relacionada con la escuela, al promover la comprensión y el respeto de las identidades de género de los estudiantes, y también conduce a la reducción de la prevalencia de los embarazos precoces.

Finalmente, la Unesco promueve que un mayor número de mujeres ocupen puestos de liderazgo, para ayudar a cambiar las normas sociales y de género, y actuar como modelos de conducta para las estudiantes.

En el mundo las mujeres constituyen 94 por ciento de la docencia en la enseñanza preescolar, pero solo 43 por ciento en la educación terciaria o superior. Aún menos mujeres ocupan puestos de liderazgo en las universidades y en la administración de la educación.

Con base en su informe, la Unesco ha lanzado una campaña. #Soyla1eraNiña, compartiendo el impacto positivo que tienen los millones de mujeres que son las primeras de su familia en graduarse de la escuela secundaria o la universidad, para mostrar lo que sucede cuando los gobiernos invierten en la educación de las niñas.

A-E/HM

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