30 octubre 2026
Por la crisis, Cuba mantiene el horario de verano durante el invierno
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LA HABANA – Contra una larga costumbre y debido a la crisis energética que afronta el país, el gobierno de Cuba decidió no realizar el habitual cambio de horario este año.

Según una nota conjunta del Ministerio de Energía y Minas y el de Trabajo y Seguridad Social , se informó el sábado 24 que se mantendrá el horario de verano durante el invierno boreal de la isla, hasta el próximo cambio el 7 de noviembre de 2027.

La norma anual indica que en el segundo domingo de marzo se adelanta una hora y se establece el horario de verano (GMT-4), y que en el primer domingo de noviembre se atrasa a las cinco horas de diferencia con el horario internacional (GMT-5).

“Siempre que se acercan estos dos momentos del año (…) se generan disímiles opiniones al respecto”, escribió en un artículo publicado en la prensa local, Elier Pila, investigador del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba.

De acuerdo con Pila, “todo nace de que un cambio ‘tan pequeño’ de solo una hora desestabiliza ligeramente nuestro ciclo o ritmo circadiano, lo que se evidencia más en las actividades vinculadas con el descanso y la alimentación”.

“Me caen muy mal estos cambios de hora cada año: ajustar el reloj, reacomodar el día… me descompensa mucho. Además, me preocupaba virar del trabajo con la calle a oscuras, por todos los apagones como están este año”: Laura Molina.

Es más dificultoso dormir en la noche cuando se “adelanta el horario” y las personas tienen hambre más temprano cuando se “atrasa”, explicó.

“Me caen muy mal estos cambios de hora cada año: ajustar el reloj, reacomodar el día… me descompensa mucho. Además, me preocupaba virar del trabajo con la calle a oscuras, por todos los apagones como están este año”, dijo a IPS la tandera Laura Molina, una residente en La Habana de 34 años.

Según Pila, si bien es un momento molesto para muchas personas, tras el uso continuado del cambio de horario, las personas notarán las consecuencias de no hacerlo esta vez cuando, por ejemplo, la salida del sol continúe atrasándose a medida que avancen los meses.

“En la capital cubana, a partir del 10 de diciembre saldrá el sol pasadas las ocho de la mañana, por un periodo de poco más de dos meses hasta el 17 de febrero de 2027”, detalló.

De ahí que se haya tenido que reajustar, en consecuencia, la dinámica laboral y estudiantil del país.

Personas caminan por un boulevard en La Habana. La medida de mantener el horario de verano conllevará que se atrase 30 minutos la llegada al trabajo y a clases. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Consecuencias de cambiar o no el horario

La misma nota oficial del gobierno anunció que entre el 1 noviembre y el 14 de marzo —periodo del horario “normal” o natural respecto al sol—, se retrasará 30 minutos la entrada a las escuelas y centros de trabajo, “para no afectar las actividades sociales en las primeras horas del día”.

Los centros laborales, según lo dispuesto en el Artículo 223.2 del Código de Trabajo aprobado en julio, aplicarán la medida sin que represente una afectación al salario de los trabajadores.

Pero eso atañe sobre todo al sector estatal de la economía, que emplea a la mayoría de la población cubana.

Otros trabajadores como Raiko Toledo, un camarero en un bar privado de La Habana de 29 años, cuya jornada laboral termina casi a las cinco de la madrugada, sufrirán mayores percances.

“Yo siempre me quedo un rato más en el trabajo, esperando a que amanezca para poder irme a casa. Intento no irme antes, porque a oscuras es más peligroso y el transporte, más caro. Pero tendré que pensármelo ahora, no sé si valga la pena esperar más de dos horas, cansado, después de una noche difícil”, dijo a IPS.

Los efectos psicológicos y sociales en las personas influyen en el debate sobre si realizar un cambio de horario de horario, pero el peso de la decisión recae, como casi siempre, en la economía.

Muchos países que habían instaurado el horario de verano, lo quitaron años después porque los beneficios económicos ya no eran tan grandes como para sopesar la incomodidad del proceso por parte de las familias.

De América Latina, Paraguay abolió en 2024 el cambio de hora estacional. México lo hizo en 2022, salvo algunos territorios fronterizos. Brasil, en 2019, y otros países desde antes, incluso.

Hoy son pocas las naciones en la región, como Chile, que todavía cambian la hora. Muchas no lo han hecho nunca.

A escala mundial, solo 68 países –contando a la Unión Europea y aún a Cuba —, entre los más de 200 reconocidos internacionalmente, conservan algún sistema de horario de verano.

En Estados Unidos, su Cámara de Representantes votó en julio un proyecto de ley a favor de instaurar el horario de verano durante todo el año. Solo falta la aprobación del Senado para que la norma sea enviada para su firma al presidente estadounidense Donald Trump, quien lleva tiempo criticando los cambios de horarios.

“Ya es hora de que la gente deje de preocuparse por el ‘Reloj’, por no hablar de todo el trabajo y el dinero que se gasta en esta ridícula producción que se realiza dos veces al año”, escribió en una publicación de Truth Social

Los críticos hacia el cambio de horario señalan desde las alteraciones del sueño en los niños pequeños y la simplificación de la organización de los horarios, hasta que más horas de trabajo con luz significaría más actividad recreativa y económica, y menos delincuencia por las noches.

Los defensores, en cambio, aluden principalmente a cuestiones de eficiencia energética, debido al aprovechamiento de la luz solar durante la jornada laboral.

Cuba esgrimía los mismos argumentos, y por ello mismo fue que no aplicó la medida este año: ante la imposibilidad de importar petróleo para sus termoeléctricas, debido al boicot energético de Estados Unidos, la isla empezó a depender en cierta medida del sol y su energía fotovoltaica para sortear sus prolongados apagones.

Como parte de su presión económica al país, Trump estableció el 29 de enero un bloqueo al acceso de Cuba de petróleo, lo que agravó aún más la emergencia energética en el país, con largos cortes programados en el suministro eléctrico a los que se suman grandes e imprevistos apagones, nacionales o parciales.

Un operario instala paneles solares en la azotea de una vivienda de La Habana. La escasez de combustible y la necesidad de aprovechar al máximo la energía solar, ha impulsado que se mantenga el horario de verano en Cuba durante su invierno boreal. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Dependencia de la energía solar

La nota del gobierno estima que la decisión de mantener el horario de verano ahorrará 126 megavatios (MW), en el horario vespertino de la máxima demanda de electricidad, de los cuales, 76 MW “corresponden al ahorro por no usar iluminación artificial” y 50 MW, “por la generación de la energía solar fotovoltaica en ese horario”.

Cualquier ahorro es crucial en un contexto donde, desde hace dos meses —antes era peor aún la situación—, el déficit máximo en la generación de electricidad ronda diariamente los 2000 MW, para una demanda de 2900 MW.

De la electricidad que genera el país, 21,4 % procede de fuentes renovables de energía, dijo el 23 de septiembre el presidente Miguel Díaz-Canel, en el espacio de radio «Criterio Compartido».

Hasta esa fecha, había instalados en Cuba 1418 MW de capacidad de generación con fuentes renovables y 144 parques fotovoltaicos, con previsión de superar los 1500 MW en 2026.

Cuando opera el cambio de horario, en los meses de diciembre y enero el sol se pone alrededor de las seis de la tarde en el occidente de este país insular caribeño.

Sin ese cambio, sucedería una hora más tarde y, como ese momento coincide con uno de los horarios de más consumo de energía, se balanceará por un menor gasto de iluminación artificial y porque “todavía es posible aprovechar en parte la generación fotovoltaica”, explicó el experto Pila.

No es la primera vez en Cuba que se realiza una medida similar de mantenimiento del horario.

El cambio de horario se estableció en 1963, cuatro años después del triunfo de la revolución y 35 desde el primer tanteo de utilizar un horario de verano.

Desde entonces, solo en 1970 y entre marzo de 2004 y octubre de 2006, se dejó de cambiar la hora, también por cuestiones de ahorro energético.

La actual crisis energética comenzó en 2019, cuando las sanciones de durante el primer gobierno de Trump (2017-2021) empezaron a hacer mayor mella en los envíos de petróleo de Venezuela a Cuba, el mayor suministrador de crudo al país este siglo.

Desde entonces la situación no ha hecho más que empeorar con el deterioro de las termoeléctricas cubanas y la crisis pospandémica de la covid-19.

En 2026, tras la asfixia petrolera estadounidense, han ocurrido ocho apagones generales que han dejado sin electricidad a los 9,4 millones de habitantes del país.

La pantalla de un teléfono móvil muestra la interfaz de la aplicación “¿Hay Luz?”. Como respuesta a las necesidades informativas de la población durante la crisis, surgió esta aplicación que reporta los apagones en La Habana. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Adaptación de una sociedad entera

Tampoco es la primera vez que el gobierno cubano reajusta la cotidianidad de la sociedad ante las carencias ocasionadas por el bloqueo petrolero.

El 6 febrero, apenas unos días después de que Trump firmara la orden ejecutiva que amenazaba con sanciones a los países que suministraran hidrocarburos a Cuba, el ejecutivo de la isla implementó un plan de contingencia con medidas de racionamiento de combustible.

Entre las medidas, se restringió el transporte público, se promovió masivamente el teletrabajo, se reubicó a trabajadores y se redujo la semana laboral a cuatro días, de lunes a jueves, para gran parte del sector estatal.

El nuevo curso escolar empezó en septiembre con una mayor flexibilidad en las exigencias a los estudiantes, sobre todo en la relativo a la puntualidad en la asistencia, una especie de respuesta a la crisis que ya había forzado el adelanto de la clausura del anterior curso escolar.

Los cubanos, en general, tuvieron que transformar su cotidianidad al empezar, por ejemplo, a comprar alimentos al día, ante la falta de electricidad para conservarlos en sus neveras.

Otros crearon burbujas de confort con paneles solares o grandes baterías  de litio en la medida de sus finanzas.

Casi todos los habitantes desarrollaron en este año una preocupación y ansiedad constante respecto a si hay, o no, electricidad en sus casas, lo que los pondría a correr en función de las tareas básicas cotidiana que no pueden realizarse en medio de un apagón, como bombear agua o cocinar, en muchos casos.

Incluso desde hace pocos días, se ha popularizado la aplicación “¿Hay luz?”, que notifica en tiempo real, a través de internet, si regresó la electricidad al circuito de cada barrio de La Habana, utilizando los cientos de avisos dispersos que publica la estatal Empresa Eléctrica de La Habana desde su canal de Telegram o WhatsApp.

“Mi vida ha cambiado completamente durante este año. Nunca pensé que viviría ansioso porque me tocara más luz de la cuenta. O extremadamente feliz por ocho horas de luz, en vez de las cuatro previstas”, dijo el camarero Toledo.

ED: EG

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