26 octubre 2026
María Corina Machado cambia el juego político en Venezuela
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CARACAS – El sorpresivo regreso a su país de la líder opositora María Corina Machado cambia el juego político en Venezuela, al volcarse multitudes a las calles para apoyarla y renovarse así la presión sobre el gobierno provisorio que preside Delcy Rodríguez.

“Estoy aquí. Con ustedes” fue todo cuanto escribió Machado en sus redes sociales poco antes del mediodía del domingo 25, a la vez que entraba a un templo católico en la ciudad de Barquisimeto, 350 kilómetros al oeste de Caracas.

Permanecía prácticamente exiliada desde que en diciembre de 2025 salió clandestinamente de Venezuela para recibir, en Oslo, el Nobel de la Paz de ese año, cuya medalla entregó luego al presidente estadounidense Donal Trump.

Trump ordenó un asalto militar a Venezuela el pasado 3 de enero, capturó al entonces presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, y la vicepresidenta Rodríguez se convirtió en cabeza del Ejecutivo, con respaldo de Washington, que desde entonces ha cerrado acuerdos sobre petróleo y otros recursos con Caracas.

Machado intentó varias veces regresar a Venezuela en el transcurso de este año, lo que rechazaba el gobierno de Rodríguez con la aquiescencia de Washington, que posiblemente dejó de obstaculizar ese retorno para recuperar simpatías entre el electorado estadounidense de origen latino, que aplaude a la Nobel.

Aparentemente ingresó al país desde la vecina Colombia y como maniobra de distracción apareció en público en una ciudad lejos de la frontera. También calculando los tiempos para un ingreso triunfal al anochecer en Caracas.

La noticia de su regreso corrió en las redes sociales y ya a las afueras de Barquisimeto comenzaron a congregarse multitudes, que acudieron a los peajes y nudos carreteros en las principales ciudades del recorrido hacia la capital.

Ya muy entrada la noche ingresó a Caracas donde se repitió la escena de multitud recibiéndola, entre vítores, improvisadas pancartas, teléfonos móviles para recoger el momento y bosques de brazos intentando estrechar la mano de la líder, que saludaba en todas direcciones desde el techo panorámico del vehículo que la transportaba.

El carácter espontáneo y multitudinario de su recibimiento contrastó con la aparente apatía de la población en medio del inédito “momento político” que vive el país desde la violenta captura del expresidente.

Las manifestaciones de protesta, en relamo de servicios públicos, mejoras salariales o libertad para los presos políticos, han sido acotadas y generalmente reúnen decenas o a lo sumo centenares de personas en Caracas y otras ciudades.

Del lado oficialista, las contramarchas igualmente congregan a muy pocos seguidores, a pesar de los intentos por revivir consignas de los mejores tiempos del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).

El Psuv fue fundado durante su gobierno (1999-2013) por el fallecido presidente Hugo Chávez, a quien sucedió Maduro desde 2013 y tenía a Rodríguez como vicepresidenta cuando se produjeron el ataque estadounidense y su captura.

Después de que Maduro fue reelegido por primera vez en 2018 -elecciones en las que estuvo ausente la mayor parte de la oposición-, creció la figura de Machado, hasta entonces con escaso respaldo popular, al ser percibida como más radical y frontal que otros dirigentes de la oposición.

Machado, ingeniero industrial de 59 años, tres hijos, pertenece a una de las familias más ricas del país, es una clara partidaria del liberalismo económico y en años recientes se colocó políticamente en sintonía con líderes y gobernantes de derecha y extrema derecha en América y Europa.

Como Venezuela debía acudir a elecciones generales en 2024, Machado promovió la realización de primarias de la oposición en 2023, las cuales se efectuaron en octubre de ese año y ella consiguió allí más de dos millones de votos (92 %).

Ya para entonces tenía una inhabilitación dictada por la Contraloría de la República -en Venezuela todos los poderes nacionales estaban en manos del oficialismo- y el árbitro electoral le impidió presentarse como candidata a la elección de julio de 2024.

Entonces Machado cedió su lugar al diplomático de carrera Edmundo González, prácticamente desconocido en el país, y se lanzó a una vertiginosa campaña a contrarreloj por ciudades y pueblos pidiendo el voto para su sustituto.

Como resultado, González ganó con 67 % de votos contra 30 % de Maduro, según las actas conocidas. Pero el poder electoral proclamó vencedor al gobernante y estallaron protestas, que fueron rápidamente reprimidas, con un saldo de 27 muertes, decenas de heridos y más de 2000 personas detenidas.

Machado llegó a plantear la necesidad de que los países del hemisferio acordasen medidas de fuerza contra el gobierno de Maduro, y se le abrieron juicios bajo la acusación de traición a la patria y otros presuntos delitos.

No fue detenida, pero debió sumergirse en una semiclandestinidad de la que salió finalmente en diciembre de 2025 para ir a recibir el Nobel y preparar su retorno, reclamando junto a sus seguidores una pronta elección presidencial.

Según la Constitución de Venezuela, la ausencia absoluta del presidente por seis meses o más -Maduro está preso en una cárcel de Nueva York- amerita una nueva elección presidencial inmediata.

En su lugar, Trump y sus colaboradores han apoyado la permanencia indefinida de Rodríguez en la presidencia, apostando por que primero el país mejore su economía y se hagan cambios en instituciones como los poderes judicial y electoral.

Por ello, Washington prefirió hasta ahora la ausencia de Machado del suelo venezolano, ante el evidente temor de que resurja la agitación política, y se especula que no habría una elección presidencial antes de 2028.

Esa agitación por parte de las multitudes que espontáneamente acudieron a saludar el regreso de Machado puede comenzar a manifestarse a partir de ahora, en demanda de pisar el acelerador para un cambio político.

Esas demostraciones políticas se apoyan en una situación económica crítica, en la que destacan la inflación, anualizada de 465 % el pasado septiembre; apagones constantes por la deficiente infraestructura eléctrica, y salarios deprimidos al punto de que el mínimo equivale a solo unos centavos de dólar por mes.

Machado tiene así una de las palancas con las que puede mover la situación política, pero a la vez el desafío de calcular cuánta presión poner sobre la máquina del Estado -y con un ojo en Washington- al atender el llamado de las multitudes que se manifiestan en su apoyo.

A-E/HM

 

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