Un ecosistema único: los arenales de Brasil están conectados a las lluvias de la Amazonia

Además de São Francisco de Assis, hay arenales en los municipios de Alegrete, Cacequi, Itaqui, Maçambará, Manoel Viana, Quaraí, Rosário do Sul, São Borja y Unistalda. La preocupación en torno a estas formaciones comenzó con el avance del cultivo de la soja sobre el bioma, en la década de 1970. Desde entonces, se pensaba que la arenización era solo consecuencia del mal uso de un suelo de composición frágil y que ponía de manifiesto un proceso de desertificación.
Sin embargo, en 1987, la investigadora Dirce Suertegaray, por entonces doctoranda en Geografía por la Universidad de São Paulo (USP), identificó que estas formaciones eran, en realidad, naturales.
Pionera en la investigación en este ámbito, Suertegaray —hoy profesora visitante en la Universidad Estadual del Amazonas (UEA) y profesora colaboradora en el Programa de Posgrado en Geografía de la Universidad Federal de Paraíba (UFPB)— observó que lo que ocurría en el bioma no era característico de un proceso de desertificación.
“En aquella época se decía que la soja ampliaba los arenales, pero aquel arenal [que se estaba estudiando, en el municipio de Quaraí, cerca de la frontera con Uruguay] no se encontraba en una región de producción de soja y ya existía”, explica la geógrafa, que también es profesora emérita de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS).
Ella descubrió, además, otros puntos similares que ya se habían registrado en la literatura histórica antes de la llegada de la agricultura, como en la región de Alegrete y São Francisco de Assis.
La diferencia radica en la cantidad de lluvia que recibe la zona. La I Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Desertificación, celebrada en Kenia en 1994, definió la desertificación como la degradación de las tierras en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, resultante de factores que van desde las variaciones climáticas hasta las actividades humanas.
Así, Dirce explica que lo que ocurre en Rio Grande do Sul no puede considerarse desertificación, ya que el fenómeno no se ajusta a la clasificación climática de zonas de riesgo debido a las elevadas precipitaciones registradas en la región.
Además, estos espacios arenosos del estado conforman ecosistemas que, aunque presentan características delicadas y sufren una intensa presión social, no son zonas degradadas.
Esto no significa, sin embargo, que no existan zonas degradadas próximas a los arenales, o incluso arenales formados a partir de procesos de erosión derivados de un uso inadecuado del suelo.
Los arenales son fruto de cambios climáticos, pero no de aquellos en los que estamos inmersos y de los que somos responsables. Son vestigios de la época del Jurásico Superior, hace unos 160 millones de años, cuando lo que hoy conocemos como la Pampa era una zona árida formada por dunas, y los dinosaurios gigantes ocupaban el supercontinente Pangea.
En esa región, el aumento de la humedad a lo largo de siglos y milenios permitió que la vegetación se desarrollara y adquiriera las características actuales. Los arenales son, por tanto, un testimonio de una época seca y una advertencia sobre la fragilidad del bioma más devastado de Brasil, que, según la plataforma de datos científicos MapBiomas, perdió 45,6 % de su vegetación autóctona entre 1985 y 2024.
El arenal de São Francisco de Assis, por ejemplo, descrito al inicio de este reportaje, tiene aproximadamente 15 000 años, según los estudios sobre la dinámica de los vientos y la remobilización de la arena realizados por el Grupo de Investigación sobre Arenización/Desertificación.
“La técnica es bastante compleja, pero relativamente fácil de entender: básicamente, cuando la arena está expuesta al sol, recibe radiación. Luego llega otra ola de arena que la cubre, y esa arena que estaba expuesta queda a la sombra y la radiación disminuye. Esta técnica registra el tiempo que la arena ha estado expuesta y el tiempo que ha permanecido oculta a la luz. De este modo podemos datar los arenales, y los más antiguos datados hasta ahora se remontan a hace 15.000 años”, explica el geógrafo Roberto Verdum, profesor de grado y posgrado del Departamento de Geografía de la UFRGS.
“Este indicador es interesante porque, hoy en día, gracias a los estudios globales y regionales, se ha identificado que el último período más seco y frío se situó exactamente entre hace 18.000 años —que sería el punto álgido— y hace 10 000 años. Así pues, los 15 000 años se sitúan justo en el medio”, detalla.
También destaca que el arenal más reciente datado por el grupo tendría 200 años, lo que también encaja en un período de escasez hídrica y frío conocido, a escala global, como la Pequeña Edad de Hielo.
La arenización, explica Verdum, es un proceso de formación de depósitos arenosos de origen fluvial y eólico asociados a factores como el clima, el relieve y la cubierta vegetal. Puede estar relacionada o no con actividades agrícolas.
Según él, el origen de estas manchas arenosas está relacionado con la susceptibilidad de las rocas y los suelos de la Pampa, así como con la dinámica de las lluvias torrenciales y los períodos de sequía.
“Los impactos del mal uso y la mala gestión del suelo, con el empleo de tecnologías inadecuadas para los frágiles suelos de esta región, pueden constituir uno de los principales factores que contribuyen a la aparición de nuevos focos de arenización”, advierte el geógrafo.
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