Docentes de distintos puntos de España comparten sus experiencias en las aulas en ‘La escuela que queremos es posible’
MADRID 9 Oct. (Agencias) –
‘La educación que queremos’, el ciclo de conferencias que la Fundación Botín desarrolla con el apoyo de la Fundación Edelvives, ha organizado ‘La escuela que queremos es posible’, el primer encuentro del curso 2026-2027 en el que docentes de distintos puntos del país han compartido buenas prácticas en las aulas.
Para ello, esta primera sesión ha reunido en la Fundación Botín de Madrid a Vidal Díaz, director del Centro La Ribera de Cascante (Navarra); Lorena González, directora del CEIP San Isidoro (León); y Francisco Riquelme, director del CEA Mar Menor de Torre-Pacheco (Murcia).
Tres centros y tres realidades muy distintas que comparten una misma idea: la transformación educativa empieza por cambiar la mirada sobre las personas y la forma en la que toda la comunidad se implica en su aprendizaje.
El Centro La Ribera de Cascante trabaja con adolescentes de 14 y 15 años con dificultades de adaptación que, en palabras del docente, «ponen a prueba las costuras de un sistema educativo que aspira a ser inclusivo».
Su propuesta parte de cambiar el contexto en el que estos jóvenes aprenden. Frente a una sucesión de experiencias negativas, plantea generar situaciones en las que puedan experimentar el éxito, asumir un papel activo y recuperar la confianza en sus propias capacidades.
Hace ocho años, el CEIP San Isidoro de León tenía apenas diez alumnos y algunos se referían a él como «el colegio gueto». Hoy cuenta con cerca de 200 estudiantes.
Lorena González, su directora, ha explicado cómo esa transformación comenzó con un gesto aparentemente sencillo: abrir la escuela a las familias y al barrio, permitiendo que dejaran de sentirse visitantes, dando mayor protagonismo al alumnado y reconstruyendo la confianza alrededor del centro. «Poco a poco, la escuela comenzó a convertirse en una comunidad en la que las familias participan, los niños son protagonistas de su aprendizaje y el barrio forma parte del proyecto educativo», ha subrayado.
Las historias de alumnos como Alma y Oliver muestran qué significa ese cambio a pequeña escala. Una niña que no conseguía hablar en clase terminó presentando un proyecto ante otras familias. Un alumno incapaz de pronunciar unas palabras sobre un escenario acabó convirtiéndose en maestro de ceremonias de un recital escolar.
«Una escuela puede cambiar la trayectoria de un niño cuando consigue que deje de verse a través de sus dificultades y empiece a verse a través de sus posibilidades. A veces estamos tan preocupados por las competencias, las metodologías y la evaluación, que olvidamos lo esencial: delante de nosotros hay un niño que necesita sentirse visto, escuchado y valorado», ha señalado González.
Para muchas personas adultas,regresar a las aulas supone mucho más que obtener un título.Así lo ha defendido Francisco Riquelme, director del CEA Mar Menor de Torre-Pacheco (Murcia), un centro en el que conviven más de 20 nacionalidades y se imparten ocho enseñanzas diferentes.
Su experiencia parte de la necesidad de convertir la educación de adultos en una segunda oportunidad real para personas cuya trayectoria estuvo marcada, en muchos casos, por experiencias anteriores de fracaso.
Un enfoque que inspiró el proyecto Ser+, basado en la Indagación Apreciativa y el denominado ‘Paradigma del Sí’, que busca sustituir la inercia del ‘no se puede’ por la construcción de una visión compartida entre alumnado y profesorado. El proceso ha permitido reducir el absentismo, recuperar la implicación del profesorado y avanzar hacia un modelo de dirección basado en la escucha, el cuidado y el bienestar emocional.
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