1 octubre 2026
Océanos sufren aumento del nivel del mar, el calentamiento y la acidificación
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DAR ES SALAAM, Tanzania – Fatuma Makame aprendió a cultivar algas en las aguas poco profundas donde trabajaban sus padres en la costa de las islas de Zanzibar, en Tanzania. Pero ahora se ve forzada a cultivarlas más lejos de la costa.

En las aguas poco profundas, el aumento de la temperatura ha hecho que el cultivo sea más vulnerable al bajo crecimiento y a las enfermedades. Las condiciones pueden ser mejores más lejos de la costa, pero trabajar allí requiere una embarcación, equipamiento y los conocimientos necesarios para desenvolverse en aguas más profundas.

Makame se unió a Mwani Zanzibar Mamas, una cooperativa que consiguió una embarcación y material de cultivo. Desde entonces, ha obtenido cosechas más abundantes y fiables.

La decisión a la que se enfrentó es cada vez más habitual entre los cultivadores de algas de la costa de Zanzíbar: trasladar el cultivo, si se lo pueden permitir, o seguir plantando donde ahora resulta más difícil cultivarlas.

Una nueva evaluación de los océanos del mundo sitúa esa dificultad local en un contexto más amplio. El décimo Informe sobre el estado de los océanos de Copernicus, publicado el miércoles 30 de septiembre, describe un océano que absorbe más calor, cuyo nivel sube a lo largo de las costas y que se está volviendo más ácido.

Ha sido elaborado por Mercator Ocean International a través del Servicio Marino Copernicus de la Unión Europea (UE).

«El océano se está transformando ante nuestros ojos: el calentamiento, la subida del nivel del mar y la degradación de los ecosistemas son signos interrelacionados de un cambio significativo y a largo plazo. Es nuestra responsabilidad desarrollar la capacidad permanente para anticiparnos a esta transformación», afirmó Pierre Bahurel, director general de Mercator Ocean International.

Según el informe, los océanos del mundo absorbieron 23 zettajulios adicionales de calor en 2025, aproximadamente 40 veces la energía que el mundo consumió ese año.

El nivel medio global del mar subió 3,8 milímetros al año entre 1999 y 2025; la tasa fue de 4,2 milímetros al año entre 2012 y 2025. El informe también señala que el océano se volvió aproximadamente 17 % más ácido entre 1985 y 2025.

Se trata de mediciones globales. No describen el agua de la granja de algas de Makame ni explican el resultado de ninguna temporada de cultivo concreta. Pero los cultivadores de algas llevan años teniendo que lidiar con aguas más cálidas de Zanzíbar, una región semiautónoma insular de Tanzania, en la costa del océano Índico.

En Unguja y Pemba, las algas marinas proporcionan ingresos a miles de hogares, muchos de ellos encabezados o mantenidos por mujeres.

Los cultivadores atan las plántulas a cuerdas, las cuidan en el agua y, a continuación, cosechan y secan el cultivo para su venta. Una mala cosecha puede dejar menos dinero para la comida, las tasas escolares y la siguiente siembra.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha documentado cómo el agua más cálida puede inhibir el crecimiento de las algas marinas y hacerlas más susceptibles a las enfermedades.

Trasladar las explotaciones a aguas más profundas y frías plantea otras dificultades: las corrientes más fuertes pueden dañar la cosecha, y muchos cultivadores no saben nadar o carecen del equipo necesario para trabajar allí con seguridad. Los bajos precios limitan aún más lo que pueden gastar en cambiar sus métodos.

La científica marina tanzana Narriman Jiddawi ha documentado problemas relacionados más al sur de Zanzíbar, en la isla de Songo Songo. En un estudio encargado por el Instituto de Ciencias Marinas, registró aguas inusualmente cálidas y signos de enfermedad en zonas de cultivo poco profundas que habían sido abandonadas.

«El cultivo está fracasando en muchos lugares de las zonas intermareales poco profundas donde antes crecía bien», afirmó. Sus mediciones se realizaron en Songo Songo, no en la granja de Makame en Zanzíbar.

El informe de Copernicus también examina los territorios oceánicos de los pequeños Estados insulares en desarrollo. Concluye que todas sus zonas económicas exclusivas han experimentado un calentamiento oceánico desde 1960.

Aproximadamente 65 % de su superficie oceánica combinada ha estado expuesta a un aumento acelerado del nivel del mar desde 1999. Entre los miembros de ese grupo del océano Índico, la cifra es de 33 %

Aunque semiautónomo, el archipiélago de Zanzíbar forma parte de Tanzania, en lugar de ser un independiente pequeño Estado insular en desarrollo, por lo que esos porcentajes no se refieren solo al archipiélago. No obstante, los resultados ponen de manifiesto los riesgos a los que se enfrentan las comunidades insulares cuyos ingresos y hogares dependen del mar.

«Los pequeños Estados insulares en desarrollo están experimentando múltiples dimensiones del cambio oceánico a la vez», afirmó Karina von Schuckmann, directora del Informe sobre el Estado de los Océanos de Copernicus.

La especialista explicó que «casi dos tercios de sus territorios oceánicos están expuestos a un aumento acelerado del nivel del mar, mientras que el calentamiento de los mares está aumentando la presión sobre los arrecifes de coral, la pesca y las comunidades costeras».

«Para los Estados insulares, el cambio oceánico no es un problema medioambiental lejano; es un reto inmediato en materia de economía, desarrollo y seguridad, y una advertencia de lo que muchas otras costas tendrán que afrontar en el futuro» remarcó Von Schuckmann.

Para las familias de pescadores, el estado de los arrecifes de coral es motivo de preocupación. Los arrecifes proporcionan un hábitat a los peces y ayudan a reducir la fuerza de las olas que llegan a la costa.

El calor extremo puede provocar el blanqueamiento de los corales, y los episodios repetidos pueden dificultar su recuperación.

El informe revela que aproximadamente una cuarta parte de los arrecifes de coral amenazados dentro de los territorios oceánicos de los pequeños Estados insulares en desarrollo sufrieron un estrés térmico acumulado, a niveles que provocan mortalidad, durante al menos un mes entre 1982 y 2025.

Se trata de un hallazgo relativo a esos Estados en su conjunto, no de una evaluación de los arrecifes de Zanzíbar.

Existen pruebas locales de los daños. Investigadores de la Universidad Estatal de Zanzíbar examinaron observaciones de los arrecifes realizadas entre 1992 y 2016.

Descubrieron graves descensos en la cobertura de corales duros tras los episodios de El Niño de 1998 y 2016, aunque la magnitud del cambio variaba sustancialmente de un arrecife a otro.

El calor es solo una de las presiones a las que se ven sometidos. La contaminación y las prácticas pesqueras perjudiciales pueden dificultar la recuperación. Reducir esas presiones locales no enfriará el océano Índico, pero podría mejorar las perspectivas de los arrecifes que sobrevivan a un período de calor extremo.

El aumento del nivel del mar plantea un reto aparte para los asentamientos costeros. Una evaluación del Banco Mundial identifica las costas de Zanzíbar y de la Tanzania continental como vulnerables a la erosión, las inundaciones y los daños a las infraestructuras y los hábitats marinos.

Las autoridades que deben decidir dónde proteger las viviendas o restringir la construcción deben tener en cuenta las mediciones de las mareas, las tormentas, los arrecifes y los manglares, junto con lo que saben los residentes sobre los lugares donde el agua ya llega a las casas y las carreteras.

A través del Programa de Desarrollo Agrícola y Pesquero, los productores de algas marinas de las localiades zanzibaríes de Unguja y Pemba han recibido formación sobre plantación, manipulación y procesamiento.

Las rejillas de secado mejoradas y los secadores solares ayudan a mantener las algas cosechadas alejadas de la arena y la lluvia, lo que reduce las pérdidas una vez que llegan a tierra.

Otros productores están explorando fuentes de ingresos adicionales. La FAO ha formado a los productores de algas de la costa este de Zanzíbar en el cultivo de pepinos de mar. Esa actividad requiere emplazamientos, equipos y compradores adecuados, y no resultará adecuada para todos los hogares.

También se está estudiando la protección financiera. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, las autoridades de gestión de desastres de Zanzíbar y el Ministerio de Economía Azul y Pesca están elaborando una propuesta de seguro contra riesgos climáticos para los productores de algas marinas de Unguja y Pemba.

De momento sigue siendo solo una propuesta. Su utilidad dependerá de qué pérdidas cubra, cuánto deban pagar los productores y con qué rapidez se puedan tramitar las reclamaciones.

En el caso de Makame, la embarcación y el equipo de la cooperativa le permitieron probar el cultivo más lejos de la costa. Otros cultivadores siguen trabajando en aguas poco profundas. Que puedan seguir sus pasos depende del acceso a equipos, a formación y a una forma de asumir el riesgo en caso de que un nuevo método fracase.

El informe de Copernicus hace un seguimiento de los cambios a lo largo de décadas. En la costa de Zanzíbar, una cultivadora debe decidir dónde colocar sus próximas líneas de algas marinas.

T: MF / ED: EG

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