25 septiembre 2026
Frenar los desplazamientos humanos requiere detener las guerras
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NACIONES UNIDAS – El alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Barham Salih, planteó ante el Consejo de Seguridad de la organización la necesidad de detener las guerras si se quiere frenar los desplazamientos de personas que cruzan las fronteras en busca de refugio.

“Los conflictos se multiplican, muchos se prolongan, y millones de personas que huyen pensando que será algo temporal terminan lejos de sus hogares durante años o incluso generaciones”, destacó en su presentación al Consejo este viernes 25.

Según la oficina del alto comisionado, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), en el mundo hay 41,6 millones de personas refugiadas -68 % acogidas por países de ingresos bajos o medios- y 68,7 millones están desplazadas dentro de sus países debido a conflictos o violencia.

Ese desplazamiento forzado está creciendo más rápido que las posibilidades de que las personas puedan regresar a sus hogares, integrarse o reconstruir sus vidas, advirtió Salih.

Planteó que esa realidad no puede abordarse únicamente como una emergencia humanitaria, pues “los trabajadores humanitarios no pueden crear la paz”, y en cambio “un alto el fuego que se mantiene puede permitir que una familia permanezca en su hogar, y un acuerdo de paz puede permitir que los refugiados regresen”.

La situación se agrava aún más ante la contracción de la ayuda internacional, y Salih recordó informes según los cuales la financiación humanitaria mundial se redujo 30 % entre 2022 y 2025, pasando de 47 500 millones de dólares a 33 300 millones.

Salih, un político kurdo que fue presidente de Iraq entre 2018 y 2022, pidió al Consejo que utilice su influencia política para poner fin a los conflictos y sostener los procesos de paz, como vía para encarar el drama de los refugiados.

Señaló a Sudán como uno de los ejemplos más urgentes, con cerca de 12 millones de personas desplazadas, de los cuales 4,5 millones se encuentran en países vecinos.

Tras visitar cuatro países vecinos, Chad, Kenya, Etiopía y Egipto, destacó la solidaridad de las comunidades que reciben a los desplazados sudaneses, pero advirtió que no pueden asumir solos las consecuencias de la guerra.

Opinó que no existe una solución militar al conflicto que mantienen dos ejércitos sudaneses rivales, y pidió a las partes voluntad política, una tregua humanitaria y diálogo, incluida la participación de civiles.

Expuso sobre otras crisis, como la de la República Democrática del Congo, donde “generaciones enteras han vivido ciclos repetidos de conflicto y desplazamiento”, mientras que en Ucrania -en guerra con Rusia tras ser invadida en 2022- millones de personas continúan desplazadas dentro y fuera del país.

Sobre el Sáhara Occidental, donde generaciones de refugiados saharauis llevan más de medio siglo viviendo en campamentos, sostuvo que “gestionar indefinidamente el desplazamiento no puede ser la medida de nuestra ambición colectiva”.

También alertó sobre crisis que corren el riesgo de prolongarse. En Yemen, más de 130 000 personas han sido desplazadas internamente en meses recientes debido a las hostilidades entre gobiernos rivales en el norte y el sur, y más de 3700 han huido hacia el vecino Yibuti y otros destinos.

En el Sahel -la franja semiárida que atraviesa una docena de países en el centro de África, varios de ellos encarando insurgencias armadas-, más de cuatro millones de personas están desplazadas por la fuerza en un contexto en el que se combinan violencia, inseguridad, impactos climáticos e inseguridad alimentaria.

También pidió mantener la atención sobre los rohinyá, etnia minoritaria y perseguida en el norte de Myanmar -también conocida por su antiguo nombre de Birmania-, provocando que más de 1,2 millones de personas permanecen como apátridas en la vecina Bangladés.

Aunque actualmente no existen las condiciones para un retorno voluntario a Myanmar, donde se confrontan el ejército y grupos insurgentes, Salih advirtió que eso no puede convertirse en una razón para aceptar indefinidamente la situación.

Pese a las diferencias entre estas crisis, Salih dijo que todas reflejan una misma realidad: “Cuando la paz fracasa, la gente se desplaza”.

Insistió en que el Consejo utilice su influencia política para sostener los procesos de paz, proteger a los civiles y defender el derecho internacional humanitario, además de preservar el derecho de asilo y el principio de no devolución.

“La solución más duradera al desplazamiento forzado es la paz”, concluyó.

A-E/HM

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