¿Por qué algunas personas desarrollan TEPT tras un trauma y otras no? La genética podría tener parte de la respuesta
MADRID, 17 Sep. Agencias –
Un estudio pionero de expertos del King’s College de Londres (Reino Unido) revela que los genes pueden hacer a las personas más vulnerables al trastorno de estrés postraumático (TEPT) derivado de ciertos tipos de trauma, en particular la negligencia infantil.
Los resultados, revisados por pares y publicados en el ‘European Journal of Psychotraumatology’, sugieren que tanto lo que te sucede como tu constitución genética influyen en el riesgo de desarrollar el trastorno.
Tras un suceso traumático que pone en peligro la vida, muchas personas experimentan fuertes reacciones emocionales o físicas. Estas reacciones pueden ser abrumadoras, pero en la mayoría de los casos disminuyen gradualmente con el tiempo. Cuando persisten y comienzan a interferir con la vida cotidiana, pueden derivar en un trastorno de estrés postraumático (TEPT).
Los síntomas comunes del TEPT pueden incluir revivir un evento traumático (por ejemplo, a través de recuerdos intrusivos, pesadillas o pensamientos recurrentes), hacer cosas para evitar recordar ese evento y sentimientos continuos de estrés o emociones negativas.
No todas las personas que experimentan un trauma desarrollan TEPT, ya que el riesgo de padecerlo está determinado tanto por factores ambientales como genéticos. El estudio genético más extenso sobre el TEPT (un artículo aparte que analizó a 150.000 personas con esta afección) identificó 95 loci genéticos (una región específica de un cromosoma) asociados con el TEPT y 43 genes con sólida evidencia de un efecto causal.
«Anteriormente se han relacionado las diferencias en el ADN de las personas con el trastorno de estrés postraumático (TEPT), pero la investigación sobre este tema rara vez ha considerado cómo los diferentes tipos de experiencias traumáticas podrían afectar estos vínculos genéticos», explica el autor principal, el doctor Jonathan Coleman, profesor titular de Genética Estadística en el King’s College de Londres y experto en genómica psiquiátrica.
«Hemos comprobado que el efecto general del genoma sobre el TEPT difiere según las distintas experiencias, y que esto también ocurre a veces cuando analizamos los efectos de genes específicos.»
Los investigadores analizaron datos genéticos y de salud mental de un total de 144.702 personas en el Biobanco del Reino Unido y en tres estudios del Instituto Nacional de Investigación en Salud y Atención (NIHR) BioResource y del Centro de Investigación Biomédica del NIHR: Maudsley: Genetic Links to Anxiety and Depression (GLAD), Eating Disorders Genetic Initiative (EDGI) UK y COVID-19 Psychiatry and Neurological Genetics (COPING).
Se evaluó a los participantes para detectar síntomas de TEPT y se les preguntó si habían experimentado once experiencias traumáticas diferentes. Estas incluían cinco traumas infantiles: abuso o negligencia emocional, abuso o negligencia física y abuso sexual; y seis traumas en la edad adulta: accidente grave, enfermedad grave, agresión sexual, delito violento, exposición a la guerra o presenciar una muerte.
Los investigadores analizaron si la influencia de un trauma en el trastorno de estrés postraumático (TEPT) varía entre las personas según su genética. Lo hicieron en tres escalas diferentes: puntuaciones de riesgo poligénico (es decir, a nivel genómico); genes individuales; y variantes genéticas específicas.
En general, los investigadores descubrieron que los traumas infantiles tienden a estar más fuertemente asociados con los síntomas del TEPT y presentan mayores niveles de interacción gen-trauma que aquellos experimentados durante la edad adulta. Esto sugiere que la genética podría haber sido particularmente importante a la hora de determinar cómo las personas respondieron a los traumas infantiles.
El maltrato infantil se asoció más fuertemente con los síntomas del TEPT que la negligencia infantil; la asociación con la negligencia infantil, aunque más moderada, tenía más probabilidades de estar influenciada por factores genéticos.
«La infancia es una etapa muy importante: se producen muchos cambios, tanto biológicos, en lo que respecta a la maduración del cerebro, como sociales, en la formación de relaciones y la identidad personal. Las alteraciones en este proceso pueden tener efectos duraderos, lo que podría ayudarnos a explicar la fuerte relación entre el riesgo genético, el trauma infantil y el TEPT», añade Coleman.
Al mismo tiempo, advierte que los resultados podrían estar influenciados por la forma en que los investigadores estudiaron los diferentes tipos de experiencias traumáticas: «La infancia es más breve que la edad adulta y examinamos un conjunto más limitado de experiencias infantiles; estas diferencias podrían hacer que la infancia parezca más importante de lo que realmente es».
Los investigadores también descubrieron que algunos de los principales genes que se han relacionado con el TEPT interactuaban de forma particularmente intensa con ciertos tipos de trauma. También hubo casos atípicos: un gen con fuertes interacciones con el trauma, el SGCD, está implicado en la función muscular, lo que hace que su papel en el TEPT sea menos claro.
Según los investigadores, sus hallazgos resaltan la importancia de tener en cuenta la información sobre la exposición a traumas en futuras investigaciones genéticas sobre el TEPT.
En el futuro, este conocimiento podría ayudar a mejorar el tratamiento del trastorno de estrés postraumático (TEPT). «En última instancia, nos gustaría poder medir el ADN de las personas y utilizarlo para ayudar a detectar a quienes han estado expuestos a eventos traumáticos específicos, o que corren el riesgo de sufrirlos. Esto contribuiría a garantizar que las personas con mayor riesgo de desarrollar TEPT reciban apoyo lo antes posible, reduciendo así el sufrimiento y la discapacidad que este trastorno puede ocasionar», concluye Coleman.
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