¿Seguirá la ONU sometida a los P5, al acatar el candidato propuesto a la Secretaría General?

NACIONES UNIDAS – A medida que cobra impulso la carrera por la elección de un nuevo secretario general de las Naciones Unidas, toda la atención se centra en la Asamblea General, compuesta por 193 miembros y que constituye el máximo órgano de decisión política de la ONU, pero que acostumbra a asuir un papel subordinado en las elecciones de su máximo responsable.
Y este año seguramente no sea una excepción.
Según el artículo 97 de la Carta de las Naciones Unidas, el secretario general es nombrado por la Asamblea General a propuesta del Consejo de Seguridad (CS), que presenta un único candidato recomendado y donde el poder de veto de los cinco miembros permanentes (P5) y en particular Estados Unidos determinan la selección.
Tradicionalmente, la Asamblea General (AG) siempre ha aprobado esa recomendación, normalmente por aclamación o mediante una resolución
Pero la AG nunca ha rechazado a un candidato propuesto por el CS.
A pesar de la creciente demanda de una mujer como secretaria general en los 81 años de historia de la ONU, ¿qué pasaría si el candidato propuesto por el CS este año fuera un hombre?
¿No es hora de que la AG haga valer su autoridad y rechace a cualquier candidato —hombre o mujer— que carezca de las credenciales adecuadas para el cargo de jefe administrativo de las Naciones Unidas? ¿No es también hora de que la AG deje de ser un mero sello de goma —que aprueba sin cuestionar la decisión del Consejo de Seguridad?
Richard Gowan, director de Asuntos Globales e Instituciones y observador de larga trayectoria de la ONU en el Crisis Group, con sede en Bruselas, dijo a IPS: «Dudo mucho, muchísimo, que la Asamblea General rechace a un candidato aprobado por el Consejo de Seguridad, a menos que se trate de un asesino en serie confeso. E incluso en ese caso, podría ser una decisión reñida».
Se ha hablado mucho de que la Asamblea General se imponga más en el proceso de selección. Pero a los Estados miembros también les preocupa que los países con derecho de veto en el Consejo no sean capaces de ponerse de acuerdo sobre ningún candidato.
Cada vez se habla más de que el Consejo llegue a finales de año sin formular ninguna recomendación, señaló Gowan. Ese es el plazo para que sea designado el sucesor de António Guterres, que acaba su doble mandato el 31 de diciembre.
«Creo que al final habrá un acuerdo, pero, para ser sincero, si los países con derecho de veto se ponen de acuerdo sobre un candidato, muchos países llegarán a la conclusión de que tienen que aceptarlo. Aunque los diplomáticos en Nueva York consideren que la persona propuesta no está a la altura, sus jefes políticos en las capitales no querrán ofender a Washington, Beijing y Moscú cuestionando la elección», dijo el especialista de Crisis Group.
Estados Unidos, China y Rusia son tres de los cinco miembros permanentes en el CS y con derecho al veto, junto con Francia y Reino Unido, conocidos como los P5 en el argot de la ONU.
«Puedo imaginar una situación en la que los países con derecho de veto impongan a un candidato ajeno a América Latina y el Caribe, lo que llevaría a los latinoamericanos a abstenerse o votar en contra como protesta por el incumplimiento del principio de rotación regional», consideró Gowan.
Esa rotación siempre cumplida lleva que el candidato o candidata elegida en esta ocasión pertenezca a la región latinoamericana y caribeña.
Otro aspecto impulsado en esta ocasión es el de que por primera vez en los 81 años de la ONU se elija a una mujer. Pero Gowan cree que aunque muchos miembros desean sinceramente una secretaria general mujer, resulta improbable que muchos Estados voten contra un candidato varón por una cuestión de principios.
Y añadió: «Creo que a muchos diplomáticos les preocuparía dañar sus relaciones con el próximo secretario general incluso antes de que este asumiera el cargo. Y, en última instancia, habrá una tendencia a decir que es mejor otorgar al próximo jefe de la ONU un amplio respaldo por el bien de la organización. Convertir al próximo secretario general en un «lame duck» (líder sin autoridad) de antemano daría mala imagen».
Jesselina Rana, asesora de la ONU en Civicus, la alianza mundial de organizaciones de la sociedad civil y activistas, explicó a IPS que, en teoría, la Asamblea General puede oponerse si no se recomienda a una mujer, una vez que comience la votación. Solo se necesita una mayoría simple de los presentes y votantes para nombrar al secretario general.
Pero, en la práctica, esto nunca ha ocurrido.
La presión real debe ejercerse antes. Esto significa que la Asamblea General solicite varios candidatos antes de que el Consejo de Seguridad formule su recomendación o incluso que la Asamblea General realice sondeos informales para evaluar las preferencias, afirmó.
Palitha Kohona, exjefe de la Sección de Tratados de la ONU, declaró a IPS que buscar claridad en la Carta, que refleja en gran medida la realidad del mundo tras la Segunda Guerra Mundial, no resultaría especialmente útil para el nombramiento de un nuevo secretario general.
«Seguimos estando dominados por esa realidad que, en opinión de algunos comentaristas, incluido el autor de estas líneas, está desfasada. Se han desarrollado prácticas que, en esencia, perpetúan esa realidad. Es probable que prevalezca lo que decidan los cinco miembros permanentes», aseguró.
La propia Carta dice poco sobre el proceso de nombramiento del secretario general. El artículo 97 estipula que la Asamblea General nombrará a un secretario general por recomendación del Consejo de Seguridad. Las resoluciones 11/1 de 1946 y 54/246 de 1997 son importantes a este respecto, señaló Kohona, también exrepresentante permanente de Sri Lanka ante las Naciones Unidas.
El Consejo de Seguridad ha seguido desempeñando un papel preeminente en la selección de un candidato para el cargo de secretario general. De hecho, el papel que desempeñan los P5 resulta fundamental.
En primer lugar, señaló, el CS buscará el consenso antes de recomendar un candidato a la Asamblea General, aunque bastarían nueve votos a favor de un candidato en el Consejo para que el asunto siguiera adelante. Si no es posible alcanzar un consenso, el Consejo votará sobre los candidatos disponibles.
La práctica de realizar sondeos informales entre los miembros del CS se ha popularizado en los últimos tiempos. Para desconcierto de muchos miembros del organismo mundial, la recomendación se adopta en una sesión a puerta cerrada, de conformidad con el artículo 48 del Reglamento Provisional.
Los P5 se han aferrado con uñas y dientes a este privilegio.
«En la actualidad, es casi obligatorio que los aspirantes al cargo de secretario general realicen visitas a las capitales de los P5 para recabar su apoyo y no decir ni hacer nada que pueda causarles malestar», dijo Kohona .
En el sur de Asia, la gente está familiarizada con una práctica algo similar que consiste en hacer ofrendas a las deidades para obtener bendiciones divinas antes de emprender cualquier tarea importante, recordó irónicamente el especialista.
No siempre fue así. Cuando, en 1951, Trygve Lie fue vetado por la Unión Soviética al aspirar a un segundo mandato, Estados Unidos logró su nombramiento mediante una clara mayoría de votos en la Asamblea General.
Dadas las dificultades a las que se enfrentó posteriormente Trygve Lie, especialmente al tratar con una Unión Soviética hostil, sería poco probable que hoy se adoptara tal desviación de la práctica aceptada. La vida de un secretario general nombrado de esta manera sería, sencillamente, demasiado difícil, argumentó Kohona.
De hecho, son Estados Unidos y Rusia (que sucedió a la Unión Soviética tras la extinción de esta) los que más han ejercido su poder de veto en la CS, y ahora el mayor temor para una decisión consesuada lo representa el presidente estadounidense, Donald Trump, que es improbable que acepte una candidatura que no sea amigable a sus intereses.
Por otra parte, aunque muchos considerarían que, al menos ahora, una mujer debería ocupar el cargo de secretario general, son variados los analistas que suscriben la opinión de que se debe elegir al mejor candidato para dirigir este puesto global de suma importancia, independientemente de su género.
«El candidato ideal debería ser capaz de trabajar eficazmente con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, mantener la confianza de los miembros de la Organización, gestionar una compleja burocracia universal y promover los objetivos e ideales de la Organización sin temor ni favoritismos», declaró Kohona.
Por otra parte, en un artículo publicado en PassBlue en agosto, Graça Machel, cofundadora y vicepresidenta de The Elders, un grupo independiente de líderes mundiales, señaló que, históricamente, la selección de un nuevo secretario general se ha considerado competencia del Consejo de Seguridad de la ONU, especialmente de sus cinco miembros permanentes, conocidos como «los P5».
Sin embargo, el texto de la Carta de las Naciones Unidas deja claro que, si bien el Consejo debe recomendar a un candidato, el nombramiento lo realiza la Asamblea General.
Si los P5 proponen a un candidato inadecuado por razones de realpolitik, los Estados de la Asamblea General pueden y deben rechazarlo e insistir en que se presenten candidatos más idóneos, señaló Machel, la única mujer en la historia moderna que ha ocupado el cargo de primera dama de dos países: Sudáfrica y Mozambique.
«La concentración de tal poder en manos de tan solo cinco Estados miembros nunca ha sido compatible con el espíritu democrático del multilateralismo. Resulta especialmente indefendible hoy en día, cuando dos miembros permanentes, Rusia y Estados Unidos, han incumplido recientemente la Carta al iniciar guerras de agresión unilaterales», señaló.
«Como mujer africana que luchó en la lucha por la liberación de mi país y que lleva décadas trabajando por la paz, la justicia y la dignidad humana, me parece profundamente preocupante que la ONU siga reflejando, en los niveles más altos del Consejo de Seguridad, las jerarquías de poder de 1945 y de la época colonial», agregó.
A juicio de Machel, los 193 miembros de la Asamblea General tienen la responsabilidad de garantizar un proceso creíble y deben reafirmar su compromiso con el multilateralismo, los derechos humanos universales y el orden internacional basado en normas. Es más, dijo, tienen la obligación de velar por que esos principios se reflejen en el candidato al que apoyen.
«Si el Consejo de Seguridad presenta a un candidato que carezca de la independencia, la experiencia, la integridad y la amplia confianza necesarias para el cargo, la Asamblea General no está obligada a aprobar sin más esa elección. Los Estados miembros tienen el derecho y la responsabilidad de exigir un candidato digno de la Carta y de los pueblos en cuyo nombre actúa la ONU», consideró la integrante de The Elders
El próximo secretario general no puede limitarse a ser un mero administrador del consenso internacional, especialmente cuando el propio consenso se encuentra a menudo paralizado, consideró la lideresa africana.
«El cargo requiere un líder con coraje moral, criterio político e independencia estratégica: alguien capaz de decir la verdad al poder, de trabajar con discreción y eficacia entre bastidores y de conservar la confianza de los gobiernos sin quedar en deuda con ninguno de ellos», sentenció Machel.
CL14
