Votación dividida para el responsable de Derechos Humanos de la ONU
BRUSELAS – El 24 de julio, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) volvió a designar a Volker Türk el alto comisionado para los Derechos Humanos por un mandato de otros cuatro años. Solo 10 Estados -entre ellos Israel, Rusia y Estados Unidos- se opusieron a la decisión.
Türk es un abogado austriaco que ha desarrollado casi toda su carrera en el sistema de la ONU, desde destinos sobre el terreno en Kosovo hasta la agencia de la ONU para los refugiados, pasando por su cargo actual en Ginebra.
Por ello, cuando asumió el cargo de alto comisionado en octubre de 2022, existían temores de que pudiera mostrarse más cauteloso que sus predecesores, pero se ha pronunciado abiertamente sobre las violaciones cometidas por los poderosos.
Criticó la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, exigió investigaciones sobre las muertes en los centros de detención de inmigrantes de Estados Unidos y condenó las atrocidades de Israel en Gaza.
Sin embargo, ha sido objeto de críticas por no calificar las acciones de Israel en Gaza como genocidio y por no pronunciarse lo suficiente sobre China, en particular en lo que respecta a la situación del pueblo uigur en Xinjiang.
La votación convertirá a Türk en la primera figura que ocupará el cargo durante dos mandatos completos desde que se creó el puesto en 1993.

Una de las primeras altas comisionadas, Mary Robinson, quería seguir en el cargo, pero la fuerte resistencia de Estados Unidos a sus posturas sobre el intervencionismo militar tras el 11 de Septiembre de 2001 y la Conferencia de Durban de 2001, la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas contra el Racismo, de la que Israel y Estados Unidos se retiraron debido a su enfoque en el conflicto israelí-palestino, lo que le valió únicamente una prórroga de un año.
Dado que una crisis de financiación sigue afectando al sistema de derechos humanos de la ONU, la continuidad es fundamental. La retirada de Estados Unidos de la financiación de los organismos de la ONU, que forma parte de su ataque más amplio contra el sistema internacional en general y los organismos de derechos humanos en particular, ha sometido a la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (Acnudh) a graves dificultades financieras.
Ello le ha obligado a recortar personal y a reducir la capacidad de actuación en países donde se producen violaciones de los derechos humanos. Una vacante o un proceso controvertido habrían añadido más trastornos en un momento ya de por sí difícil.
Un proceso apresurado y controvertido
La votación se produjo de forma inesperada y se desarrolló con rapidez. El secretario general de la ONU, António Guterres, informó a los Estados de su intención de volver a nombrar a Türk sin un proceso público, sin concurso abierto ni mucho tiempo para la deliberación.
Dado que el segundo mandato de Guterres finaliza este año, es probable que la medida tuviera por objeto mantener la decisión fuera del ámbito de competencia de su sucesor y evitar que se generara oposición.
La mayoría de los Estados lo aceptaron, pero no así Estados Unidos, que actuó de inmediato para retrasar la votación, alegando una consulta insuficiente.
Irlanda, en nombre de la Unión Europea (UE), se opuso a la moción estadounidense, que fue rechazada por 63 votos contra 27.
El representante de Estados Unidos calificó entonces el proceso de «clásico amiguismo de la ONU», acusó a Guterres de llegar a un acuerdo a puerta cerrada y advirtió de que habría «consecuencias».
Rusia intentó una táctica diferente, proponiendo prorrogar el mandato de Türk solo 81 días, hasta finales de 2026, dejando la decisión en manos del próximo secretario general. Esa propuesta también fue rechazada, por 71 votos contra 19.
Argentina, Burkina Faso, Israel, Malí, Nicaragua, Níger, Corea del Norte, Rusia, Trinidad y Tobago y Estados Unidos votaron en contra de la reelección de Türk. La lista incluye a estrechos aliados de Washington, como Argentina e Israel, y a Estados alineados con Rusia, como Corea del Norte y los tres Estados del Sahel gobernados por militares, que actúan cada vez más como un bloque.
Bajo la administración de Donald Trump, ya no es una sorpresa ver a Estados Unidos votar de la misma manera que Rusia. La mayoría de los Estados contrarios a la reelección de Türk, incluida Nicaragua, violan sistemáticamente los derechos humanos.
Tanto Rusia como Corea del Norte se resisten a rendir cuentas por las violaciones de los derechos humanos, mientras que Estados Unidos se opuso especialmente a las críticas de Türk a su guerra contra Irán y a las muertes en centros de detención de migrantes. Israel acusó a Acnudh de haber «borrado las atrocidades del 7 de octubre y traicionado la neutralidad de la ONU».
Sin embargo, algunos Estados de los que cabría esperar que votaran en contra de Türk le apoyaron.
Entre los 144 que respaldaron su reelección se encontraban la República Democrática del Congo, Sudán y Siria, todos ellos Estados sometidos a un escrutinio activo por parte de la ONU.
Esto sugiere que la hostilidad hacia un mandato específico en materia de derechos humanos no se extiende necesariamente a todo el sistema, y que incluso los Estados sometidos a un intenso escrutinio pueden ver el valor de una relación de trabajo con e Acnudh.
Un sistema de derechos humanos vulnerable
Las 13 abstenciones y las 26 ausencias también merecen atención. Algunas fueron de carácter procedimental: Ecuador y Paraguay afirmaron posteriormente que deseaban más tiempo.
Perú alegó su preocupación por limitar la flexibilidad del nuevo secretario general, aunque su abstención también podría reflejar las recientes críticas de Türk al historial de Perú en materia de derechos humanos, incluidas las leyes que conceden amnistía a las fuerzas de seguridad acusadas de graves violaciones durante el conflicto armado entre 1980 y 2000.
Iraq, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Sri Lanka y Uganda se abstuvieron. Nueva Zelanda describió su postura como «de carácter procedimental más que político», pero la decisión suscitó duras críticas a nivel nacional, sobre todo teniendo en cuenta su reciente negativa a reconocer la condición de Estado de Palestina.
Entre los Estados más pequeños que eludieron tomar una decisión, es probable que algunos se enfrentaran a presiones económicas o políticas por parte de los Estados más poderosos para que guardaran silencio, mientras que otros quizá consideraran que no estaban lo suficientemente protegidos frente a las consecuencias de adoptar una postura visible.
Esto significa que la votación puede reflejar la vulnerabilidad tanto como mide el apoyo al alto comisionado. A medida que los Estados más poderosos ejercen cada vez más su influencia en el sistema internacional, los Estados más pequeños pueden verse obligados a sopesar cuándo pueden permitirse adoptar una postura y cuándo deben guardar silencio.
La continuidad como resultado
La continuidad institucional es el resultado inmediato, y Türk ha señalado qué pretende hacer al respecto. En un discurso pronunciado en junio, describió una «ofensiva sin precedentes y descarada contra el derecho internacional» que está causando un sufrimiento humano atroz, insistió en que la comunidad internacional debe mantenerse centrada en lo fundamental y declaró que la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los tratados fundamentales son «cada vez más importantes».
Su mensaje al poderoso Grupo de los Siete (G7), reunido en las cercanías, fue contundente: situar los derechos humanos en el centro de los debates como una fuerza de estabilidad, y no como una cuestión secundaria.
Sin embargo, la legitimidad y la autoridad moral no pagarán las facturas de Acnudh. Durante los próximos cuatro años, Türk deberá hacer frente a China, Rusia y Estados Unidos, que se esfuerzan por socavar los órganos de la ONU que protegen los derechos humanos.
Los 144 Estados que respaldaron a Türk tienen ahora la responsabilidad de convertir sus votos en acciones. Deben garantizar que Acnudh cuente con la financiación adecuada y trabajar para conseguir el apoyo de los Estados que se abstuvieron, especialmente si lo hicieron por miedo. Deben demostrar que el compromiso colectivo con los derechos humanos sigue teniendo valor.
Samuel King es investigador del proyecto de investigación financiado por Horizonte Europa ENSURED: Shaping Cooperation for a World in Transition (Garantizar la cooperación para un mundo en transición) en Cvivicus: Alianza Mundial para la Participación Ciudadana.
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