Experta señala que la exposición corporal en verano puede ser fuente de tensión para los jóvenes por la presión estética
MADRID, 6 Ago. Agencias –
La psicóloga de Blua de Sanitas, Silvia Mérida Expósito, ha destacado que la exposición corporal propia del verano puede ser una fuente de tensión para algunos jóvenes por la presión estética existente, por lo que pueden tener «miedo a enseñar el cuerpo».
«En muchos jóvenes, la presión no aparece únicamente por el cuerpo que tienen, sino por la distancia que perciben entre su imagen y el ideal que creen que deberían alcanzar», ha explicado, para añadir que «las redes sociales muestran cuerpos muy seleccionados, con luz, postura, edición o incluso completamente fabricados, pero el cerebro los recibe como referencias reales, válidos y alcanzables, incluso cuando no lo son».
En este sentido, ha alertado de que «cuando esa comparación se repite, la autoestima puede quedar demasiado vinculada a cumplir un estándar físico». Así, y destacando la complejidad de esta etapa por ser en la que se están desarrollando las personas, ha afirmado que estas no solo piensan en cómo se ven, sino en cómo creen que serán observadas, fotografiadas o comparadas, lo que puede activar vergüenza, inseguridad y una necesidad de control que acaba condicionando.
Además, ha subrayado que el problema se agrava cuando la necesidad de modificar la apariencia se aborda desde dietas restrictivas o cambios bruscos de hábitos con el único objetivo de adelgazar modificar el peso o la apariencia antes del verano.
Al respecto, ha apuntado que reducir de forma drástica la ingesta, eliminar grupos de alimentos sin criterio profesional o compensar cada comida con ejercicio puede generar una sensación inicial de control, pero a medio plazo suele aumentar la ansiedad, la culpa al comer y la vigilancia constante sobre el cuerpo.
DETERIORO DE LA RELACIÓN CON LA COMIDA
«Cuando la alimentación se organiza desde el castigo o desde la urgencia por cambiar el cuerpo, la mente empieza a funcionar en modo vigilancia», ha insistido, tras lo que ha afirmado que «la persona calcula, se compara, se prohíbe y se culpa». Ese patrón «muchas veces deteriora la relación con la comida y hace que el cuerpo se viva como un problema que hay que corregir todo el tiempo», lamenta.
Ante todo ello, Mérida Expósito recomienda revisar qué referentes se están consumiendo, diferenciar salud de urgencia estética, reducir las comprobaciones corporales, evitar conversaciones centradas en peso o talla, recuperar el sentido del plan que se va a llevar a cabo y pedir ayuda si la evitación aumenta.
«Sentirse incómodo con alguna parte del cuerpo es frecuente, pero cuando esa preocupación empieza a decidir por la persona, hay que prestarle atención», ha declarado, para añadir que «el objetivo no es obligarse a gustarse todo el tiempo, sino recuperar libertad para participar en la vida sin que la imagen corporal marque cada elección». «La autoestima no puede depender solo de si el cuerpo encaja o no con un ideal que, muchas veces, ni siquiera es realista», ha finalizado.
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