¿Cuándo el ejercicio deja de ser saludable? Un estudio aclara qué es (y qué no) la adicción al entrenamiento
MADRID, 1 Ago. –
Un estudio internacional ha concluido que dedicarse en cuerpo y alma al gimnasio o al entrenamiento regular no convierte automáticamente en un adicto y frena el alarmismo sobre la llamada «adicción al ejercicio», que reconoce que es un problema real pero que afecta de forma importante sólo a un pequeño grupo de personas.
Con el auge de la cultura del fitness y la creciente tendencia de no tomarse ni un solo día libre, nuevas investigaciones están desafiando las ideas preconcebidas sobre la «adicción al ejercicio», descubriendo que el problema es real, pero a menudo se malinterpreta y se exagera.
El estudio, publicado en el ‘Journal of Behavioral Addictions’, muestra que la adicción al ejercicio se caracteriza por una pérdida de control, donde las personas continúan entrenando a pesar de una lesión o enfermedad, o a expensas del trabajo, las relaciones y la vida cotidiana, lo que conlleva daños físicos, angustia emocional y tensiones en las relaciones.
El profesor Zsolt Demetrovics, experto en conductas adictivas de la Universidad de Flinders (Australia), advierte contra esto. «Cifras ampliamente citadas sugieren que hasta el 42% de algunas poblaciones que hacen ejercicio corren el riesgo de ser etiquetadas como adictas al ejercicio«, afirma.
«Si bien las herramientas de detección pueden indicar un posible riesgo, no pueden diagnosticar la adicción al ejercicio, lo que significa que a menudo se difumina la línea entre el daño real y el compromiso saludable», añade el coautor del estudio, el profesor de psicología Attila Szabo, de la Universidad Széchenyi István, de Hungría.
«Como resultado, los atletas muy motivados y las personas que hacen ejercicio con regularidad pueden ser mal clasificados, pero es importante diferenciar que estar dedicado al ejercicio físico no es lo mismo que una adicción», puntualiza.
El estudio destaca que la pasión, la disciplina y las altas cargas de entrenamiento, especialmente entre los atletas, suelen ser positivas en lugar de problemáticas. «La diferencia clave radica en si el ejercicio es una elección o algo que una persona se siente obligada a hacerlo», aclara el profesor Demetrovics.
«Los factores subyacentes suelen ser más complejos que los propios entrenamientos, ya que las presiones sociales en torno a la imagen corporal y el rendimiento, junto con problemas de salud mental como la ansiedad y la depresión, desempeñan un papel importante –prosigue–.
En muchos casos, el ejercicio excesivo está relacionado con problemas más profundos, como trastornos alimentarios u otros comportamientos compulsivos».
Para mayor confusión, la ‘adicción al ejercicio’ no está reconocida actualmente como un diagnóstico médico formal. Existen más de 30 herramientas de evaluación diferentes, sin un consenso claro, lo que dificulta definir, medir o identificar los casos de manera consistente.
«Esto ha dado lugar a estimaciones infladas y a una tendencia a patologizar el ejercicio normal y saludable«, afirma el profesor Demetrovics.
Los autores doctora Bhavya Chhabra, de la Universidad ELTE Eötvös Loránd (Hungría), y el profesor Szabo, afirman que existen claras señales de alerta cuando se realiza ejercicio en exceso hasta el punto de que una persona pierde el control.
«Hacer ejercicio a pesar del dolor o las lesiones, sentir ansiedad o culpa al faltar a las sesiones, o priorizar constantemente el entrenamiento sobre el descanso, las relaciones o las responsabilidades son señales de que el ejercicio puede estar pasando de ser algo placentero a algo compulsivo», subraya el Szabo.
«Nuestro mensaje no es hacer menos ejercicio –precisa–, sino hacerlo de forma más inteligente, incluyendo días de descanso y recuperación, centrándonos en el bienestar general en lugar de la apariencia o el rendimiento, y buscando apoyo cuanto antes si el ejercicio empieza a sentirse como una obligación en lugar de una elección».
El estudio, en el que han participado investigadores de Australia, Hungría y Reino Unido, también subraya la necesidad de una mayor concienciación entre los profesionales de la salud, los entrenadores y la comunidad en general, junto con pruebas más sólidas, en particular investigaciones clínicas y a largo plazo, para comprender mejor cuándo el ejercicio cruza la línea.
«En una cultura que valora el esfuerzo constante, más no siempre es mejor, y mantenerse sano implica saber cuándo retroceder y cuándo seguir adelante», concluye el profesor Demetrovics.
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